FÚTBOL

Germán Gonzalo “El Negro” Antúnez

En Junín “los espías de campito” nunca lo detectaron y curiosamente lo fichó Racing Club de Avellaneda. Jugó en Rivadavia (J) y anduvo por la zona.

Nací en Buenos Aires. Pero al año mis padres se trasladaron a Junín. Nos radicamos en el barrio del Club Suixtil, hace ya cuarenta y siete años.

Lógicamente no había nada, todo descampado. La calle Ramón Hernández, pelada, hasta los cuarteles.

Pero linda época, sana por sobre todas las cosas. Había tierra para hacer una cancha al lado de la otra y por ende se jugaba al fútbol desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche, de corrido.

Es que no había otra cosa que la pelota como divertimento general y todos estábamos en la misma.

Hice la escuela primaria en la número ocho y cuando terminé en realidad me fui a jugar al fútbol a Buenos Aires.

Acá no jugué en ningún lado. No se dio que me fichara nadie. Justo coincidió que Darío Pérez se iba a probar a Racing Club de Avellaneda y me invitaron a ir con él.

El problema era que yo no tenía ni botines para ir a Buenos Aires.

Pero me los consiguieron y allá me fui con Darío. Llegamos y llovió una semana seguida.

Nos quedamos en la pensión del club y a la semana se hizo la prueba. Ahí nomás quedé.

Pero el revuelo se armó cuando no estaba fichado en ningún lado. Nadie entendía nada, ni podía creer lo que estaba pasando. Generalmente vas con una carpeta armada de donde estaba jugando, una mínima trayectoria, donde saliste campeón. Generalmente es así. Y yo nada.

Vienen y me dicen: “Pibe, ¿dónde jugás vos?” “En ningún lado”. “¿Pero cómo en ningún lado? ¿No traés el pase?” “¿Qué pase? Si no soy de ningún club”.

Ahí nomás empezaron a armar todo para ficharme, pero el problema era que mi vieja no podía viajar porque no teníamos un peso.

Entonces me dieron la planilla de fichaje bajo siete llaves para que me viniera a Junín y se la hiciera firmar a mi madre. Recuerdo que me mandaron un martes, el jueves volví, el viernes me ficharon en AFA y el sábado debuté contra Ferro en la sexta.

Terminé acalambrado hasta los dientes, si nunca había jugado en una cancha de doce jugadores. Lo mío había sido siempre campito.

Siempre digo que lo mío en el fútbol fue corto y con suerte. Es como que nací adelantado. Porque en ese momento con quince años estar jugando en Racing de Avellaneda, de la nada, era soñado. Nadie entendía nada.

Jugué un año en sexta, cuatro partidos en quinta, cinco partidos en cuarta y debuté en la reserva a los 16 años.

No era habitual en ese entonces porque todos los de primera eran tipos grandes. Ubaldo Matildo Fillol, Walter Fernández, Rubén Paz, Medina Bello. Los técnicos eran el Panadero Díaz y el Coco Basile. Fue cuando ganaron la Copa.

Yo vivía con Carlos Ángel Roa, arquero que llegó a ser titular en Racing, estuvo en Lanús y se fue al Mallorca y el Albacete de España. Hicimos una gran amistad que perdura hasta el día de hoy.

En 1988 hubo una inflación muy grande en la Argentina, con saqueos de supermercados y otras cosas, y nos mandaron con el pase libre por un año hasta que se estabilizara el país. Yo no tenía recursos para mantenerme en una pensión allá.

Jugué un año en Rivadavia de Junín, invitado por un tío que trabajaba en la municipalidad.

Ahí conocí al Loco Suárez y él arregló en Pintense al año siguiente. Estaban buscando un defensor de Mariano Moreno, pero el Loco les dijo que arreglaran sí o sí conmigo.

Me fui con el Huevo Celis, el Chino Mendoza, el Negro Caresani, Darío Mundo de Rivadavia de Lincoln. Hicimos una campaña desastrosa.

Los únicos que quedamos fuimos yo y el loco Suárez, que tuvo la mala suerte de que lo echaron a mediados del campeonato. Quedé solo y llegamos a las instancias finales donde nos ganó El Linqueño.

Al tercer año salimos campeones. Me quedé cinco años. La gente de Pinto es espectacular. Hice grandes amistades allá.

A los 25 años terminé de jugar el regional con ellos y no jugué más profesionalmente.

Después me dediqué al fútbol reducido. Tuve la suerte de tener buenos compañeros y salir campeones en todos lados: Morse, Baigorrita, Laplacette, Roca, Agustina, La Agraria. Un año armamos un equipo con el Chino Mendoza, los hermanos Benítez (Coco y Chito), atajaba Enzo Cielo, le ganamos a todo el mundo.

El fútbol cambió mucho. Es muy atlético hoy. Si no sos atlético, no jugás. No está el que pone el pecho, cubre la pelota, la pisa. No está el que te pide la pelota. Hoy juegan a cien kilómetros por hora.

Se terminó el campito y se fue la gambeta. A mí nadie me enseñó el fútbol, me crié en el campito.

¿Maradona o Messi? Distintas épocas. Maradona fue un monstruo. Messi lo es hoy.

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