Mauricio Macri, ante la fuerte caída que sufre su imagen, agregó un barniz actoral a sus declaraciones públicas: “estoy caliente”, se animó a decir.
Mauricio Macri, ante la fuerte caída que sufre su imagen, agregó un barniz actoral a sus declaraciones públicas: “estoy caliente”, se animó a decir.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Y en este rincón... Roberto Lavagna

La mesa chica de Cambiemos piensa que el ex ministro puede ser un tapón para que los desencantados no vayan con Cristina, y que su irrupción puede tranquilizar los mercados.

Primero fue Nicolás Dujovne, luego Marcos Peña y finalmente Mauricio Macri. Los tres, en secuencia, subieron al ring electoral a Roberto Lavagna. Se trató de un comportamiento novedoso para las principales figuras del Gobierno, que no suelen otorgar el sitial de la oposición más que a Cristina Kirchner. Pero esa remanida estrategia oficialista está comenzando a sufrir alteraciones, a raíz de las manifiestas necesidades políticas y económicas de la administración de Cambiemos.
En el plano político-electoral, la persistente caída de la imagen presidencial (de 28% a 25% en último mes según Poliarquía) lleva a los estrategas de la Casa Rosada a replantearse el escenario general de dos grandes polos enfrentados –macristas vs. kirchneristas- hacia una disputa de tercios, en la que un eventual crecimiento de Lavagna oficiaría como un tapón para que los desencantados con Cambiemos no emigren a Cristina.
La mira del oficialismo está puesta en el denominado “voto blando”, que no se define por motivos ideológicos –como los que desde hace años corporizan la grieta- sino más bien por razones coyunturales, como la situación económica o la seguridad. El objetivo del Gobierno es que los apoyos que pueda perder en ese segmento –en vista del desempleo, la recesión y la pobreza- no se trasladen al campamento kirchnerista. Ahí es donde entra a jugar el ex ministro de Economía.
Lavagna no supera en ninguna encuesta los 15 puntos porcentuales de intención de voto. Pero tiene margen para el crecimiento porque su imagen negativa es muy baja con respecto a los referentes del Gobierno, del kirchnerismo y también de Alternativa Federal, el espacio político en el que cuenta con más afinidades. Por alguna razón, para el Gobierno resulta más tentador desafiar a Lavagna que a Sergio Massa, a Juan Manuel Urtubey o a Miguel Angel Pichetto.
El segundo motivo por el cual la mesa chica de Cambiemos puso la mira sobre Lavagna es económico. La mayoría de los profesionales que se reúnen con Macri y Dujovne en rondas de consulta, advierten al Presidente y al ministro de Hacienda que los mercados van a estar sensibles durante todo el año electoral, ante la posibilidad de que Cristina Kirchner tenga chances de regresar al poder. Esa realidad no sería ajena a las oscilaciones en la cotización del dólar.

¿Caliente o incómodo?
Si el candidato más fuerte de la oposición fuera Lavagna, habría más certezas para los inversores y también para un sector importante del empresariado nacional que apoya al ex ministro. Este último punto es tal vez el que más incomoda a Macri, que le agregó un barniz actoral a su “calentura” contra Lavagna por haber asegurado que la economía argentina saldrá del pozo creciendo y no con más políticas de ajuste. “¿Quién no quiere crecer?”, se preguntó con ironía.
Pero en tiempos próximos a una campaña electoral, el sacrificio económico que propone Macri –“sin llorarla”, reclamó- puede representar una cuesta empinada para Cambiemos. Sobre todo, en territorios castigados como el Conurbano bonaerense, donde la última medición del INDEC detectó 644.000 desocupados (el 11,4 por ciento de la población activa). El próximo jueves, en tanto, el organismo de estadísticas informará el índice de pobreza, que superaría largamente el 30 por ciento.
El Gobierno dirá que los números son parecidos a los que dejó el kirchnerismo en 2015 –algo difícil de saber porque el INDEC no funcionaba y debía apelarse a mediciones como las de la UCA-, pero lo cierto es que los especialistas advierten que, en esta materia, la Argentina está frente a una década perdida.
En todo caso, el estancamiento de la economía favorece la irrupción de candidatos como Lavagna, pero no está claro que el ex ministro logre imponerse por “consenso”, como él pretende, en lugar de dirigir la postulación opositora a través de las PASO, como le dejó en claro el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, figura clave de Alternativa Federal. Incluso trascendió que el principal impulsor de Lavagna, el ex presidente Eduardo Duhalde, también le pide que vaya a internas.
Pero Lavagna parece jugado enteramente a evitar las PASO y entonces su candidatura dependerá de que, a principios de junio, las encuestas lo pongan en una posición cercana a Macri y Cristina. Un elemento que juega a favor del ex ministro es que sectores de la UCR lo empiezan a considerar como un Plan B en caso de una ruptura con el PRO, que podría quedar latente en la próxima Convención partidaria. En ese marco, otro que debe definir su alineamiento es Martín Lousteau.

Nubarrones judiciales
Mientras el Gobierno replantea su estrategia electoral a la luz de las encuestas, comienza a recibir algunas señales inquietantes del Poder Judicial. La última de ellas fue una resolución de la Corte Suprema que otorgó más recursos al juez federal Alejo Ramos Padilla para investigar lo que definió como una red de espionaje paraestatal que integran, en principio, el falso abogado Marcelo D´Alessio y los ex comisarios de la Policía bonaerense Ricardo Bogoliuk y Aníbal Degastaldi.
La determinación de la Corte, adoptada de manera unánime luego de que el ministro de Justicia, Germán Garavano, cuestionara el pedido público de recursos que hizo Ramos Padilla; se sumó a un respaldo a la actuación del juez de Dolores que hizo la Cámara Federal de Mar del Plata, con lo cual el fiscal Carlos Stornelli –investigado en la causa por sus reuniones con D´Alessio- se quedó sin margen para volver a faltar a la declaración indagatoria prevista para el próximo martes.
Ramos Padilla estuvo en la comisión bicameral de seguimiento de los organismos de inteligencia, donde parece haber aprendido la lección: habló con los legisladores que integran ese cuerpo, pero entró y se retiró del Senado por un estacionamiento, sin tomar contacto con la prensa. Justamente su verborragia es una de los motivos que esgrimió el Gobierno para promover su destitución ante el Consejo de la Magistratura, por aquello de que los jueces “hablan a través de los fallos”.
Pero lo realmente importante ahora es si el magistrado puede avanzar con la investigación sobre la red clandestina de inteligencia. En poder de la comisión legislativa ya están unas cuatro mil fojas de la causa que les remitió el juez, aunque algunas de ellas son fotocopias que se tornan ilegibles. La causa tuvo una derivación bonaerense: la suspensión del fiscal Juan Ignacio Bidone, por sus contactos con D´Alessio, decidida por la Suprema Corte.
La sola mención de esa posibilidad motivó a la diputada Elisa Carrió a enviar una nota a la Procuración en defensa de Stornelli. La jefa de la Coalición Cívica afirma que todo responde a una operación del kirchnerismo para voltear la causa de los cuadernos, por la que el juez federal Claudio Bonadío acaba de homologar un acuerdo para que el contador histórico de los Kirchner, Víctor Manzanares, pase a ser considerado un “arrepentido” por la información que aportó.
Cristina Kirchner afrontará en los próximos meses dos juicios orales, en plena campaña electoral. Macri lidiará con la economía, cuya fiebre mide el dólar. Y Lavagna buscará convertirse en el tercero en discordia, sin sufrir una interna. La novedad es que, por el momento, tiene el visto bueno del Gobierno.

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