Mauricio Macri convocó a la oposición a firmar un documento de 10 puntos, en línea con el acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional.
Mauricio Macri convocó a la oposición a firmar un documento de 10 puntos, en línea con el acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Macri prueba con el diálogo político ante el nerviosismo de los mercados

El Presidente afronta el desafío de vencer la desconfianza de la oposición, que teme una trampa electoral.

Corría el segundo semestre de 2002 y la Argentina empezaba a salir del infierno del año anterior. En Brasil, mientras tanto, se desarrollaba el proceso electoral que terminaría con la victoria de Lula. Y el presidente de entonces, Fernando Henrique Cardoso, soportaba diariamente los nervios de los mercados ante la inminente llegada de la izquierda al poder. Con visión de estadista, convocó al líder del PT a una reunión de urgencia en el Palacio del Planalto, en Brasilia.
En ese encuentro, Cardoso convenció a Lula de que había que dar una señal de previsibilidad porque, de otro modo, el país perdería miles de millones de dólares antes del cambio de gobierno. El referente opositor accedió y en las semanas previas al ballotage del 27 de octubre de aquel año, firmó un acuerdo con José Serra, quien era el candidato del oficialismo a suceder a Cardoso. Como consecuencia de ello se detuvo la corrida cambiaria.
Este ejemplo cercano, geográfica e históricamente, es el más invocado por estos días en que la administración de Mauricio Macri convocó a la oposición a firmar un documento de 10 puntos en línea con el vigente acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Claro que el caso argentino presenta sus particularidades: el Gobierno no incluye en el diálogo político a Cristina Kirchner, quien se encuentra bien posicionada en las encuestas, como lo estaba Lula en 2002.
Entonces la convocatoria presidencial genera desconfianza entre los opositores. Desde el kirchnerismo, hasta Roberto Lavagna y Sergio Massa manifestaron sus dudas sobre la intención del Gobierno. El ex ministro de Economía, que el viernes por la noche recibió una llamada de Macri, difundió ayer sus propios 10 puntos para un acuerdo nacional. Varios de ellos coinciden con los de la Casa Rosada, pero su decálogo hace eje en el crecimiento, antes que en el ajuste fiscal.
Más abiertos al llamado presidencial se mostraron Miguel Pichetto y Juan Manuel Urtubey. Es cierto que el jefe de los senadores del PJ viene reclamando una convocatoria de esta naturaleza desde el comienzo de la gestión de Macri. Incluso tuvo apoyo en prominentes radicales como Ernesto Sanz. Pero el llamado -salvo para asuntos puntuales- nunca llegó. Urtubey, por su parte, fue siempre el gobernador peronista que mantuvo el diálogo más fluido con el oficialismo.

Tándem opositor
Pero en tren de campaña, el salteño tiene ahora una mejor coordinación política con Massa –con quien vienen resistiendo fuertes presiones para dejar el camino liberado a Lavagna-, al punto de que ambos coincidieron en reclamar a Macri que también convoque a Cristina Kirchner. No es que le hagan el juego a la ex presidenta, sino que necesitan al menos el rechazo de la ex mandataria al Gobierno, para no quedar sometidos a una “trampa electoral” que licúe al peronismo no K. Macri lo llamó ayer a Massa y hablaron durante media hora.
Lavagna juega su partido. Está más atento a seducir a los radicales disidentes –tiene mucho diálogo con Ricardo Alfonsín-, a Margarita Stolbizer y a los socialistas santafesinos, especialmente al gobernador Miguel Liftchitz, que a enviar señales al peronismo. Aunque su relación con Pichetto es aceitada y ya se cuentan por decenas los dirigentes que provienen del PJ y que ya están abocados al armado territorial de su candidatura presidencial en el territorio bonaerense.
Si bien la conversación telefónica entre Macri y Lavagna no habría sido productiva, en Cambiemos apuntan que en una reciente disertación ante fondos de inversión en los Estados Unidos, el diputado Marco Lavagna –hijo del ex ministro- hizo un discurso que no desentonó con los objetivos a largo plazo que persigue el propio gobierno. Pichetto, a su vez, ha mantenido su actitud basada en el convencimiento de que el país está en una muy difícil coyuntura que ningún partido solo, desde el Gobierno, podrá solucionar.
Para sostener eso en el PRO fue importante el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo. En la Cámara alta se destrabaron leyes que venían direccionadas por la mayoría opositora en Diputados. Y también se abrió un canal de diálogo directo entre la Nación y las Provincias. La sintonía volverá a ratificarse esta semana con un proyecto de Cambiemos –que apoyará el PJ no K- para regular la transición entre los gobiernos, una materia aún pendiente en la Argentina.
Esta iniciativa del senador Esteban Bullrich y la convocatoria del Gobierno a un diálogo con la oposición, fueron tomadas como señales de que Cambiemos quiere hacer una transición prolija, para el caso de que Macri no consiga la reelección. Aunque el pragmatismo con el que se está moviendo la mesa chica del PRO –con el lanzamiento de los precios esenciales y el anclaje del dólar con el aval del FMI- permite inferir que el Presidente dará pelea hasta último momento.

Necesidad política
Macri ensaya ahora un cambio de rumbo guiado por la necesidad política del momento y el pragmatismo, se convenció y habilitó a Rogelio Frigerio, a encarar el acuerdo multipartidario que ya habría el ministro intentado hace dos años si por él fuera.
Otros dirigentes del ala dialoguista del Gobierno, como el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, habían sido desplazados de la toma de decisiones por proponer una convocatoria de esa naturaleza. Para el titular de la Cámara baja, eso debería traducirse en una ampliación de Cambiemos. “¿Alguien me puede decir cuáles fueron las incorporaciones importantes desde 2015?”, se preguntaba con amargura en su despacho. Y enseguida respondía: “Ninguna”.
De ahí que el diputado monzonista Nicolás Massot haya festejado la propuesta del presidente de la UCR, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, para ampliar Cambiemos con figuras como Lavagna, Massa, Pichetto y Urtubey, algo que en la Casa Rosada descartan de plano.
Aunque en la mesa chica del PRO siguen atentos la evolución de la interna radical, de cara a la Convención de resultado incierto, y filtraron que Macri habría descartado ofrecerle la vice a Martín Lousteau.
El Gobierno viene apostando fuerte para tratar de recuperar la iniciativa: negoció una nueva modificación al convenio con el FMI para que el Banco Central pueda intervenir dentro de las bandas de flotación del dólar, para lo cual fue determinante la orden que recibió desde la Casa Blanca el número dos del Fondo, el estadounidense David Lipton. Los norteamericanos están atentos a los problemas geopolíticos de América del Sur.
La identificación del kirchnerismo con el régimen de Nicolás Maduro le aporta a Cambiemos otro elemento de consumo doméstico. Algunas de las revelaciones de Cristina Kirchner en el libro publicado recientemente también fueron aprovechadas por el Gobierno en la misma dirección. Aunque habría que entender que la ex presidenta no se planteó con ese texto un gesto de apertura y ampliación electoral, sino un mensaje a los propios en medio de la incertidumbre.
También para la ex presidenta el regreso al poder se plantea cuesta arriba. El escenario internacional y regional no la ayuda, como lo demostró el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, con un crudo mensaje en el que pidió a los argentinos que le tengan “paciencia” a Macri o que apoyen a “alguien de su línea” en las próximas elecciones; una curiosa sugerencia de Plan V que llegó también desde el exterior.

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