Axel Kicillof expresó su preocupación por el nivel de deuda que heredará y los voluminosos vencimientos que deberá afrontar durante el primer año de gobierno.
Axel Kicillof expresó su preocupación por el nivel de deuda que heredará y los voluminosos vencimientos que deberá afrontar durante el primer año de gobierno.
LA PROVINCIA

Entre la ratificación y el milagro, la política bonaerense ya se mueve mirando el futuro

La pelea por la Gobernación entró en su último round. La fase decisiva en la que los bonaerenses deberán decidir entre ratificar lo que ya opinaron en las PASO o producir una pirueta electoral para dar vuelta el resultado que plasmaron hace poco más de dos meses.
La amplia diferencia que Axel Kicillof le sacó a María Eugenia Vidal parece tener forma de sentencia. Siempre hay lugar para alguna sorpresa, pero la posibilidad de ese vuelco brusco al que se aferra la Gobernadora no aparece en los escenarios que surgen de las últimas encuestas que se conocieron de la Provincia.
Esa sensación tiene alguna otra dosis de certeza: tanto Kicillof como Vidal comenzaron a moverse y a ver su futuro como si lo que ocurrió en las PASO fuera una tendencia inmodificable.
El candidato del Frente de Todos empezó a ventilar sus preocupaciones que pasan por el nivel de deuda que heredará y los abultados vencimientos de la primera parte del año. Le preocupa más esa realidad que las tensiones subterráneas que se generan en torno de la integración de su gabinete entre las distintas tribus del peronismo.
Kicillof viene reuniéndose con Alberto Fernández -dos veces en la última semana- con otro objetivo: cómo conseguir una compensación de fondos para la Provincia. El aspirante presidencial del Frente de Todos pareció en los últimos días brindar una pista cuando habló de reducir la coparticipación que recibe Capital Federal. Hay quienes estiman que de esa merma que podrían sufrir los porteños, vendrían recursos extras para una Buenos Aires que soporta largos años de discriminación en relación a lo que aporta al PBI y los fondos federales que recibe.

Nada parece casual
Kicillof utilizó el ejemplo de Capital Federal -uno de los bastiones que podría terminar conservando el PRO-, para graficar el destrato hacia los bonaerenses. Cuando dijo que el distrito porteño tiene un presupuesto 25 veces mayor al de la comuna de La Matanza y muchas menos necesidades que ese y otros distritos del área metropolitana, pareció apuntar al mismo blanco que está en la mira del candidato presidencial.
Un dato a favor en el intento del peronismo: el índice para la Capital se define por decreto porque quedó fuera del acuerdo de coparticipación de 1988. Es decir, para quitarle recursos sólo bastaría un decreto del Presidente. Sería un camino mucho más sencillo que el inicio de una trabajosa negociación con el resto de los gobernadores para lograr lo imposible: que acepten ceder recursos en favor de Buenos Aires.
Vidal también se mueve imaginando que la posibilidad de un cambio de tendencia electoral surge remota. La Gobernadora dio algunas pistas la última semana. Cuando habló de que piensa un futuro sin grieta ante los empresarios más poderosos del país en el coloquio de IDEA, empezó a exhibir el perfil de opositora que se propone representar.
La mandataria se imagina liderando un espacio junto a Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau, Rogelio Frigerio y los radicales Gerardo Morales y Alfredo Cornejo ensayando, al menos en los primeros tiempos de un futuro gobierno tanto nacional como bonaerense, una oposición dialoguista.

Caminos que se bifurcan
Ese podría ser el punto de partida de una posible bifurcación con el macrismo más duro. La tensión entre un Presidente que, en una eventual derrota, aspiraría a ser la cabeza visible de una oposición, frente al reagrupamiento post electoral de Juntos por el Cambio con una idea de no subordinarse a Macri y generar una conducción más horizontal.
Ese nuevo rol de Vidal tendría que ponerse a prueba bien rápido. Las urgencias con las que asumiría Kicillof empujarían ciertas definiciones, porque la posible nueva gestión requerirá de la Legislatura una serie de herramientas para gobernar.
La principal es el Presupuesto y un capítulo siempre controvertido: la autorización para tomar deuda que solo consigue pase libre con el concurso de la oposición.
Ya se prevén algunas negociaciones en torno de este tema. Otras, en forma subterránea, arrancaron, como la que derivó en el freno de mano que se le puso a la embestida oficial para votar en el Senado antes de las elecciones los 42 pliegos de jueces y fiscales que había enviado el Ejecutivo antes de las PASO.
No es todo: algunos oficialistas bonaerenses están mirando con atención algunos espacios de poder, hoy en manos del peronismo. Uno de ellos es la Defensoría del Pueblo.

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