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MARKETING APLICADO

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La experiencia como diferencial.

Al parecer la tecnología llegó para simplificarlo todo, acelerar las cosas y reemplazar operaciones cotidianas. Una carrera por alcanzar la efectividad sin considerar lo que queda en el camino. En la columna de hoy: el código QR aplicado a la gastronomía y una costumbre que lamentablemente estamos perdiendo. 

Paulatinamente, y en muchos órdenes de la vida, nos vamos “salteando” pasos. Una situación que llegó en la pandemia y se instaló como norma olvidando que, cuando alguien sale a “cenar” afuera, no se trata simplemente de “alimentarse”, sino de una experiencia integral. 

Claramente, hay distintos modelos de negocios. Si vamos a una hamburguersería, la operación se reduce a un puñado de opciones, donde el momento de la “elección” no funciona como parte integrante de la “ceremonia”. En cambio, cuando nos vestimos para la ocasión y pagamos unos pesos más, la idea de elegir un plato es parte del programa. Tomar la carta en nuestras manos, leer los ingredientes, comparar y, finalmente, elegir. 

Para establecer una analogía, lo mismo sucedió con las plataformas de contenidos que reemplazaron al recordado “video club”. Lejos de plantear una posición nostálgica, solo se intenta visibilizar que hemos perdido ese momento de recorrer los pasillos con cajas de vhs en las manos, debatiendo sobre una historia u otra, e incluso encontrando a algún amigo en la misma situación. 

En la actualidad, sentarse a una mesa a compartir un rico plato y dialogar implica, acá también, la mediación de la pantalla del celular. Incluso los que aún no se acostumbran esperan la llegada del mozo con la carta física en la mano, pero a cambio reciben una instrucción con el índice señalando el famoso cuadradito: “Podés ver la carta en el QR”. 

No se trata de negar las ventajas del código, sobre todo en tiempos inflacionarios donde los gastronómicos deben cambiar los precios todo el tiempo, solo de destacar que algunas propuestas dependen de esta experiencia, donde la carta física es una pieza fundamental. 

Muchas veces el código viene con un secreto y, desde mi punto de vista, la clave es definir tu modelo de negocio: no solo perseguir las tendencias y soluciones tecnológicas, sino considerar cuál es el alma de tu marca. La experiencia es parte de tu propuesta de valor y tu diferencial puede ser tener una carta ganadora.

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