El Centenario de la Reforma Universitaria
ENFOQUE

El Centenario de la Reforma Universitaria

Fue uno de los aportes más trascendentes que ha realizado nuestro país a la educación superior internacional.

El próximo 15 de junio celebraremos el centenario de la reforma universitaria, uno de los aportes más trascendentes que ha realizado nuestro país a la educación superior internacional.
El contexto histórico de la reforma universitaria estuvo dado por la Primera Guerra Mundial en el año 1914, las primeras elecciones populares en Argentina y el ascenso a la presidencia de Hipólito Yrigoyen en 1916, la Revolución Rusa en el año 1917, entre otros significativos eventos que moldearon el siglo XX y delinearon un nuevo orden mundial.
El escenario de nuevos actores económicos, sociales y políticos: el alineamiento del bloque estudiantil/juventud universitaria, el radicalismo Yrigoyenista, el Partido Socialista y las organizaciones anarquistas y los incipientes sindicatos de los trabajadores enfrentarán en esta y otras luchas al denominado bloque conservador; estableciendo una nueva dinámica en la disputa de poder.
La reforma universitaria fue la expresión de la “nueva democracia” que hacia el interior de la universidad significaba el cogobierno universitario, el acceso de nuevos sectores sociales a los estudios superiores, la libertad de cátedra y su periodicidad y la incorporación de nuevas ideas y saberes a los contenidos curriculares.
Una nueva dinámica que permitió ampliar la formación ciudadana a través de una nueva clase dirigente surgida del movimiento estudiantil. Donde la participación política se puso al servicio del cambio social, y los compromisos colectivos, por encima de las conductas individuales.
Otro rasgo de la Reforma Universitaria resultó la concepción de “Latinoamérica” como entidad cultural, política y social.
La agenda reformista de educación superior.
El Centenario de la Reforma Universitaria nos interpela respecto a mejorar las condiciones de inclusión, calidad y rendición de cuentas de la educación superior.

Inclusión
La sociedad del conocimiento es el contexto en que desarrollamos la actividad universitaria. Requiere que una mayor cantidad de personas reciba la mejor educación posible, tanto para su desarrollo personal como para su aporte al desarrollo social. El capital humano será lo que distinga el nivel de desarrollo de los países.
En EE.UU. la educación superior como requisito para el acceso a trabajos de calidad se duplicó en 40 años, pasó del 28% en 1970 al 60% en 2010 y esta dinámica es global.
Hemos avanzado en los niveles de incorporación de alumnos a la educación superior. La matrícula en 1970 representaba a nivel mundial el 9% de los jóvenes de entre 18 y 25 años, y en 2015 alcanzó el 35%, mientras que en América Latina pasaba del 6% al 43% y en Argentina alcanzaba el 82%, al nivel de los países desarrollados del mundo.
Sin embargo, se observa aún la persistencia de una fuerte desigualdad, con sesgos relevantes por ingresos familiares, educación de los padres, género y raza, con la participación de los sectores medios y de altos ingresos, y con alta presencia de la educación superior de gestión privada.
Asistimos a un escenario de masificación pero con altas tasas de abandono entre el primer y segundo año que alcanzan el 50%, y un egreso por debajo del 40%.
Estos datos dan certezas sobre la existencia de un modelo de inclusión “excluyente”, que debemos cambiar, garantizando acceso, permanencia y egreso de calidad.

Calidad
Debemos entender la calidad como un concepto multidimensional, que no solo es calidad de la enseñanza, donde hemos avanzado y alcanzado el 38% de nuestra oferta académica acreditada o en vías de acreditación, sino también calidad institucional, para ello el cumplimiento de las evaluaciones institucionales, tal como lo establece la norma, hoy el 55% de nuestras instituciones tienen evaluación institucional vigente.

El capital humano será lo que distinga el nivel de desarrollo de los países.

La calidad debe ser un denominador común de todas las actividades universitarias, del funcionamiento de sus órganos de cogobierno, del ejercicio de la autonomía plena, de la generación y transmisión del conocimiento, y de su vínculo con el sistema socio productivo.
Hoy, el 68.5% de nuestras titulaciones y el 70% de nuestra matricula se concentran en las ciencias sociales, humanas y de la salud. La calidad también definida por la pertinencia y las denominadas carreras estratégicas y la capacidad de respuesta a los requerimientos sociales desde las actividades formativas en el marco de un proceso continuo de educación, que incorpore el reconocimiento de saberes y oficios; también la calidad y pertinencia en las actividades científicas y de transferencia tecnológica para el desarrollo sustentable.
El sistema universitario argentino tiene un docente cada 9 alumnos, sin embargo solo el 15% de nuestros docentes tienen título de posgrado y solo el 10% de doctor, y de nuestros estudiantes, solo el 20% termina sus carreras en tiempo y forma. En promedio los estudios superiores se alargan en 1,5 años. Son todas dimensiones en las que queda un largo camino por recorrer.
La Universidad Argentina debe estar a la altura de los desafíos de un mundo global que imprime una lógica diferente en el proceso de generación y transferencia del conocimiento, para ello urge la integración y articulación con el sistema educativo en su conjunto.

Rendición de cuentas
En un país cuya pobreza alcanza el 30%, las Universidades tienen una gran responsabilidad. Son estrategias para mejorar las condiciones de desarrollo económico y social.
El actual gobierno duplicó el presupuesto que se destina a las universidades, pasó de 53 millones a 103 millones en dos años y se mejoró la relación salarios-gastos, alcanzando prácticamente la relación 85/15 tan demandada; hoy se les pide a las universidades que en el marco de su autonomía se sumen al esfuerzo que está haciendo el pueblo argentino.
En los últimos 30 años se duplicó el número de universidades públicas y debemos hacer un esfuerzo para que esas casas de altos estudios se fortalezcan y asuman el rol para el que fueron creadas.
La eficacia de la planificación universitaria y la transparencia en la gestión son fortalezas históricas que no deben perderse.
En este sentido las universidades deben explicitar sus acciones y sus resultados, deben asumir el desafío de crecer en las áreas de vacancia y estratégicas para el desarrollo, de garantizar el acceso, la permanencia y la graduación, de contribuir generando conocimiento significativo para mejorar la calidad de vida de las personas.
Esto implica poner en valor a la Educación Superior como un bien público social, un derecho humano y universal y una obligación del Estado.
Trabajar para la formación del estudiante como individuo altamente preparado para afrontar los desafíos de un mundo incierto pero también, socialmente comprometido con los valores de la democracia y de la solidaridad.
El compromiso de la Universidad Argentina es el de rendir cuenta de cara a la sociedad explicitando en forma concreta su aporte a la transformación social, con equidad, inclusión, justicia social y profundización de la democracia.
De esta manera, seremos dignos continuadores de la gesta reformista de 1918.

(*) Rector de la Unnoba.

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