Leerles a los chicos, una sana y noble costumbre
LITERATURA INFANTIL

Leerles a los chicos, una sana y noble costumbre

Compartir un libro con nuestro hijo durante apenas 10 minutos desde edades tempranas fomenta el desarrollo del hábito lector infantil con resultados positivos para el resto de su vida.

¿Podemos cambiar la vida de nuestros hijos compartiendo con ellos apenas 10 minutos de lectura al día? Los psicopedagogos creen que sí y desde hace tiempo que argumentan una andanada de pruebas en favor del noble y saludable acto de leerles a los más chicos.
Cristina Puig, licenciada en dirección y administración de Empresas y cofundadora del proyecto Boolino, una plataforma de fomento de lectura infantil que ayuda a los padres a encontrar el libro más adecuado para sus hijos, está convencida de que es posible y explica cómo conseguirlo. Puig, de hecho, explicó una serie de claves para que los padres influyan en el hábito lector de sus hijos desde edades tempranas y hasta los 16 años. Lo hizo durante su ponencia el II Congreso Internacional de Comprensión Lectora Infantil y Primaria, que puede consultarse en http://ciclip.com.
La cofundadora de Boolino, junto con un experto editorial alemán Sven Huber, suele escuchar la pregunta de “Soy padre y no tengo mucho tiempo, ¿qué puedo hacer?”, a la que ella responde que los padres pueden influir en el hábito lector desde su papel como modelos para sus hijos.
Según Puig, “aprender a leer tiene un efecto global en el desarrollo y la activación del cerebro de los niños, como afirman numerosos expertos, y este aprendizaje de la lectura pueden fomentarlo a diario invirtiendo en ello un lapso muy breve, el mismo tiempo que se tarda en preparar un café o un té”. 
Según Puig, con esos minutos  de lectura compartida con los padres se puede fomentar el hábito lector, ya que los niños pequeños empiezan con ese lapso, dado que no pueden atender más tiempo, pero después, a medida que se hacen mayores, ese tiempo va fluctuando hasta que finalmente leen ellos solos.  
Para la especialista, esos “10 minutos de lectura al día pueden cambiar la vida de nuestros hijos y pueden consistir en sentarse a leer con ellos y dejar que descubran los libros de nuestra mano”, aunque hay distintas formas de invertir ese tiempo positivamente, dependiendo de la edad de los hijos. Cuando los niños son pequeños es nuestra responsabilidad como padres sentarnos con ellos a leerles, a pasar las páginas de los libros, a señalarles determinados aspectos del texto y a ayudarles a decodificar el vocabulario, según esta experta. 
“Más adelante, cuando los hijos ya van al colegio, sus padres pueden fomentar el hábito lector, haciendo que descubran nuevas obras, diferentes géneros, cómics, las primeras novelas, libros sin texto, libros de conocimientos…”, destaca Puig.
Como se dijo, lo que apunta la experta tiene sus fundamentos en razones científicas. Además de ser algo placentero y deseado por la mayoría de los chicos, leerles cuentos cumple un rol clave en la formación de redes cerebrales asociadas a su desarrollo intelectual. Y si bien esto no es ciertamente novedoso, nuevos estudios hace tiempo que vienen poniendo en evidencia hasta qué punto esta vieja costumbre puede potenciar su lenguaje y su creatividad.
Un trabajo reciente publicado en la revista Pediatrics, de hecho, muestra que los chicos de entre 3 y 5 años cuyos padres les han leído desde el mismo nacimiento, tienen una mayor actividad en una región del hemisferio izquierdo del cerebro donde se produce el proceso de integración multisensorial. “Los mayores niveles de activación cerebral sugieren que los niños que tienen más práctica en el desarrollo de esas imágenes visuales, dado que miran cuentos y escuchan historias, pueden desarrollar habilidades que más adelante los ayudarán a formar imágenes e historias a partir de palabras”, explica el doctor John Hutton, investigador clínico del Hospital de Niños de Cincinnati y principal responsable de la investigación.
Como sostiene el investigador, “la lectura y los cuentos pueden estimular su creatividad de una manera que ni los dibujos animados ni otros entretenimientos relacionados con la pantalla pueden lograr. Y es que al ponerles un video les estamos dando la información servida; los estamos liberando del trabajo de imaginar”.
Pero además de estimular directamente el desarrollo de un área del cerebro vinculada con la creatividad, la lectura -como sugiere un segundo estudio publicado días atrás por la revista Psicological Science- tendría un efecto mucho mayor sobre su vocabulario que el hecho de hablarles.
“Los chicos a los que se les lee toman contacto con un vocabulario mucho mayor que aquellos que solamente aprenden de lo que le dicen sus padres -sostiene la psicóloga Jesica Montag, investigadora de la Universidad de California y autora del estudio-. Leerles implica darles la posibilidad de aprender más palabras que las que suelen escuchar normalmente y, a la vez, de ejercitar la creación de imágenes asociadas a esas palabras y frases más complejas”.
Para Puig, en tanto, “los niños tienen que encontrar aquellos libros que más les gusten y, aquí, nuestro trabajo como padres es acompañarlos a que descubran más, llevarlos a librerías, preguntarles sobre sus lecturas”.
Por último, cuando los hijos son más mayores, Puig aconseja preguntarles lo que leen, leer sus libros, disfrutar con ellos y observar cómo han establecido sus propios criterios y preferencias, cómo razonan y son capaces de explicar en detalle por qué les gusta o disgusta un libro o un personaje en particular. 
“Durante esos pocos minutos, y para fomentar el hábito lector de sus hijos al máximo, los padres deben acompañarlos, preguntar, fijarse en lo que les gusta y compartir esos momentos”, enfatiza Puig.

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