Piezas de granito negro y rojo en Remedio Escalada de San Martín.
Piezas de granito negro y rojo en Remedio Escalada de San Martín.
HISTORIA Y LEGADO CULTURAL

Un viaje por las calles adoquinadas de Junín que ya cumplen 100 años

Depende la procedencia se puede observar empedrado de granito negro o rojo. Las piezas son de 20 por 15 centímetros y predominan en los barrios limítrofes al corazón de la ciudad. Las primeras arterias en armarse fueron a la vera de Plaza 25 de Mayo.

Ya soportaron los rigores climáticos de décadas. También el traqueteo de carros y los primeros automóviles. Además, a lo largo de los años, sobrellevaron construcciones, modificaciones y hasta destrucciones varias por ejemplo con tareas de Obras Sanitarias.
Desde mediados del siglo XIX, Argentina se transformó en el llamado “granero del mundo”, cuando los barcos cargados de granos partían desde el puerto de Buenos Aires para abastecer los países europeos.
En su viaje hacia América, para llenarse de provisiones, los buques navegaban por el Atlántico con los compartimientos llenos de adoquines que eran usados como lastre, y que a su vez sirvieron para cubrir las calles de tierra de las ciudades argentinas. Llegaban desde Gran Bretaña (provenían de canteras de Irlanda y Gales).
La gran demanda de los mismos, en Junín se produjo a finales la década de 1930, y para ese entonces la mayor producción ya provenía de las canteras de Tandil (la principal era la del cerro Leones, pero también estaban La Movediza, Vicuña, Aurora y Azucena), como también de Córdoba y San Luís.
Hoy el empedrado en nuestra ciudad está cumpliendo un siglo de historia, y es parte de un legado cultural. Depende la procedencia, se puede observar de granito negro o rojo. Las piezas son de 20 por 15 centímetros y predominan en los barrios que fueron surgiendo desde el corazón de la Ciudad, ubicado en la Plaza 25 de mayo.
Las calles céntricas Bartolomé Mitre – Rivadavia; Roque Sáenz Peña – Saavedra; Narbondo General Paz; Belgrano - Álvarez Rodríguez fueron las primeras en adoquinarse, seguidas por Lavalle – Ataliva Roca; Urquiza – Alberdi (hasta el Cementerio); Almafuerte – Brasil, entre Mariano Moreno y Javier Muñiz de un lado, y Newbery y Aparicio del otro.
En perpendicular se hicieron las calles Francia, Alsina, Malvinas Argentinas, Guido Spano y Winter (avenida San Martín no existía) hasta el límite con Chile; la zona de Javier Muñiz y Colón, al igual que las arterias de los barrios Pueblo Nuevo y El Picaflor dos sectores pintorescos que se conjugan con los plátanos y las casas tipo “chorizo”.
“El adoquinado es parte de nuestra historia y no me parecería correcto que se saquen, ya que no molestan en nada y queda muy lindo. Habría que preocuparse más por hacer algo con las calles de tierra de muchos barrios que a veces se tornan inaccesibles y me parece algo más necesario”, explicó Vanesa Ragno del Barrio El Picaflor.
Desde Arias y Benito De Miguel hacia el lado del Salado, se empedraron las calles Mayor López – Lebensohn; Avellaneda – 12 de Octubre; Roque Vázquez – Coronel Suarez, entre la zona del Molino Muscariello y Garibaldi, calle que junto a Intendente Solana, Vicente López y Planes, y Ramón Falcón se empedraron hasta Aparicio. Cabe destacar a 22 de Septiembre que une las plazas 25 de Mayo y 9 de Julio.

“Quiero seguir teniendo empedrado, ya que se mantiene la historia d la ciudad. Además permite la absorción del agua cuando llueve y es lo que hace genuino al lugar. Estoy totalmente en contra de la pavimentación. Según los hombres de la familia, los autos se rompen”, explicó Adriana Zeta, vecina de Pueblo Nuevo.
En contraposición, otra ciudadana dijo: “Más allá de la historia, por otro lado, yo que ando en moto transito por calles empedradas que están mal mantenidas y se vinieron abajo porque son antiguas. Sinceramente están horribles y tienen pozos, y trato de esquivar esas calles”.
Este trabajo realizado por artesanos de la construcción, con el correr de los años fue desapareciendo cuando los indestructibles adoquines fueron reemplazados por el hormigón armado y el concreto asfáltico como sucedió con avenidas Primera Junta y Arias.
“Se colocaban a mano sobre una capa de arena y es una calzada prácticamente irrompible, diferencia del hormigón que con el tiempo se va figurando las placas y el pavimento flexible que tiene su vida útil de 10 años”, explicó a Democracia, Marcelo Balestrasse, secretario de Obras y Servicios Públicos del municipio.
“Tiene sus contras también: por ejemplo cuando hay que realizar una conexión de obras sanitarias, una vez que se sacan las piezas que lo conforman ya es muy difícil ponerlo en lugar que estaban y quedan esas hendiduras o lomos”, afirmó.
“Quizás haya técnicas que se han perdido, porque no fueron transmitidas, que te permitan colocarlo de la misma manera en que estaban originalmente en un lugar tan conformado o compactado”, agregó.
“Además, no tiene la misma adherencia que el pavimento asfáltico, ya que con el pulido de los años va perdiendo el agarre. Pero también tiene bondades como la vida duradera, lo poético de un barrio con plátanos y adoquines. Creo que no quedan lugares con este paisaje urbano tan lindo”, destacó.
“También el automovilista se queja mucho porque el andar sobre el adoquinado no es lo mismo que circular en el asfalto. En su época fueron colocados para los carruajes y autos con otro tipo de ruedas”, subrayó.

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