Aún no se conoce el efecto o modificaciones que pueda general este exceso de conectividad en las personas.
Aún no se conoce el efecto o modificaciones que pueda general este exceso de conectividad en las personas.
USO Y ABUSO DE INTERNET

Eclipsados por la inmediatez y el bombardeo de información de las redes

Grandes y chicos se rinden a este fenómeno que ya lleva muchos años de vigencia y que solo se expande y toca cada aspecto de la vida cotidiana. Aún se desconoce el efecto que pueda significar a futuro para el aparato psíquico.

Alrededor de cinco horas por día. Ese es el tiempo que de un modo u otro pasamos conectados, mientras nos pasan muchas otras cosas. A veces las vemos, a veces no.
Móvil, tablet, computadora, son los dispositivos que nos permiten hoy ser uno de los países que refleja uno de los índices más altos de conexión a internet.
Sin dudas, los avances tecnológicos impactan y eclipsan a todos, pero hay un margen de peligrosidad planteado por el abuso que no siempre es fácil de avistar y en muchos casos cuando se hace, se pasa por alto.
Pero no solo repercute en la vida social y actividades cotidianas modificando una determinada personalidad sino que también infiere en la salud, en algunos efectos negativos en la visa al hacer uso excesivo de las atractivas pantallas y del mismo modo, lesiones o problemas musculares y posturales. Un combo de consecuencias que será necesario rever para no quedar atrapados en el largo plazo.

Zapping comunicacional
La psicóloga Raquel Petraglia destaca lo significativo de los adelantos tecnológicos que hoy nos sobrepasan y no los considera a priori como algo nocivo, aunque sí le resulta llamativo “
el uso y abuso que se le da a esa forma de comunicación y que creo que va en desmedro de otras maneras de comunicarse, más enriquecedoras, más reales que son las formas de conectar cara a cara”.
Según la profesional, hay muchos puntos para destacar sobre su influencia en nuestras vidas.
“No sabemos todavía cómo influye en la estructuración del aparato psíquico. La comunicación es veloz, demasiado veloz y es abundante la información, entonces, lo que se evita, es un tiempo de elaboración de esa información. O sea, estamos bombardeados de información nueva continuamente, de forma muy rápida que no da tiempo a pararse a pensar, es como un zapping”.
Asimismo, destaca el predominio de la imagen por sobre todo. “Esto también provoca un cambio ya que es, muchas veces, una imagen fragmentada y veloz. Influye en la forma del pensamiento, porque al no tener elaboración de pensamiento, de lo que estás escuchando, transmitiendo, va disminuyendo la capacidad de pensamiento”.

Adicción y compulsión
La cuestión que activa las alarmas cuando hablamos de “vivir conectados”, tiene que ver con un comportamiento adictivo y compulsivo, no solo en chicos y adolescentes sino en adultos también.
“Hay chicos que se quejan de que los padres no hablan en la mesa porque están todo el tiempo con el teléfono. Pasas por un bar, un restaurant y ves a la gente que no habla entre sí, cada uno está con su teléfono. Están hiperconectados pero desconectados entre sí. Esa sería la parte perjudicial y hasta peligrosa del uso y abuso, o mal uso de la tecnología, entre otras cosas”.
Pero ¿qué lleva a una persona a que su vida se centre en lo que ve a través de su celular?
“Un celular te ofrece cada vez más cosas y resulta fascinante, atrapante”, explica la profesional.
El problema se da en personas “con personalidad adictiva que son poco elaborativas, poco pensantes, con carencias de otro tipo que se aferran a esto de una forma adictiva. Igual que los chicos tomando alcohol hasta desnucarse. Hay personalidades que tienen mayor tendencia a la adicción y otras no. Depende de la subjetividad, pero sí hay una cuestión social y de la época de las características de cada época, y en este momento el furor es la conexión a través de redes sociales”.

Cierta “impunidad”
Sabido es que a través de internet uno puede manifestarse y decir cosas que tal vez no se anima a decir personalmente. Eso es algo que cotidianamente se percibe en redes sociales, no solo en muestras de violencia, también en muestras de afecto.
“Esto encubre una cuestión fóbica al contacto directo, que lo ves más reflejado en los adolescentes”, adelanta Petraglia.
“Muchas veces, como decía una colega, los adolescentes son sobrios a través de las redes y cuando están juntos tienen que estar tomando en previas, boliches. Una fobia al contacto o inseguridades, temores a no ser querido, aceptado, reconocido, se evitan con esas características de contactos: palabras abreviadas, sueltas, no es una conversación profunda”.
Incluso, “la forma de agredirse y de establecer relaciones amorosas, muchos adultos tienen relaciones virtuales, sexo virtual o relaciones afectivas virtuales. Cualquier contacto entre amistad, pareja, relación laboral siempre es un riesgo. Riesgo de que el otro no te acepte, no te quiera, uno se lanza a ese riesgo porque las ventajas si resulta, son bárbaras, es negocio. Pero esos riesgos cuestan, hay personas a las que les cuesta muchísimo arriesgarse a un vínculo, entonces esto les da posibilidades a conectarse sin pasar por esa cuestión del contacto directo”.
Sin dudas hay muchas otras cuestiones para analizar, no menores, como la alarmante posibilidad de libre acceso que muchos adultos, extraños, tienen para con los menores en las redes sociales y que suponen una problemática mayor y de aristas delicadas, especialmente cuando hay poco control parental.
Del mismo modo, otra característica de la época es la cuestión narcisista y la exposición a través de la imagen, con la que la gente exhibe su vida minuto a minuto.

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