Mauricio Macri centrará su campaña electoral esquivando referirse a los temas económicos, que empeoraron durante su gestión de gobierno.
Mauricio Macri centrará su campaña electoral esquivando referirse a los temas económicos, que empeoraron durante su gestión de gobierno.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Entre los tribunales y la economía, la grieta amenaza con dominar el año electoral

La causa de los cuadernos está nuevamente en el centro de la escena y el Gobierno le saca rédito, pero mientras tanto, la oposición machaca sobre las penurias económicas.

¿Qué es más importante para los argentinos? ¿Qué la economía funcione bien, o que los gobernantes de turno no sean corruptos? ¿Las dos cosas, o solamente una de ellas? Sobre estas preguntas y algunas otras, derivadas de esa supuesta contraposición, giran todas las especulaciones de este 2019 electoral, que va tomando cuerpo si se observan con detenimiento las decisiones del Gobierno y la creciente actividad opositora.
Las últimas encuestas dan cuenta de la importancia de los temas económicos. Según Poliarquía, el 69% de los argentinos refiere problemas de ese orden, mientras que un sondeo de Query Argentina -la encuestadora de Gustavo Marangoni ex presidente del Bapro durante la gestión Scioli- realizado en la provincia de Buenos Aires, indica que el 67% de los consultados afirma que definirá su voto en función de la economía, mientras que un 22% lo hará teniendo en cuenta temas como la corrupción y la inseguridad.
El mismo sondeo muestra que si la ex presidenta no obtiene una ventaja importante en la Provincia, donde Macri no está bien ponderado, perderá la elección nacional. En las grandes ciudades del interior no es aclamada.
A Cristina ya le pasó en 2017: montó su campaña para senadora nacional en base a los efectos negativos del programa económico de Cambiemos sobre la mayoría de los bonaerenses, pero con eso no le alcanzó. Compitió en lo formal contra Esteban Bullrich, pero en el plano de lo simbólico lo hico contra María Eugenia Vidal. La Gobernadora se puso aquella campaña al hombro y machacó la consigna de “la lucha contra las mafias”. Le dio resultado.
Aun así, Cambiemos ganó con lo justo en la Provincia. La encuesta de marras sostiene que Vidal será reelegida –contra cualquier candidato que ponga el peronismo- pero sólo si la medición se realiza en un “mano a mano” entre la Gobernadora y sus posibles contendientes, como Axel Kicillof o Martín Insaurralde. Diferente sería la situación si se calculara el techo electoral que Macri le pone a Vidal, ya que el Presidente irá a la cabeza de la boleta oficialista.

Núcleo duro
Cambiemos tiene un núcleo duro de votantes que está dispuesto a acompañar a Macri aun si la economía no mejora en efectos prácticos. Esa fidelidad se basa en la aversión que ese sector de la sociedad siente por el kirchnerismo, pero difícilmente pueda ser ampliada si no hay buenas noticias económicas. En cambio, si los bolsillos tomaran un respiro, el 35% de los que no votan a Macri podrían replanteárselo. Por ahí pasa una parte de la estrategia electoral del oficialismo, que necesita tiempo para que los motores de la economía vuelvan a encenderse, sobre la base del “veranito” del dólar estable y de un escenario financiero internacional menos hostil al que se registró en 2018. La propuesta de un grupo de intendentes del PRO bonaerense para eliminar las PASO de agosto iría en esa línea, así como también les daría la lapicera para armar las listas y bloquear a rivales internos.
Pero la iniciativa no parece viable: la propia alianza gubernamental necesita de esa herramienta para dirimir candidaturas importantes como las que llevará para las gobernaciones de Córdoba y La Pampa. Al tiempo que difícilmente encuentre aliados en el Congreso para derogar esa ley nacional porque Alternativa Federal también se encamina a elegir a sus candidatos de esa manera. Salvo que se imponga la idea unificadora de Roberto Lavagna y se bajen todos los demás.
El ex ministro de Economía confirmó días atrás, por primera vez, que analiza la posibilidad de competir por la Presidencia. Y anticipó que tomará una decisión definitiva hacia junio. Aunque Lavagna choca con la persistencia de Sergio Massa, la voluntad de Juan Manuel Urtubey y sobre todo, la indefinición de Cristina Kirchner, cuyo renunciamiento sería necesario para armar una propuesta de “unidad nacional”. En definitiva, una idea más teórica que práctica.
La ex presidenta está mucho más preocupada por su situación judicial y la de sus hijos Máximo y Florencia, que por el armado electoral. El avance de la causa de los cuadernos es ostensible: el contador histórico de la familia Kirchner, Víctor Manzanares, hizo un acuerdo con el fiscal Carlos Stornelli para que se lo considere un “arrepentido”. En la misma situación se encuentra Carolina Pochetti, viuda de Daniel Muñoz, ex secretario privado de Néstor Kirchner.

Embarrar la cancha
Ambos testimonios son determinantes para saber a dónde se dirigió el dinero de las coimas que pagaron empresarios a funcionarios kirchneristas. En Santa Cruz hacen notar que tanto Pochetti como Manzanares “dispararon hacia los costados” –involucraron al juez federal Luis Rodríguez y al ex magistrado Norberto Oyarbide- pero no afirmaron ante los investigadores que la familia Kirchner estuviera en control de esas sumas varias veces millonarias.
El kirchnerismo festejó en las últimas horas, además, la acusación de extorsión que recayó sobre el fiscal Stornelli, presuntamente para no involucrar a un productor agropecuario en la causa, a través de un intermediario que alardeó contactos judiciales y políticos de primer nivel. El abogado Marcelo D´Alessio también habló del periodista Daniel Santoro, pero éste rechazó la acusación y afirmó que se trata de una maniobra del kirchnerismo para embarrar la cancha.
La misma línea siguió el fiscal Stornelli aunque la denuncia del empresario Marcelo Etchebest ya está en manos del juez federal de Dolores Alejo Ramos Padilla, a quien la diputada Elisa Carrió consideró cercano a La Cámpora. Hasta el “arrepentido” Leonardo Fariña salió a negar contactos con Etchebest.
Aunque sospechados y discutidos, los vaivenes de la causa de los cuadernos -tal vez la investigación más importante sobre la corrupción en la historia argentina- serán utilizados como insumo para la campaña electoral en ciernes. El propio Macri acaba de presentarse junto a Vidal y al alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta –el tridente del PRO- en la inauguración de una obra de saneamiento que, reivindicó, no aparece “en ningún cuaderno”.
El Gobierno podría aprovechar, en los próximos meses, un golpe de efecto político-judicial: la recuperación de unos 45 millones de dólares que figuran a nombre del ex secretario Muñoz en los Estados Unidos y varios paraísos fiscales, para corporizar el popular eslogan “que devuelvan lo robado”. De hecho, ya hubo un ejemplo pequeño: Martín Báez fue trasladado a prisión en una camioneta incautada a la empresa constructora de su padre Lázaro Báez.
Entre los tribunales y la economía se reparte por estos días la agenda pública. Eso provoca un embudo que polariza el debate entre macristas y kirchneristas, pese a que sus líderes son actualmente los dirigentes con mayor imagen negativa entre los principales dirigentes del país. Ambos buscan revertirlo: Macri apela a una sensibilidad inusual y Cristina permanece en silencio. Con poco y nada les alcanza por el momento para seguir usufructuando la grieta.

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