La pelea entre Macri y Bullrich puede terminar en la muerte del PRO.
La pelea entre Macri y Bullrich puede terminar en la muerte del PRO.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El divorcio Macri - Bullrich, la pelea por la identidad y las listas de 2025

El reciente divorcio político entre Mauricio Macri y Patricia Bullrich debe ser leído en clave de supervivencia de la identidad simbólica del primero y anticipa, acaso demasiado prematuramente, la pulseada entre La Libertad Avanza y el PRO por el armado de las listas legislativas de 2025, en especial en la provincia de Buenas Aires y en la Capital Federal.

Para Macri, la movida unilateral para dejar a Bullrich afuera de los resortes partidarios es una inequívoca ratificación de su liderazgo amarillo, que en cierta forma disputó con la ministra de Seguridad desde que asumió Javier Milei y cuyo tironeo central fue la conveniencia o no de fusionarse con el gobierno libertario.

Bullrich, funcionaria con cierta estelaridad, sólo reporta al Presidente. Asoma como totalmente alineada con él. Macri pretende conservar el perfil propio del partido que fundó hace más de 20 años y por eso quiere que su espacio se pare desde un lugar en el que pueda apoyar las iniciativas con las que coincida con Milei, pero también marcar diferencias cuando crea que los libertarios se equivocan.

Lo curioso es que ambos, Macri y Bullrich, parten de la misma frase marketinera: “O somos el cambio o no somos nada”, dicen en las dos orillas. Hay uno que, evidentemente, se equivoca.

Macri insiste en que el PRO aún debe pelear por preservar ese diferencial que ostentaba en 2015, cuando le ganó el gobierno al kirchnerismo, en sociedad con la UCR y la Coalición Cívica: Juntos por el Cambio era la nuevo, lo contrario de lo que gobernaba la Argentina desde hacía tres períodos.

Bullrich está convencida de que ese carácter novedoso, de cambio, en el gran público hoy se lo ha quedado Milei, un outsider de la política. Fusionarse con él es estar del lado de lo nuevo, piensan en el bullrichismo. Por eso, para ese sector la máxima “O somos el cambio o no somos nada” ya no puede aplicarse al mauricista PRO, cuya última oferta presidencial salió tercera en octubre del año pasado. Por cierto, Bullrich era la candidata a la Rosada. Una pirueta pragmática de la dama.

La pelea Macri-Bullrich tiene mucho de condimento personal, admiten cerca del ex presidente. En charlas reservadas Macri habría expresado su enojo por lo que consideraría una deslealtad de la ministra. Lo explican así: primero le cedió la titularidad partidaria y luego terció por ella en la interna presidencial del año pasado, plasmada en las PASO, en las que Patricia se enfrentó al ex alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta, el ex ahijado político de Mauricio.

Desgaste importante

Bullrich fue el ariete de Macri para responder a los desafíos de liderazgo que le planteó el “Pelado”, que intramuros se llegó a definir como un intento de “fraticidio político”. Ganó Macri la pelea, aunque el desgaste para el PRO fue notable, acaso letal, porque lo desmembró de cara a la elección general.

Ya en el balotaje, con sólo dos opciones posibles, el vuelco de la dupla Macri-Bullrich hacia Milei fue decisivo para el triunfo del libertario, que llegó con una precariedad de estructura muy marcada para enfrentar a un oficialismo peronista que no dudaba en dilapidar recursos públicos para procurar la continuidad. No es menor el dato porque en la cabeza de los macristas puros subyace cierta sensación de que el Presidente fue ingrato con ellos luego del triunfo.

Se suma a esto, el rol que tuvo PRO en el extenso trámite de aprobación de la Ley Bases y el paquete fiscal en el Congreso, donde fue un aliado clave y defensor público de esos proyectos fundacionales del gobierno. Lo dijo hace horas el diputado Martín Yeza, un mauricista de siempre: “Sin nosotros no habría Ley Bases”. Es curioso porque ese apoyo es una de las cosas que hacen que, para el imaginario popular -ese universo por fuera del mundillo militante- el PRO sea percibido como parte del oficialismo.

Varios pasos

Por eso, y con el objetivo antes citado de recuperar identidad propia, es que Macri activó el operativo separatista de La libertad Avanza. Hubo varios pasos.

Uno: la difusión de un informe crítico -pero no incendiario- del “think tank” macrista llamado Fundación Pensar sobre la gestión libertaria. “Hay más interrogantes que certezas”, se dijo allí.

Dos: el pedido que hizo Macri para que la Rosada acate el fallo de la Corte Suprema de Justicia que le ordenó al gobierno la restitución de los fondos por coparticipación recortados a la Capital en el 2020 por el cuarto gobierno kirchnerista.

Tres: el jueves último, la movida para imponer a Yeza como titular de la Asamblea Nacional del PRO, el órgano partidario que define, entre otras cuestiones, la política de alianzas del partido. Había un acuerdo de palabra con Bullrich para que sea ella la titular del cuerpo pero Macri -que cuenta con la mayoría de los asambleístas- no lo cumplió, forzando a los representantes bullrichistas a abandonar la sesión con denuncias y escándalo. Antes, Macri había logrado desplazar al bullrichismo del PRO bonaerense, cuya conducción pasó a manos del diputado Cristian Ritondo.

El politólogo y analista Ignacio Labaqui analizó esta convulsionada realidad de los amarillos enfocando en la puja por lo que viene. “La Libertad Avanza logró quedarse con las banderas de PRO, básicamente la del cambio; luego con sus votos en el balotaje y ahora va por su estructura para el año que viene”, le dijo a este cronista.

En efecto, los analistas de opinión pública coinciden en que uno de los problemas de Macri es que buena parte de su electorado histórico viene migrando hacia LLA, entre otras cosas por aquella idea instalada de que la fusión de espacios ya es un hecho, aunque orgánicamente no sea así.

Pero hay otro tema incómodo para Macri, aludido por Labaqui. La obvia vocación de los libertarios de armar un partido nacional propio, bien violeta, para no depender justamente de estructuras ajenas, como pasó el año pasado. Tarea en la que está Karina Milei con la obsesión puesta en tres distritos: CABA, Buenos Aires y Córdoba.

En 2025, el PRO renovará unos 22 diputados de los 37 con los que cuenta actualmente. Surgen preguntas inevitables: si sus votantes, esencialmente antikircneristas, quieren apoyar al gobierno, ¿votarían a un espacio que se dice opositor colaboracionista o directamente a los candidatos libertarios? Si el Gobierno más o menos endereza al economía, ¿aquellos que renuevan bancas, y que seguramente serán tentados por LLA, no se preguntarán en qué espacio tienen más chances?

Macri pretendería diluir ese eventual “efecto aspiradora” tal vez confluyendo hacia una alianza electoral con LLA, que sólo podría acordar en un mano a mano con un Presidente con el que cada vez habla menos. El problema para él es que, respecto a lo que fue último balotaje, la relación de fuerzas de ese vínculo parece haberse revertido.

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