Tras el asesinato de la docente Ana Carina Simeón, diferentes agrupaciones de nuestra ciudad marcharon el viernes para exigir
Tras el asesinato de la docente Ana Carina Simeón, diferentes agrupaciones de nuestra ciudad marcharon el viernes para exigir "basta de femicidios".
UNA PROBLEMÁTICA QUE NO DA TREGUA

El avance social de la mujer como una de las causas detrás de los femicidios

Estudiosos en la materia observan que el posicionamiento femenino en la sociedad hace reaccionar al hombre al ver tocada su virilidad. A esto se le agrega la falta de frenos inhibitorios, y el cada vez más fácil pasaje al acto. En la Comisaría de la Mujer afirman que podría aumentar la cantidad de denuncias en los próximos meses. Preocupa la naturalización de conductas agresivas, principalmente en los adolescentes.

El femicidio de Carina Simeón, ocurrido esta semana, puso otra vez en el centro de la escena el drama de la violencia de género, una problemática que no da tregua y que, al mismo tiempo, se naturalizó hasta volverse moneda corriente en nuestra comunidad. Tanto es así que el tema reaparece con fuerza cuando ocurren hechos gravísimos, como el acontecido el miércoles último, mientras pasan sin mayor repercusión los reiterados eventos que día a día son denunciados por mujeres en Junín.
Detrás de hechos de estas características se esconden razones profundas y complejas. Ailicia Iacuzzi, licenciada en psicología y psicoanalista, con una basta experiencia en el tema, entiende que esta “es una problemática comunitaria”, y en su análisis, pone el foco en lo que les pasa a los hombres de hoy: “La mujer fue teniendo otro lugar en la cultura, se fue posicionando de otra manera en la sociedad y esto, de alguna manera, ha tocado el machismo y la virilidad, los varones se han sentido más pasivizados y por eso reaccionan”.
De acuerdo a su observación, la mujer “es más introvertida”, y eso se puede ver, por ejemplo, en que “cuando es dejada sufre para adentro, es raro que lo pase al acto”, mientras que el hombre, en cambio, “tiende a desplegar la agresión para afuera y, en lo posible, a la destinataria de su malestar”.
Por supuesto que más allá de los aspectos socioculturales, están las cuestiones individuales. Y en ese sentido, Iacuzzi toma esta realidad como “un trastorno del apego” para el hombre: “En este caso, el varón se siente seguro cuando es elegido por una mujer y es él el que determina cuándo se termina una relación, y cuando la codependencia es cortada por la mujer, ahí aparece la reacción”.
A esto se le agrega la falta de represiones y el cada vez más fácil pasaje al acto que se advierte cotidianamente. “Eso se ve en todo, hasta en que, ante un problema de tránsito, se termina a las trompadas”, ejemplifica Iacuzzi, para luego señalar que en muchos casos no hay frenos inhibitorios. “Ahora hay una agresión muy fácil y disponible como para ser actuada”, añade.
La psicóloga, que acaba de regresar de un congreso sobre esta temática que se desarrolló en Lima, remarca que “la Organización Mundial de la Salud consideró a los femicidios y feminicidios como una pandemia, es decir, una enfermedad de todos, en la que nadie puede mirar para otro lado porque todos estamos involucrados”.
La diferenciación entre femicidios y feminicidios que hace Iacuzzi se explica en que el primer término corresponde al hecho de matar a alguien solo por su condición de mujer, mientras que el segundo involucra a “otros trastornos de vínculos que no entran dentro del final siniestro de la muerte, que puede ser la dificultad de interactuar con una mujer, y la conflictiva que surge a partir de esa dificultad” y eso es lo que ella llama feminicidio, “que abarcaría todos los tipos de agresiones, psicológicas, simbólicas y físicas en desmedro de la mujer”.

Podrían aumentar las denuncias
Las autoridades locales no están autorizadas a difundir las estadísticas oficiales, aunque se supone que hay un importante aumento interanual de los casos de violencia de género y que en lo que va de 2018 ya se produjeron alrededor de un centenar de hechos (ver recuadro de página 3).
Si esto fuera, efectivamente, así, hay que decir que el panorama no es alentador, puesto que de cara a fin de año se espera un incremento en la cantidad de denuncias.
“En invierno suelen bajar las denuncias y, generalmente, en las épocas de más calor vuelve a subir porque hay agravantes para estos hechos, como el consumo de alcohol y de drogas que, a una persona con una conducta violenta, la ponen peor. Es probable que de aquí a fin de año tengamos un aumento en las denuncias porque en el verano hay más desinhibición y se consume más”, explica la doctora Lía Bilotta, abogada de la Comisaría de la Mujer y de la Familia.
Esta es, en general, la dinámica de esta comisaría. La cantidad de presentaciones de víctimas baja en los períodos de comienzo de clases y en invierno, mientras que “en el verano y en el período de vacaciones, explota”.

Dispositivo
Los referentes de la Comisaría de la Mujer hacen hincapié en la importancia que tiene hacer las denuncias, porque eso activa un dispositivo de atención y prevención para las víctimas.
Cuando una persona entra a la delegación de Alsina 166 es atendida por un oficial de guardia, a quien solamente le contará, muy sucintamente, qué le pasó. Inmediatamente, pasa a ser atendida por el equipo interdisciplinario en el que está la doctora Bilotta, la trabajadora social Carolina Cañete y la licenciada en psicología Natalia Zazo, quienes la asisten, la asesoran, la apoyan y la contienen. Una vez superada esa instancia sí se le toma la denuncia formal.
“De acuerdo a lo que nos plantea la víctima, trabajamos en red con otras instituciones –explica Bilotta– especialmente con el municipio, el Servicio Local, la fiscalía, para poder empoderar a esa mujer y que pueda sostener el proceso que se desencadena con esa denuncia. Porque después de esa presentación en la comisaría deberá acercarse al Juzgado de Familia, si hay lesiones tiene que ser revisada por el cuerpo médico, lo que implica un proceso largo”.
Si bien la denuncia puede ser formulada por cualquier persona, inclusive un tercero que sepa de una situación de violencia, en la gran mayoría de los casos son hechas por la propia víctima.
El subcomisario Sebastián Díaz, que está a cargo de la Comisaría de la Mujer de Junín, agrega que su personal también interviene cuando toma conocimiento de un hecho: “Aun cuando salga en un medio de comunicación y no haya denuncia formal, nosotros debemos actuar, entonces buscamos a la víctima, la asesoramos, la asistimos y vemos si está en condiciones de radicar la denuncia, porque a veces no quiere”.

Naturalización y adolescencia
Díaz asegura que radicar la denuncia y manifestar la situación de violencia configura “un paso importantísimo” para la mujer.
Esa importancia está dada porque actualmente se advierte que hay una marcada naturalización de conductas agresivas. “Hay mujeres que han pasado por situaciones muy graves de violencia –comenta Bilotta– y cuando eso sucede, es porque antes hubo otros episodios previos más sutiles, con conductas de un hombre que lamentablemente están socialmente aceptadas. Entonces no se reconocen como víctimas, hasta que le pasa un hecho grave. ‘Es loco’, ‘es especial’, ‘mi padre era igual’, son respuestas que dan cuenta de que hay conductas naturalizadas y que no se percibe como violencia el control, los celos, las prohibiciones de salir y demás”.
Lo preocupante para las personas que trabajan en esta temática es que esta naturalización se observa muy claramente entre los adolescentes. “Para ellos es normal que se insulten, se denigren, y cuando vamos a dar charlas a las escuelas ven lo que les decimos como algo equivocado o como una exageración, por eso cuesta verlo como un problema”, sostiene Díaz.
Es por ello que hay pocas denuncias de adolescentes en la Comisaría de la Mujer. Y cuando esto sucede, normalmente llegan a través de la escuela o de los padres. “Es muy difícil que un adolescente venga a exponer un tema así por su cuenta”, afirman.

Un tema transversal
Los especialistas en esta materia aseguran que esta realidad se da de manera transversal en la comunidad, es decir que no se circunscribe a una clase social, ni un decil económico, ni una ni una franja etaria.
Sí se advierte que la gente de sectores más vulnerables es la más decidida: “Vienen a hacer la denuncia y lo hacen las veces que sean necesarias”. En cambio, las personas que tienen otros recursos económicos, intelectuales y culturales, los que podrían encuadrarse dentro de la clase media, “no vienen tanto, lo que no quiere decir que no se den estas situaciones en ese ámbito, ya que allí la situación es la misma, solamente que es más solapada por una cuestión social, o lo esconden, o lo pueden resolver de otra manera a partir de los medios económicos que disponen”. Esto quiere decir que se presentan directamente en un juzgado o apelan a un abogado particular; y si llegan a la comisaría, suelen hacerlo con el acompañamiento o por la derivación del profesional.
Es por ello que la Comisaría de la Mujer funciona, en los hechos, como el lugar donde suelen acudir los sectores de menos recursos, quienes sienten esta dependencia como propia.

La importancia de la prevención
Respecto de la violencia de género, Bilotta pone énfasis en que es una problemática que está siendo abordada por todas las instituciones, no solamente por la Comisaría de la Mujer, sino también por las otras entidades que conforman la Mesa Local de Violencia, como el Ministerio Público Fiscal, el municipio, Servicio Local, algunas ONG. “Trabajamos en la prevención en forma permanente, No obstante, cuesta mucho porque es una problemática social, cultural, y los cambios llevan tiempo”, puntualiza.
Según dice, “a veces uno siente frustración, cuando pasan hechos tan terribles como el de esta semana el personal siente el golpe, lo mismo cuando asistimos a las víctimas y al otro día las vemos de la mano de su victimario”, pero entienden que todo es parte del proceso: “Respiramos hondo, tenemos empatía con la víctima y seguimos adelante”.
Por su parte, Díaz coincide en que no es una temática fácil, por lo que “el personal está continuamente trabajando y dan lo mejor de sí para que la víctima tenga la mejor asistencia y contención como para que, al menos, sienta que tiene un lugar donde puede ir”. Y, en ese marco, concluye: “Nadie mejor que el personal de esta Comisaría y de todas las instituciones que trabajan en esto para entender el calvario que sufre y el dolor que tiene una víctima de violencia”.

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