Los restos del animal extinto se encuentran en el Museo del “Legado del Salado”.
Los restos del animal extinto se encuentran en el Museo del “Legado del Salado”.
TRAS UN ESTUDIO ADN

Descubrimiento: un animal extinto en la Región tiene parentesco con los caballos

Cuando Darwin visitó la Patagonia en 1833 encontró muchísimos fósiles, entre ellos, restos de un raro ejemplar que no sabía muy bien cómo clasificarlo. Esos restos habían sido enviados a Inglaterra y allí Owen bautizó al animal como Macrauchenia.

Macrauchenia significa “llama grande” porque en un principio se creyó que se trataba de una llama o guanaco, pero más tarde se encontró todo un esqueleto que aún se conserva en el Museo de La Plata, donde se observó que no era comparable a ningún animal viviente.
Los primeros restos fósiles de este animal fueron hallados por Darwin en las costas patagónicas, en Puerto San Julián. Eran partes sueltas del esqueleto, vértebras, extremidades, pero no halló el cráneo.
Este animal tan llamativo está representado en el logo del Museo “Legado del Salado”, puesto que sus fósiles son muy comunes en las riberas del río. Y se destaca la gran cantidad y variedad de restos halladas aquí en Junín, casi un lugar único en el mundo donde hay tantos.
Actualmente Macrauchenia es noticia porque se le realizó un estudio de ADN a sus restos para determinar parentescos con géneros y familias de animales actuales. Se determinó que pertenece al grupo Panperissodactyla, que incluye especies vivas como caballos, rinocerontes y tapires.
Pese a este descubrimiento, aún quedan incógnitas sobre el animal que sólo vivió en Argentina, Chile, Uruguay y sur de Brasil, según los fósiles que fueron encontrando en los últimos años.

“No comía pastos como los caballos”
Además de que todavía no se sabe con exactitud cómo era su nariz, también se desconoce cómo era su alimentación. "Los dientes no eran muy fuertes, por lo que creemos que no comía pasto como lo hacen los caballos", afirmó McPhee, un paleontólogo del Museo de Historia Natural de Manhattan.
La anatomía del macrauchenia era más parecida a la de una jirafa por lo que se presume que se alimentaba de hojas de ramas altas de los árboles, especulan los científicos. Pero en concreto "no lo sabemos, es otro misterio", concluyó.
Un grupo que “básicamente no tenía hogar ya encontró su espacio”, dijo Michael Hofreiter, profesor de Ciencias Genómicas de la Universidad de Postdam en Alemania y autor del estudio.
En un estudio publicado recientemente en Nature Communications, los investigadores calcularon que los macrauquenias divergieron de los Perissodactyla hace 56 a 78 millones de años. Pero el estudio de huesos y dientes ha sido engañoso porque los animales tenían una mezcla de rasgos, dijo Ross MacPhee, curador del American Museum of Natural History de Manhattan, otro de los autores del estudio.
Los investigadores reconstruyeron alrededor del 80 por ciento del genoma mitocondrial de los macrauquenias. Hasta ahora, dijo Hofreiter, “nadie había reconstruido una secuencia de ADN antigua en la que el pariente más cercano fuera tan lejano”.
Al comparar este mitogenoma con los de muchos mamíferos, su equipo pudo ubicar a los macrauquenias como hermanos de los Perissodactyla en el árbol evolutivo. Los nuevos hallazgos confirmaron los de un estudio de 2015, en el que un grupo de científicos (incluyendo a Hofreiter y a MacPhee) estudiaron a los macrauquenias a través de proteínas antiguas.
Esos restos fueron estudiados inicialmente por Owen, quien bautizó a la especie como Macrauchenia patachonica, puesto que la forma alargada de las vértebras cervicales le recordaba a los camélidos aunque sus extremidades eran muy distintas y hacían pensar en algún ungulado singular, distintos a los que hasta entonces se conocían.

Características
Sus patas son robustas y terminan en tres dedos. El cráneo es estrecho y muy largo, posee las aberturas de la nariz en la parte superior y a los lados unas cavidades muy extensas como falsas narices, que posiblemente hayan funcionado como bolsas de aire. Se cree que por esta extraña conformación del cráneo haya poseído una trompa corta, quizá parecida a la del tapir.
El género Macrauchenia es uno de los últimos representantes del grupo de los litopternos, ungulados propios de América del Sur. Es el que alcanzó gran tamaño, llegaba a pesar alrededor de una tonelada. Fue un integrante más del elenco de la megafauna que se destacó en el Pleistoceno Tardío y desapareció completamente a fines de esa época o a principios del Holoceno.
Es posible que haya evolucionado del Thesodon una forma parecida pero más pequeña que vivió durante el Mioceno en lo que ahora es la Patagonia. Hace entre 60 y 50 millones de años podrían haber vivido los ancestros.
Debido a la conformación de sus extremidades, algunos investigadores sugieren que estaría adaptada a ambientes húmedos o pantanosos y que llevaría una vida semiacuática, también su trompa podría ser una adaptación para este tipo de ambientes. Pero sin embargo se han hallado sus restos en zonas cuyos sedimentos y fauna asociada denota que sería áridas o semiáridas. También es probable que sus patas con tres cascos separados sirvieran muy bien para desplazarse en terrenos medanosos y en vez de trompa sus fosas nasales podrían estar rodeadas sencillamente por una especie de labios que se podrían cerrar para impedir la entrada de polvo.
Lo que sí se infiere que con esa constitución no estaba adaptada a la carrera. Es probable que viviera en manadas y se desplazara como los elefantes o rinocerontes.

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