Una reflexión de pediatra
TRIBUNA DEL LECTOR

Una reflexión de pediatra

Hace ya mucho tiempo, cuando era un joven residente de pediatría en el Hospital Garrahan, me tocó no una, sino muchas veces atender a chicos en situación de calle.
La mayoría de las veces eran traídos por la Policía.  Los rescataban en el contexto de alguna situación de violencia o drogas. No puedo olvidar una niña en especial. Tenía 11 años. Vino muy golpeada y abusada sexualmente.  Ella " vivía" en la Plaza Constitución. Abría puertas de taxis, vendía estampitas y se arreglaba como podía. 
Era un invierno muy frío cuando llegó al sector que yo tenía asignado. Mirada vacía fija en el piso. Yo intentaba llegar a ella, pero era muy difícil. Estaba quebrada. Pasaban los días y su cuerpo comenzó a sanar. Sus enfermedades de transmisión sexual se resolvieron. Muy de a poco comenzó a sostener la mirada y sonreír tímidamente.
Un día empezó a hablar. Las palabras se atropellaban en su boca. Precisaba contar su historia y llorar. Y todavía hoy me martilla en la cabeza una frase que me dijo. "¿Sabe doctor por qué me voy con los viejos que me vienen a buscar y me llevan a sus casas? Porque ese día voy a comer y seguro me voy a poder bañar y dormir en una cama. Entonces no me importa lo que me hagan".
No importa el color del partido gobernante. Nada cambió. Esa niñez vulnerada, esos cuerpitos flacos que escarban basura o "molestan" pidiendo una moneda existen. Esa deuda interna impaga, generación tras generación. 
Hoy parece que con lo de la chiquita Maia los medios y mucha gente descubrieron la marginalidad y la vulnerabilidad de nuestros niños. 
Fijate cuánto tiempo dura la noticia y, lo que es peor, qué hacemos para que esta tragedia humanitaria termine. Inmunda sociedad hipócrita. No es un posteo político. Es solo una reflexión de pediatra viejo.

Daniel Casati
Publicado en su cuenta de la red social Facebook. 

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