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TRASTIENDA POLÍTICA

En un año electoral, Vidal se enfrenta a la necesidad política de un ciclo lectivo normal

Se percibe cierto nivel de ansiedad en el gobierno de María Eugenia Vidal respecto al cierre del acuerdo salarial con los docentes. Es que al director de Educación, Gabriel Sánchez Zinny, todavía le falta asegurarse dos firmas en la que, se supone, será el acta de aceptación de la propuesta. La gobernadora quiere tener solucionado el tema cuanto antes, como para sacar ese ítem conflictivo de la agenda de una campaña electoral que se prevé cuesta arriba.
La mayoría de los gremios de los maestros parecen satisfechos con la oferta que puso sobre la mesa la gestión Vidal: para 2019 aumentos trimestrales en base a lo que indique la inflación del Indec más un 15,6% en dos cuotas para reparar la pérdida del poder adquisitivo del año pasado. Un cálculo este último que surge de la diferencia entre lo que otorgó el gobierno unilateralmente -porque nunca se acordó la paritaria 2018- y lo que terminó siendo la inflación anual.
Aunque impera un espíritu acuerdista, el Frente Gremial aparece dividido en cuanto a la respuesta final de sus componentes. Son seis gremios, pero la moyanista Unión de Docentes de Buenos Aires (Udocba) mantiene una ferocidad inédita por la negativa, acaso una continuación del papelonesco episodio que su titular, Miguel Díaz, estelarizó en el inicio de las charlas de este año cuando insultó a los funcionarios provinciales.

Para Vidal, el acuerdo docente es una necesidad política. La mandataria aspira a que este año sea lo contrario al 2018, cuando hubo 29 paros docentes, la paritaria nunca se cerró y la relación entre las partes se quebró en pedazos.

El mayoritario Suteba, de Roberto Baradel, por un lado, se mostró de acuerdo con las líneas generales de la oferta pero por el otro ha puesto condicionantes para estampar la firma. Dos de ellos apuntan a lograr una negociación hiper fina -y acaso reservada- con las autoridades. Uno: que no se descuenten los días de paro que se realizaron en el inicio del ciclo lectivo de este año. Dos: que se den de baja los sumarios que se vienen llevando adelante a los docentes, que en algunos casos son incluso causas penales abiertas en la Justicia.
Sobre el segundo punto en particular, Suteba habla de que se abrieron dichos sumarios por “persecución gremial” de Vidal hacia ellos, mientras que en el gobierno explican que en realidad se trata de irregularidades varias en las que el Estado pierde mucho dinero. Como la detección de un mecanismo de licencias apócrifas por las que están siendo investigados cientos de docentes. Se aclara, el gremio de Baradel es el que más afiliados afectados tiene por los sumarios.
Esta situación hizo que suene algo esquizofrénico el anuncio de que, a pesar de mostrarse de acuerdo con la propuesta salarial, Suteba haya decidido ir ayer a un paro. El gremio se sumó así a una protesta nacional de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), de la que forma parte. Baradel, además, tiene cierto ruido interno con una corriente de izquierda, la Multicolor, que pretende disputarle el liderazgo y que ya anunció que se opone a que el sindicato acepte la propuesta de acuerdo salarial acercado por el vidalismo.
Por eso no sería de extrañar que durante este año, aún cuando Baradel finalmente firme el acta-acuerdo, en las seccionales rebeldes a su conducción (como La Matanza, Ensenada o Escobar) los alumnos no tengan clase en algunas escuelas.
Para Vidal, el acuerdo docente es una necesidad política. La mandataria aspira a que este año sea lo contrario al 2018, cuando hubo 29 paros docentes, la paritaria nunca se cerró y la relación entre las partes se quebró en pedazos.
Es un dato obvio que este año el gobierno les terminó ofreciendo a los maestros casi lo mismo que ellos pedían, a pesar de que en términos económicos la situación está peor. Ese gesto fue leído como una movida de diferenciación de Vidal con el Gobierno nacional. Pero, en rigor, se trataría de una reacción de hartazgo de la mandataria porque el año pasado no pudo cerrar la paritaria por obedecer las órdenes de la Casa Rosada.
En efecto, durante 2018 -y en especial en el inicio del año, cuando había expectativa de que la inflación fuera menor- el Gobierno nacional prácticamente le prohibió ofrecer un acuerdo superior al 15% anual, con el argumento de que una paritaria en la Provincia por arriba de ese número provocaría un efecto indexatorio en la economía que dificultaría bajar el costo de vida.
Finalmente, aunque Vidal hizo el sacrifico, se inmoló y soportó un récord de huelgas digno del libro Guinness, el gobierno nacional no hizo bien su parte y la inflación fue de casi el 48%.
En busca de la reelección, y puntualmente detrás de miles de votos de gente que antes votó a Cambiemos y ahora está desencantada sobre todo con el presidente Macri, Vidal ahora ha decidido por sí sola los pasos a seguir. O al menos consiguió que Balcarce 50 cambiara de actitud y no pusiera objeciones.
Pretende la gobernadora un ciclo lectivo normal en su Provincia porque, entre otras cuestiones, comprobó que el beneficio político de la “guerra” con los dirigentes sindicales docentes había llegado a su límite.

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