Sin el pasado seríamos incapaces de entender el presente. Y, sin lugar a dudas, la historia de vida y anécdotas de Héctor Santiago Posse, conocido popularmente como “Cebolla”, posibilitan tener una dimensión única de nuestra historia local.
“En un diario de Capital Federal estaban el capitán y los tres cebollitas. Estaba el cebollita más chico que les ganaba en todo a los otros y a mi papá le decían que tenía un cebollita que le ganaba a todos y, además, yo era el más pícaro”, fundamentó su apodo.
En diálogo con Democracia, recordó su infancia en el barrio Las Morochas; contó cómo fue su desarrollo en el mundo laboral fuera de las canchas; y repasó su distinguida carrera como jugador por una decena de equipos que incluyen a Junín, la zona y hasta el sur del país.
Comienzos
“Mi abuelo vino de España y, al llegar al país, vino a Junín. Mi mamá era joven cuando se casó con papá que tenía 20. Ellos se fueron a buenos aires a buscar trabajo y yo me crié con mi tío. Fui a la escuela Nº7 hasta sexto grado. Todo Junín era tierra y yo, desde chiquito, estaba con la pelota de trapo en los pies”, introdujo sobre su hoja de ruta.
Precisamente, la pelota y los amigos de barrio eran los fieles compañeros del día a día de Posse. “Jugaba en los distintos campitos, ya sea el de Maza, Vargas u otro, y lo hacíamos por las naranjas. Por ejemplo, siempre nos medíamos contra Omar Vargas y su equipo. Le ganábamos a él y a todos”, comentó.
Y acerca de lo que fue su primera experiencia en un club indicó: “Jugaba la Quinta de Sarmiento contra Defensa y viene uno a buscarme porque les faltaba un jugador. Jugué con lo que tenía y, al verme jugar, me felicitaron. Tenía trece años y, a la semana de eso, firmé con Sarmiento”.
Su siguiente destino fue San Lorenzo cuando, en 1947 y con 17 años, tiene una prueba en San Lorenzo. “Mis padres vivían en Almagro, en Corrientes y Medrano, y estaba con ellos.
Sobre su primera experiencia fuera de nuestra ciudad, nada más ni menos que en San Lorenzo de Almagro, recordó: "Me sumo a la práctica donde hacemos dos vueltas a la cancha, unos movimientos de gimnasia y arman un arco y le pateaban a Blazina. Hice algunos remates al ángulo y les gustó, y me subieron para entrenar con Primera".
Trayectoria
Sin embargo, y tras un año en Buenos Aires, Posse decidió pegar la vuelta para reinsertarse nuevamente en Junín y continuar con su carrera aquí.
“Con el equipo de montaje salimos campeones en el campeonato ferroviario. Tras eso, me llevan y fichan en Villa Belgrano, con 19 años, jugando en la posición de cinco. Me hice hacer mi propia camisa para jugar”, compartió sobre la primera experiencia de su regreso.
Y siguió: “La gente de afuera me gritaba que vuelva a Sarmiento. Jugué un año en Villa y luego me llaman de Moreno en 1950. Entonces, el Bataraz le da tres jugadores de Primera por mi pase y, después de ese intercambio, Villa salió campeón”.
Sin embargo, producto de una enfermedad de una de sus hijas, Cebolla tuvo que volver a Buenos Aires para encontrar una respuesta, y correspondiente cura, al malestar que le afectaba.
Luego de un impasse futbolístico, donde el objetivo era la supervivencia porteña, en el que se entrenó arduamente por su cuenta saliendo a correr todos los días, con 26 años volvió a Junín.
“Un día corriendo en el Parque Borchex me encuentro un grupo de viejos amigos que me dicen que en Pintense estaban armando un equipo y necesitaban jugadores. Fito Inglese me recomendó y dio una buena referencia de mí para quedar”, expresó.
Y añadió: “Íbamos en tres taxis desde Junín a jugar. Al único que le renuevan el contrato fue a mí: nos daban dinero, pagaban los viáticos y daban hospedaje allá”.
Pero un penal fallado en un partido clave, que hubiera consagrado campeón al equipo de General Pinto, determinó el fin de su experiencia allí. “Rubén Viale había traído jugadores de Buenos Aires. Después del partido, vuelvo al hotel, me pongo a hacer un asado y me dicen que fue el presidente a mi habitación y se llevó mi remera porque decían que yo estaba vendido”, relató.
Tal hecho significó el fin de un ciclo y la apertura de otro. Al respecto, siguió: “Los mellizos Azconzábal me vienen a buscar para jugar en Singlar de Ascensión. Nos pagaban muy bien y nos llevaban en colectivo. En un partido, por una jugada polémica, se arma una trifulca, le pegan al árbitro y suspenden el campeonato”.
Con el deseo de seguir ligado a la pelota, Posse siguió jugando, pero esta vez, a nivel local. “Volví para jugar en La Loba con Omar Valdéz. Tras eso, Azil, Ciarapica y yo vamos a Alberdi, pero el único que termina firmando soy yo porque ellos se fueron a otros equipos. Jugué todo el campeonato y me fui al sur”, contó.
Fue a través de la figura de Elmo Bovio, reconocido futbolista de trayectoria internacional, quien tenía relación con Posse a través de Sarmiento, que lo lleva a Comodoro Rivadavia.
Sobre aquel suceso rememoró: “Florentino Ameghino era el equipo. Fuimos con el ´Bagre´ Luna que estaba en Ambos Mundos. Debutamos contra el clásico de la liga y en el diario ponen que habían debutado dos jugadores de Junín”.
Luego de dos grandes campañas llegó el momento de regresar, pese a que su deseo estaba en continuar en el sur del país. Acerca de ello, comentó: “Cuando le cuento a mi señora, me dice de quedarnos en Junín porque el clima allá es complicado y los chicos ya estaban en el colegio. Para volver, me vine en barco hasta La Plata y después en colectivo”.
Con un destacado cúmulo de experiencias por distintos clubes y lugares, y una familia que fue desarrollando, los años pasaron y Posse, paulatinamente, se fue alejando del fútbol pese a los intentos esporádicos por no querer hacerlo. De hecho, así fue su último paso por Defensa Argentina.
“´¿Por qué dejo de jugar a los 34 en Defensa? Porque sale en el diario una nota que decía ´De la mano de Posse, Defensa puede salir campeón´. El club iba segundo detrás de Sarmiento y Moreno, y el DT Jorge Julio llamó al diario La Verdad para decirles que siempre me ponían a mí, que por qué no ponían a otro jugador`. Llamé a Julio y le dije que no jugaba más que estaba cansado”, expuso.
Cierre
Con una notable carrera en su espalda, habiendo vestido las casacas de Sarmiento; Villa Belgrano; La Loba; Mariano Moreno, Defensa Argentina (todos de Junín); San Lorenzo (Buenos Aires); Pintense (General Pinto); Singlar (Ascensión); Deportivo (Alberti); entre otros.
De tal forma, y como palabra autorizada del mundo del fútbol, al abordar el deporte de la actualidad dio su mirada. “No me gusta el fútbol de ahora. En mi época se jugaba 2-3-5 y hoy se juega 5-4-1, o sea, se acabó el campito y los jugadores que pensaban”, analizó.
Y profundizó: “Los equipos juegan a no perder. Se corre como si fueran atletas y se acabó el toque de pelota, el toque de Pedernera. Ahora no piensan como se hacía antes”.
Los trabajos de Cebolla Posse
Vale realizar un apartado especial para lo que ha sido la historia de vida de Posse relacionada con sus diversos. Si bien siempre fueron fundamentales para el día a día y llegar a fin de mes, sin lugar a dudas, siempre se constituyeron como un parte secundaria y complementaria en su vida, la cual se regía por el correr de la pelota en una cancha.
De tal forma, ha sabido trabajar como empleado en distintos talleres y locales, incluyendo el ferrocarril, hasta inclusive un paso efímero como mozo en reconocidas confiterías de Buenos Aires.
En tal sentido, cobra un lugar destacado quien fue su tío: Antonio Posse, empleado de la municipalidad en aquel entonces, que lo ha acompañado a lo largo de su recorrido como profesional.
Cebolla no finalizó sus estudios en el colegio, ya que, llegó hasta sexto grado de primaria e inició su recorrido como trabajador. “En Saavedra había un taller de bobinaje llamado ´La Rosa y Compañía´ donde empiezo barriendo y paso a la parte de manualidades. Y después voy a trabajar ´Mattiazzi´ en rectificación de motores”.
“Luego voy a Bodega Giol, en Rivadavia y el paso bajo nivel. Ahí había muchos jugadores de fútbol y me gustaba ese ambiente para hablar y compartir con ellos”, relató en lo que significó la antesala de su partida a Buenos Aires para jugar en San Lorenzo.
Sin embargo, tras un año en la gran ciudad, emprendió el regreso. Fue ahí que comenzó su relación con el ferrocarril. “No me conocían y empecé a trabajar en el patio juntando yuyos y acomodando cosas. Después pasé a montaje, en el lugar en el que se arma y desarma el tren”, rememoró.
Mientras continuaba su carrera como futbolista haciendo historia en distintos equipos de la zona, una enfermedad que afectó a una de sus hijas lo obligó a volver a Buenos Aires en busca de una solución.
“En ese momento, nos vamos a vivir a la casa de mi mamá y encuentro trabajo como lavacopas en un comercio de Once, ubicado en Bartolomé Mitre y Pueyrredón, en la esquina de donde ocurrió la tragedia de Cromañón. Hice de lavacopas, primero, pasando a cafetero, luego hacía sándwiches y, finalmente, en el mostrador”, relató.
Ese significó su primer paso en una confitería, el cual lo condujo a uno siguiente de mayor notoriedad. Al respecto, expresó: “Entro a trabajar de mozo en un catering, a través de un conocido del bar. Luego terminé trabajando en Savoy, pero para trabajar ahí tenía que ir a la peluquería, lustrarme las uñas y arreglarme. Sigue siendo un lugar super bacano”.
Tras esas reconfortantes experiencias, y el momento en que su hija recibe el alta en el hospital, Posse junto a su esposa vuelven a Junín para reincorporarse en el ferrocarril y continuar con su desarrollo allí.
Pese a ello, y ante los imponderables de la vida, a Cebolla le llegó la invitación para jugar en el sur del país, en lo que significó la experiencia más lejana de su casa. Después de dos temporadas, y ante la negativa de la familia de mudarse hacia Comodoro Rivadavia, Posse abandonó el club y regresó.
“Vuelvo y sigo trabajando en la municipalidad en la parte de ordenanza”, comentó y explicó: “He hecho muchas cosas a lo largo de mi vida. Además del actual comercio, antes hacía cien tortas de trigo por semana en mi casa. Sacaba un cartel que decía ´Hay tortas de trigo´y a los dos días se agotaban”.
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