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LA TRAGEDIA EN ITALIA

Ezequiel Stella, otro juninense cerca del terremoto: “Con cada temblor pensamos que vuelve a empezar

El futbolista de nuestra ciudad vive en Chieti, a 50 kilómetros del epicentro del sismo que ya dejó casi 300 muertos. En diálogo con DEMOCRACIA, cuenta cómo cambiaron los hábitos y habla sobre la incertidumbre y el miedo cotidianos.

En el baúl del auto del futbolista juninense Ezequiel Stella no hay más lugar. Unas frazadas, agua y alimentos para vivir algunos días copan todo el espacio. La precaución es por si deben abandonar su casa. El miedo es que alguno de los más de 200 temblores que sufren cada día se convierta en el terremoto que dejó centenares de víctimas en L´Aquila, a sólo 50 kilómetros de donde vive.
Y ese temor, a seis días del sismo, es el que hoy marca cada jornada de Stella, que juega en Chieti, y su familia. “Con cada temblor pensamos que todo vuelve a empezar”, revela en diálogo con DEMOCRACIA desde Italia.
“Es muy difícil dormir y eso le pasa a todos. Lo que pasó fue terrible y nadie se lo puede sacar de la cabeza”, cuenta.
Todo comenzó el día del terremoto más fuerte. “Era la madrugada y yo estaba viendo una película mientras mi hija y mi mujer dormían. Sentí un ruido fuerte y pensé que era sólo un viento, hasta que empecé a sentir que me temblaban las piernas. Miré las lámparas y no dejaban de moverse”, relata.
La sensación de que algo más grave pasaba la tuvo cuando miró por la ventana y notó cómo se balanceaba el edificio. En ese momento, tomó a su hija Martina –que en los próximos días cumple dos años– y, junto con su mujer Tiziana se escudó debajo del marco de una puerta.
“Habíamos tenido algunos temblores en días anteriores, pero no duraban más de 10 segundos. Estos fueron 30 segundos interminables”, recuerda. Cuando lo peor pasó prendieron la televisión, que tardó un tiempo en dar cuenta de la magnitud de la tragedia.
Ese día, en Chieti, hubo tres evacuaciones y dos de las principales iglesias sufrieron el resquebrajo de sus cúpulas. Pero lo peor pasó la segunda noche.
“Cuando empezamos a sentir los temblores más fuertes salimos de la casa porque ya habíamos visto lo que podía suceder a través de los medios. Dormimos en el auto y desde ese momento tenemos todo preparado por si tenemos que abandonar la casa”, revela.
“Hay más de 200 movimientos por día y tenés la sensación de que nunca estás en suelo firme. Es difícil retomar la rutina de los entrenamientos, por ejemplo, porque nadie duerme bien y estamos todos con la cabeza en otro lado”, agrega.

Impotencia

La seguridad de los seres queridos se convierte, en ese contexto, en lo más importante. “El movimiento de la tierra te hace sentir muy impotente, como que no hay nada que puedas hacer. Por eso pensás en proteger a los tuyos y lo material o tu casa no te importa nada”, explica.
Del otro lado de la línea telefónica Stella parece tranquilo y lo único que interrumpe la conversación es un ruido persistente. “Son helicópteros. Están dando vueltas todo el día porque muchos de los evacuados llegan acá”, relata.
“Dicen que las consecuencias las vamos a sentir cuatro o cinco meses más. Va ser muy difícil”, termina.

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