Bailarines danzan en el baile de Ópera Estatal de Viena, en Viena (Austria).
Bailarines danzan en el baile de Ópera Estatal de Viena, en Viena (Austria).
OBRAS EMBLEMÁTICAS

Los 150 años de la Ópera de Viena

De Sissi a Internet, el exclusivo teatro lírico celebra un siglo y medio de vida convertido en referente de la música clásica, icono turístico y un motor económico.

Se levanta el telón y Don Giovanni hace de las suyas en el escenario. El emperador Francisco José y su esposa Sissi aplauden. Se cierra y, al subir de nuevo, un Orestes de corte surrealista es retransmitido a todo el planeta en alta definición por internet y con subtítulos en seis idiomas. Entre esos dos momentos ha pasado un pestañeo de 150 años, los que la Ópera de Viena celebra ahora convertida en referente de la música clásica, icono turístico y un motor económico.
“Este es el único sitio del mundo donde se pueden disfrutar de tantas obras cada año. El año que viene presentaremos 57 óperas distintas y diez programas de ballet”, cuenta el director de la Wiener Staatsoper, resumiendo la magnitud del programa. Para poner esa cifra en perspectiva, en la Metropolitan Opera de Nueva York, la próxima temporada subirán a escena 14 títulos.
El sistema de repertorio permite a este teatro ofrecer cada temporada unas 350 funciones, entre óperas, ballets, conciertos y representaciones para niños, una oferta con la que pocos teatros en el mundo pueden competir. Más allá de la cantidad, la Ópera de Viena logra cada temporada contar con los mejores artistas.
La temporada que viene, por ejemplo, cantarán en Viena: Plácido Domingo, Juan Diego Flórez, Roberto Alagna, Anja Arteros, Anita Hartig o Angelika Kirschslager, y nuevas grandes voces como René Barbera y Michele Bradley.
Y, esencial, en el foso toca cada noche la Orquesta de la Ópera de Viena o, lo que es lo mismo, la Filarmónica de Viena, una de las mejores orquestas del mundo, famosa por su Concierto de Año Nuevo.

Imperio, Nazismo y República
La Ópera de Viena fue inaugurada el 25 de mayo de 1869 como Teatro de la Ópera de la Corte Real e Imperial, con la obra “Don Giovanni” de Mozart. En esa primera época, Gustav Mahler dirigió el teatro entre 1897 y 1905.
Entre 1939 y 1945, cuando Austria fue parte de la Alemania nazi, un total de 105 trabajadores fueron expulsados por ser judíos, de los que al menos once fueron asesinados.
Compositores y obras de creadores judíos quedaron prohibidas, causando una tragedia humana y cultural de la que tardó décadas en hablarse y en pedir perdón, y de la que, en algunos aspectos, nunca se ha recuperado.
El 12 de marzo de 1945, apenas dos meses antes del fin de la II Guerra Mundial en Europa, el edificio quedó arrasado durante un bombardeo de aviones estadounidenses sobre la ciudad. Sólo quedaron la fachada, la escalera principal y el llamado salón del té.
La Ópera siguió funcionando en otras ubicaciones durante la reconstrucción hasta que el edificio fue reconstruido siguiendo los planes originales, aunque el auditorio perdió 200 localidades.
El 5 de noviembre de 1955, la obra “Fidelio”, de Beethoven, con Karl Böhm dirigiendo a la orquesta, protagonizó la gala de reapertura. La década siguiente, hasta 1964, estuvo marcada por la presencia de Herbert von Karajan al frente.

Motor económico y turismo
La pasada temporada, la Staatsoper vendió en torno a 600 mil entradas con una ocupación media de aforo del 98,03 %.
Los precios habituales de las entradas van desde los 287 euros (322 dólares) hasta los 3 euros (3,37 dólares), aunque el próximo 25 de mayo, en el estreno de un nuevo montaje de “La mujer sin sombra”, de Strauss, con el que se celebrará el cumpleaños, habrá localidades a 500 euros (561 dólares).
Con unos ingresos por taquilla de más de 35 millones de euros (39 millones de dólares), la Ópera financia con sus propios medios el 44 % de su presupuesto.
Buena parte de ese dinero proviene de los turistas, muchos de los cuales consideran obligada una visita al famoso teatro.

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