Assimi Goita
El gobierno de Mali, presidido por el coronel Assimi Goita, huye para adelante.
ANÁLISIS

Mali: populismo nacionalista militar, con avance ruso y retroceso francés

¿La “Guerra Fría” está de vuelta? El conflicto en derredor de Ucrania, en la Europa Oriental, así parece indicarlo. Con diferencias, claro. Es que pasaron más de 70 años desde el inicio y más de treinta de su finalización, al parecer incompleta a juzgar por los hechos actuales.
Entre esas diferencias figuraba la ideológica. Era capitalismo contra comunismo. Y si bien el comunismo siempre estuvo anclado en un concepto dictatorial -la dictadura del proletariado-, no todas las dictaduras se alineaban con la Unión Soviética. Por el contrario, muchos golpes de Estado y sus consiguientes dictaduras se cobijaban en la democracia norteamericana.
Hoy la cuestión ideológica pasó a un segundo plano. La discusión es por la supremacía mundial entre China y los Estados Unidos, con una Rusia que no se resigna a ser potencia de segundo orden, aunque de momento elige aliarse con la primera para enfrentar al segundo.
¿Se puede hablar entonces de nueva Guerra Fría? Sí, porque la disputa, ahora como entonces, adquiere características universales. La conflictividad rusa no se limita a Ucrania o a Georgia. También abarca Siria en Medio Oriente. Cuba, Nicaragua y Venezuela en la América de habla hispana. O la República Centroafricana, Libia, Mali, Mozambique o Sudán, en África.
Precisamente en Mali, donde dos golpes militares (agosto del 2020 y mayo del 2021) liquidaron el poder civil democrático, comenzaron a operar como “consejeros” los mercenarios del Grupo Wagner, una milicia paramilitar muy cercana al poder ruso, es decir al presidente Vladimir Putin.

¿Nos quedamos o nos vamos?
Como integrantes de Takuba, alrededor de 90 efectivos del Ejército danés arribaron a Mali a mediados de enero. Para los militares golpistas que gobiernan el país africano, se trató de una violación de la soberanía. Según ellos, los acuerdos globales entre Mali y la Unión Europea, representada por Francia, no alcanzan para justificar el arribo del contingente danés.
Los militares malianos pretenden que cada efectivo que arribe para integrar Takuba debe contar con el visto bueno de la Junta que usurpó el poder en el país. Al respecto, las protestas francesas y europeas, la invocación de los acuerdos previos, de nada sirvieron. 
El dilema para Takuba fue hacer permanecer el recién llegado contingente danés y desconocer la pretensión militar maliana o aceptar que se trata de un país extranjero y por tanto acatar sus disposiciones aún si emanan de un poder ilegítimo y son contrarias a los acuerdos previos.
Dinamarca exhibió una carta invitación para integrar Takuba fechada en 2019. Tampoco sirvió. El gobierno de Mali se mostró inflexible. Se van o se van. Y los daneses se fueron. Su partida hirió de muerte la participación europea en el conflicto del Sahel.
De allí en más la crisis se precipitó. Sin dudas la permanencia del contingente europeo de Takuba y, fundamentalmente, la presencia militar francesa de la “Fuerza Barkhane”, comenzaron a pender de un hilo. 
En la visión estratégica del presidente francés Emmanuel Macron, la operación Barkhane debía paulatinamente “africanizarse”. Es decir, diluir el componente francés y reemplazarlo a nivel comando y operacional por fuerzas africanas de los países del Sahel involucrados en el conflicto. A saber: Mali, Níger, Burkina Faso, Chad y Mauritania.
Ahora el dilema es permanecer o no en la región y, particularmente, en Mali. El Ministerio de Defensa francés estudia la posibilidad de trasladar sus tropas -2.500 efectivos- al vecino Níger. Los militares malianos no ocultan su mala voluntad hacia sus colegas franceses y su complacencia por el reemplazo de estos últimos por los mercenarios del Grupo Wagner ruso.
La “invitación” formulada, el 31 de enero de 2022, por la Junta Militar al embajador de Francia de abandonar Mali en un plazo de 72 horas, no hace otra cosa que ahondar la crisis. La expulsión es una represalia por las declaraciones del ministro francés de Relaciones Exteriores, Jean-Yves Le Drian, que trató de ilegítima a la junta y de irresponsables a sus decisiones.
El gobierno de Mali, presidido por el coronel Assimi Goita, huye para adelante. No solo expulsa al embajador francés, sino también al representante de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) que condenó el golpe en su momento y que, ahora, profundizó las sanciones contra el gobierno militar, con el cierre de fronteras.
Dicha huida incluye el cierre de los cielos para los vuelos de Air France del lado de Mali. Del lado de la CEDEAO el cierre de fronteras y la restricción del comercio. Nuevamente del lado de Mali, la decisión de no cumplir con los pagos a los acreedores regionales. Para los militares, el todo se inscribe dentro de la estrategia francesa de hostigar a la Junta gobernante. 
Sin dudas, el meollo de la cuestión está conformado por los dos golpes de estado que los militares protagonizaron y, sobre todo, por su intento de prolongar su gobierno del país más allá de la fecha acordada con la CEDEAO que implicaba llamar a elecciones generales en febrero del 2022.
La pretensión esbozada por los golpistas encabezados por el coronel Goita es prolongar su estancia en el poder por cinco años a contar a partir del 1 de enero del 2022.

El plano político-militar
La pregunta de rigor ante la situación actual que atraviesa Mali es a cuál razonamiento que permite imaginar que, a lo sumo, 1.000 mercenarios del Grupo Wagner reemplazarán con éxito a los casi 30 mil efectivos que reúnen Barkhane, más Takuba, más la MINUSMA, la fuerza de estabilización de Naciones Unidas.
O si de buena fe se trata, las autoridades militares de Mali perdieron la razón. O en caso contrario, su interés no va más allá de la presencia de los rusos como una guardia pretoriana para la camarilla que tomó el poder a cambio de vaya a saber qué grado de impunidad admitido.
De momento, el cálculo de la presencia mercenaria oscila entre 300 y 350 combatientes, con un doble bautismo de fuego y con un primer caído en combate. El despliegue ruso-paramilitar abarca el centro del país, ciudades de Ségou, Mopti y Sévaré y alcanza, con una decena de hombres, la ciudad de Tombuctú, en el norte.
Una certeza que aparece con el eventual reemplazo de franceses y europeos por rusos está vinculada con la información de las acciones de guerra. Casi con certeza, Francia y los europeos no se desligarán de la lucha antiterrorista en el Sahel, pero es factible que cambien su cuartel general y su acantonamiento de tropas al vecino Níger. Cabe el interrogante, en ese caso, si incursionarán en Mali para combatir a los yihadistas. Si la Junta Militar los autorizará. O si directamente, Mali queda abandonado a su suerte.
En todo caso, es un barajar y dar de nuevo. Ni Barkhane, ni Takuba, serán instrumentos válidos. Hará falta una fuerza internacional con mandatos distintos de los acordados a las dos primeras que tenga en cuenta un dato de la realidad en el África Occidental: el de los golpes de estado militares.

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