FIESTAS

Navidad: Consejos para tener un festejo en paz

La llegada de fin de año y las celebraciones pueden generar emociones encontradas y complejas. Para algunos es un momento de diversión, pero otros llegan a deprimirse.

Las Fiestas Navideñas, como así también la de Fin de Año, pueden generar emociones encontradas y complejas. Mientras que para muchos resulta un momento de alegría y diversión para disfrutar junto a familiares y amigos, no son pocos los que lo viven con angustia y, hasta en algunos casos, llegan a deprimirse. Es más, algunos ya empiezan a sufrir la noche de Navidad mucho antes de que llegue y piensan en el momento del brindis como en una situación de tensión en la que, muchas veces, los recuerdos por los seres queridos que ya no están o los problemas que no se pudieron resolver pueden conspirar contra cualquier festejo. ¿Existe la depresión por las Fiestas? Y en todo caso, ¿se puede hacer algo para evitarla?
Los especialistas coinciden en que tal depresión, angustia y estrés es real y tiene que ver con una alteración en el estado del ánimo, que se agrava a medida que se va acercando el 24 y el 31 y continúa después de que pasaron las Fiestas. Los síntomas más frecuentes que caracterizan dicho estado son angustia intensa, ansiedad, pérdida del interés por el exterior, sensación de que la vida no tiene sentido vivirla, deseo de no continuar viviendo, alteraciones en el sueño; en la comida y en las funciones cognitivas.
El escritor y asesor psicológico Alberto Espinola tiene una visión particular de la felicidad, ya que asegura que este estado de ánimo en el alma, el ser y la mente “lo vivimos durante períodos de tiempo que no necesariamente deben ser largos o permanentes y, de hecho, es mejor que no lo sean”. El problema de la felicidad, así como de la infelicidad, es que la mente, “el ego”, se apega a esos momentos y se nos puede volver una adicción, una necesidad y una búsqueda incesante, según quienes analizan estas emociones puntuales.
“La felicidad es como un destello de luz mágica que viene y se va, y no se tiene porqué quedar iluminándonos continuamente, ni tenemos que depender ni apegarnos a ese estado. No es una meta, sino una compañera de vida que aparece en ocasiones, pero ya está en nosotros”, afirma el experto.
Del mismo modo, la Asociación Americana de Psicología indica que con las altas expectativas a la hora de hacer regalos, decorar, festejar y reunirse con la familia, el estrés y la tristeza no son raros. Pasar tiempo con miembros de la familia con los que no hay una buena relación, el duelo por la pérdida de un ser querido, la presión de regalar cuando las finanzas no están en su mejor momento o la soledad pueden causar tristeza, enfado e incluso depresión, apunta esta entidad.
“Por supuesto que no es malo sentir felicidad -aclara Espinola-, pero sí pensar que debemos estar felices siempre y pasar la vida buscando estos estados, por el mero hecho de que no sabemos valorar el bienestar neutral”.
Para el especialista es preferible la neutralidad, “una forma de vida en la cual se valoran muchos elementos que son la esencia de la vida y que, cuando los vivimos, tenemos felicidad, aunque no los valoremos. Son las pequeñas cosas del día a día que nos dan satisfacción y que no apreciamos habitualmente”.

El triángulo del bienestar
Es importante tener en cuenta que no son las situaciones del exterior las que nos perturban y nos deprimen cuando llegan las Fiestas, sino la manera en que cada uno interpreta los diferentes hechos negativos que nos sucedieron durante el año o, incluso de un modo más abarcativo, en el transcurso de la vida. Esto significa que frente a los mismos momentos desagradables, cada uno las va a interpretar de acuerdo con sus creencias, vivencias y pensamientos.
Ante esto, Espinola ha creado un esquema al que denomina “el triángulo de la Pura Vida” y en el que cada una de sus puntas corresponde respectivamente a los momentos de felicidad, infelicidad y neutralidad.
Según el escritor “la neutralidad es bienestar, es la valoración de las pequeñas cosas, que da paz, bienestar interior, amor propio y pura vida; mientras que la felicidad son momentos increíbles que hay que disfrutar y vivir sin pretender permanecer en ese estado continuamente, ni caer en depresión por terminar de vivirlos”.
De acuerdo a este triángulo, en los momentos de infortunio “nos desorientamos y solo valoramos la felicidad, en vez de la vida, que es mucho más que ese estado. Anhelamos las sensaciones de elevación y éxtasis y vivir permanentemente felices, y creemos en la búsqueda de esa felicidad eterna”. Para Espinola, un buen estado de vida consiste en vivir los momentos de alta felicidad y de depresión sin apego y sabiendo volver al estado de neutralidad sin tantos problemas, ya que “puedes valorar dicho estado con una gran dosis de positivismo, de amor propio y amor por la vida”.
“Por eso sería muy interesante valorar si en vez del tradicional saludo de ¡Felices Fiestas! no sería preferible decir ¡Neutrales Fiestas’, ya que la neutralidad es bienestar y, en el fondo, lo que desea cualquier persona es vivir tranquila sintiéndose “pura vida”, con esa neutralidad que ya tenemos en nosotros. Esa neutralidad es casi nuestro estado más natural y más sano”, asegura el especialista.
Para quienes abordan la temática, durante las fiestas navideñas hay que aceptar y vivir cada uno de los estados que surjan, ya que de que cada uno de ellos podemos obtener grandes lecciones, “tanto de los buenos como de los malos”.
A la hora de hacer regalos, decorar, festejar y reunirse con la familia, el estrés y la tristeza no son raros. Pasar tiempo con miembros de la familia con los que no hay una buena relación, el duelo por la pérdida de un ser querido, la presión de regalar cuando las finanzas no están en su mejor momento o la soledad pueden causar tristeza, enfado e incluso depresión.
En los momentos de infortunio “nos desorientamos y solo valoramos la felicidad, en vez de la vida, que es mucho más que ese estado.

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