Germán Lambrisca estuvo a cargo de la mítica confitería Grand Prix, de Tabacs, y ahora es dueño de Tío Lucas.
Germán Lambrisca estuvo a cargo de la mítica confitería Grand Prix, de Tabacs, y ahora es dueño de Tío Lucas.
RECONOCIDO EMPRESARIO GASTRONÓMICO DE NUESTRA CIUDAD

Germán Lambrisca: “No sé si Tío Lucas es un clásico, pero tenemos 25 años de trayectoria”

Siguió el legado de su padre en la mítica confitería Grand Prix, que luego fue Tabac’s y, finalmente, la pizzería ya tradicional del centro juninense. Además, está desarrollando una destacada labor como presidente del Club Argentino.

Germán Lambrisca es un personaje del centro. Siempre vivió allí, en los alrededores de la calle Sáenz Peña, y en esa misma arteria, la más comercial de Junín, se crió entre mesas de bares y de pooles.
Cuando se vino a vivir a nuestra ciudad siendo prácticamente un bebé, hace más de cincuenta años, su padre era dueño del tradicional café Los Mandarines y un tiempo después adquirió el mítico Grand Prix, donde hoy se encuentra la pizzería Tío Lucas. Allí pasó su infancia y adolescencia.
Años después, siguiendo esa tradición, siguió vinculado a la gastronomía y al centro, y estuvo al frente de Tabac’s primero, y de Tío Lucas después, un lugar que ya también se convirtió en un clásico en Junín.
Los últimos doce años también los dedicó a su querido Club Argentino. Como presidente de la institución de Las Morochas hizo un trabajo encomiable y hoy, a poco de dejar esa tarea, hace un balance de lo realizado.

“Con gestión y con algunos resultados, pudimos acomodar el club”.

Aquellos años...
Cuando se separaron comercialmente, el tío de Lambrisca se quedó con Los Mandarines y su padre con Grand Prix.
Germán egresó del secundario del Colegio Marianista y se fue a Buenos Aires a estudiar Análisis de Sistemas, pero al poco tiempo regresó porque no pudo adaptarse, y empezó a trabajar con su padre.
“Grand Prix era un bar temático –recuerda–, estaba muy relacionado con el automovilismo y así estaba decorado cuando lo compró mi viejo: tenía un reloj que era un volante, el techo de la barra era una bandera a cuadros, las luces eran pistones, en lugar de cuadros estaban todas las banderas que se usan en las carreras, había un poster gigante de una carrera de Fórmula Uno Nacional. Creo que eso venía de la vieja pasión por el TC y porque enfrente antes estaba la sede del Automoto”.
La confitería tuvo un momento de gran esplendor y se llenaba principalmente de jóvenes, que se pasaban horas y horas tomando algo y jugando al pool.
Más allá de los vaivenes económicos, padre e hijo pudieron sostenerla hasta que se hizo demasiado difícil. En 1990 cerró durante cuatro meses, la remodelaron y reabrieron como Tabac’s.
“Se le dio otra onda y funcionó bien como bar y confitería”, cuenta Lambrisca. EL proyecto duró algunos años hasta que supo que había que dar un nuevo giro. Así fue como abrió la pizzería Tío Lucas.

Tío Lucas
Hace casi 25 años había muchos bares en el centro y la idea de una pizzería resultaba atractiva: “Gracias a Dios, enseguida tuvimos buenos resultados, fuimos mejorando y aprendiendo también, porque era un rubro diferente al que nosotros hacíamos antes”.
El negocio, que siempre mantuvo su esencia, con el tiempo se convirtió en un clásico del centro.
Con el ánimo de seguir emprendiendo, cuando se desocupó el local lindero, abrió una heladería. “Ahí no conocía nada del rubro –admite–, con un chico que era lavacopas mío fuimos a hacer un curso a Buenos Aires y nos largamos con un helado artesanal que, para mí, es muy bueno”.
Más allá de los vaivenes económicos, siempre siguió adelante: “Nunca pensé en cerrar porque esto es lo mío, es lo que sé hacer y es lo único que tengo. Hay momentos difíciles, pero hay que seguir adelante”.

“Es bueno que llegue gente nueva, con otras ideas, renovadas”.

Argentino
Ya de chico solía ir a ver los partidos de básquet en Argentino. Y aunque solo jugó allí un par de años, siempre mantuvo la relación de cariño y cercanía con la institución.
“He seguido al club a Necochea, Mar del Plata, San Nicolás, cuando jugaban Joseph Garret y Robert Guyton, el cabezón Marchesse, Tito Biurrun, el Pacha Taró –evoca–, en esa época los americanos comían en Grand Prix. Fui participando hasta que un día terminé de presidente”.
Si bien no era ese un objetivo para él, lo cierto es que lo tomó con responsabilidad.
Asumió en una época muy difícil, después de la campaña en la que se había invertido muchos recursos en armar un equipo para salir campeón y el equipo terminó descendiendo.
Entonces se trazaron objetivos: ordenar el club, después sostenerlo y, más adelante, intentar crecer en lo deportivo.
“Se nos fueron dando algunas situaciones, fuimos demostrando gestión y con algunos resultados deportivos, pudimos acomodarlo”, dice Lambrisca.
El equipo ascendió a la Liga Nacional, volvió a descender y luego subió nuevamente, para ya no volver a dejar la máxima categoría.
Hoy Lambrisca cree que cumplió un ciclo así que en poco tiempo habrá una nueva comisión pero ya no con él como presidente, aunque sí seguirá trabajando desde otro lado. “Es bueno que llegue gente nueva, con otras ideas, renovadas, y eso es sano para la institución”, afirma.

“Nunca pensé en cerrar porque esto es lo mío, es lo que sé hacer y es lo único que tengo. Hay momentos difíciles, pero hay que seguir adelante”.

Balance
Al momento de hacer un balance, Lambrisca cree que su constancia hizo que lograra sostenerse tantos años: “Soy bastante estable: hay un muchacho que tiene 55 años y trabaja con mi familia desde los 14, hay un mozo de 38 años de antigüedad, hay otro que lleva quince años, otro veinte. Trato de mantener el personal”.
Y cuando se le pregunta si ya es un clásico en Sáenz Peña, responde: “No sé si Tío Lucas es un clásico, pero ya tenemos 25 años de trayectoria”.

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