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PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Peronismo y oposición ya no van a ser iguales

La política nacional habrá cambiado después de las elecciones de este domingo. Pero ese cambio no debe entenderse sólo a partir de porcentajes ni de votos, sino más bien de lo que subyace entre los argentinos desde hace varios meses: el peronismo ya no será idéntico al que viene gobernando desde hace 12 años. Tampoco será igual la oposición, que afrontó la era kirchnerista huérfana de liderazgos que pudieran aglutinar a un amplio sector de la sociedad.
Pero es mejor ir por partes y preguntarse, en primer lugar, qué tipo de peronismo se está conformando con la próxima salida de Cristina Kirchner y la pretensión de Daniel Scioli de sucederla en la Casa Rosada. Visto desde afuera, se puede pensar que en definitiva, la Presidenta y el Gobernador son lo mismo, que representan los mismos intereses y expresan la misma lógica de poder. Pero si se acerca la lupa, la realidad es más rica y diversa en matices.

Diferencias
Sólo bastó prestar atención a la reacción de los miles de militantes que asistieron al acto de cierre de campaña del FpV en Tecnópolis, para advertir que Scioli no es Cristina. Y no lo es, no sólo porque son personas distintas, que hablan diferente y que producen otra empatía entre sus seguidores, sino especialmente porque el Gobernador parece dispuesto a encarar una agenda propia del inicio de una nueva etapa y no de la mera continuidad de la vigente.
Entre el peronismo kirchnerista y el sciolista en ciernes hay un desacople que expresaron los militantes al aplaudir sólo los pasajes discursivos que resaltaron la AUH, YPF y Aerolíneas Argentinas, entre otras banderas oficialistas, pero que permanecieron en notorio silencio cuando Scioli advirtió sobre la necesidad que el país tiene de atraer inversiones para dinamizar la economía y “bajar aún más la inflación”. Si hasta se atrevió a invocar la palabra maldita.
Es cierto que Scioli marcó sus diferencias con el kirchnerismo duro en la última semana previa a las PASO y que esa actitud puede tener explicaciones electorales: el Gobernador necesita romper el “techo de cristal” que su adhesión a todo lo que simboliza la Presidenta, pone sobre su cabeza en términos políticos. Y hasta se puede escuchar que promete el fin del conflicto permanente, que el kirchnerismo aplicó como método de acumulación política.
Pero más allá de las necesidades electorales, las diferencias existen. Así lo entendieron los empresarios que días atrás escucharon de boca de Scioli que se revisarán las tarifas de los servicios públicos si es necesario. Y mucho antes, ya lo habían comprendido aquellos que en el seno del peronismo empezaron a perfilar una salida gradual del kirchnerismo, incluso cuando todo hacía pensar que la Presidenta iba a bloquear el surgimiento de un sucesor.
“La diferencia es que yo trabajo para el peronismo y ustedes para Macri”, fue una de las frases de Juan Carlos Mazzón más recordadas en las últimas horas, tras su fallecimiento. El histórico operador del PJ se la habría espetado a Carlos Zannini y Oscar Parrilli, en una reunión a puertas cerradas en la que el dirigente mendocino selló su salida de la Casa Rosada y pasó a trabajar para el sciolismo, más afín al criterio de los gobernadores que a La Cámpora.
Aquella acusación adquirió verdadera dimensión cuando la Presidenta designó a Mariano Recalde como principal candidato del FpV en la ciudad de Buenos Aires, justamente el territorio sobre el cual Macri asienta ahora su proyecto presidencial. Esa falta evidente de sintonía con el sentimiento del electorado porteño llevó al oficialismo a quedar en tercer lugar. Y como si no hubieran asimilado del error, ahora el primer candidato a diputado es el ministro Kicillof.
Otros referentes camporistas cuyo predicamento electoral se pone en juego este domingo son el jefe de la agrupación, Máximo Kirchner, y el viceministro de Justicia, Julián Álvarez. El hijo de la Presidenta compite en Santa Cruz, mientras que el funcionario aspira a la intendencia de Lanús, en el sur del Gran Buenos Aires. Son dos caras de la misma moneda: uno fue apuntado por el juez Bonadío en la causa Hotesur. El otro operó para desplazar al magistrado.
En el acto de Tecnópolis se vio claramente que si Scioli llega a la Presidencia, La Cámpora no va a tener la centralidad actual dentro del arco oficialista. Aunque está por verse la actitud que adoptarán Máximo y sus seguidores en el Congreso, donde el kirchnerismo seguirá contando con un bloque numeroso en la Cámara de Diputados y, a la vez, tendría el control del Senado por medio de Zannini. “El chino” –se sabe- tiene la entidad política de la que carece Boudou.

Encrucijada opositora
El otro cambio que empezarán a consumar las PASO de este domingo se registrará en el campo de la oposición. Durante la era K que se abrió en 2003, no hubo un claro liderazgo para este sector de la sociedad. Sin embargo Macri se convirtió desde 2007, cuando ganó por primera vez el Gobierno porteño, en una de las referencias importantes del ideario antikirchnerista. Su permanencia en ese sitial fue más duradera que las de De Narváez (2009) y Massa (2013).
Por eso, tal vez, Macri es el candidato opositor que más masa crítica acumuló detrás de su proyecto presidencial. De hecho, la UCR adhirió en forma orgánica a la alianza Cambiemos, lo mismo que la Coalición Cívica de Elisa Carrió. No obstante, el alcalde porteño sembró alguna confusión en el electorado cuando empezó a elogiar algunas políticas del Gobierno, como los planes sociales y las estatizaciones. Buscó así evitar la “caprilización” de su candidatura.
Capriles fue el candidato que encarnó al antichavismo en las últimas elecciones presidenciales de Venezuela, con un discurso radicalmente opuesto al de Maduro. Tuvo una muy buena performance pero no le alcanzó para ganar. Por eso en la Casa Rosada esperaban que Macri cometiera el error de plantarse como un antikirchnerista acérrimo, lo cual –además- le hubiera permitido a la Presidenta conservar protagonismo pese el encumbramiento de Scioli.
En su afán de esquivar la trampa tendida por el Gobierno, Macri sobreactuó. Y para colmo, lo hizo justo en el momento en que el PRO tuvo que esforzarse más de lo esperado para retener el Gobierno porteño. Por esa ranura volvió a filtrarse Massa, cuya candidatura se había diluido a comienzos de año, con una catarata de deserciones de su Frente Renovador. Sin embargo, el tigrense está llamado ahora a ser uno de los protagonistas de la contienda electoral.
Sobre todo, si Cambiemos y UNA –la alianza que Massa comparte con José Manuel de la Sota- obtuvieran en conjunto más votos que el Frente para la Victoria. En ese caso, se pondrá sobre la mesa la verdadera vocación de Macri y Massa por construir una opción opositora de cara a las elecciones de octubre. El radical Ernesto Sanz podría tender un puente de diálogo entre ambos, que coinciden en desaprobar la gestión de Scioli en la Provincia.
Por eso ayer macristas y massistas puntualizaban sobre las inundaciones en territorio bonaerense. Pero hoy compiten en las urnas para ver quién está en condiciones de enfrentar a Scioli.

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