MARKETING APLICADO

Pulgarcito

El like como falacia comercial.

En tiempos de necesidades urgentes muchos comerciantes y emprendedores tienen tendencia a buscar parámetros inmediatos de medición. Indicadores que parten desde una concepción errónea, el like como medida de éxito. 
Está claro, las redes sociales son una plataforma muy conveniente para posicionar, proyectar y vender productos pero naturalmente no podemos pretender hacer las tres cosas al mismo tiempo. El branding, entendido como la gestión de valor de una marca no debe pensarse de la misma manera. 
La mecánica se repite con la ansiedad como denominador común. La verificación de la reacción de la gente por lo general se ubica por encima del compromiso estratégico. Esto se complementa con la falta de rigurosidad en la evaluación, la consecuencia es que pocas veces el contenido responde a  un objetivo pre concebido sino que persigue un erróneo criterio de efectividad por el que se va “tanteando” a medida que se avanza. 
En este punto es importante destacar que el ”like” es solo una expresión y en muchos casos podés obtenerlos de personas que nunca que tendrán compromiso de compra o relación con tu marca. Acaso si la idea es generar adhesiones expresadas con el “pulgarcito arriba” la cosa sería tan simple como subir fotos emotivas vinculado a niños, abuelos o mascotas y salir a la caza de gente conmovida. Bingo! Nos llenaremos de pulgares. 
Una realidad que se expone además a la validación de familiares y amigos quienes también hacen un seguimiento a la cuestión. En este sentido, la decisión que hay que tomar es si queremos trabajar para esos “likes” y para estar tranquilos con nuestro entorno social o si nuestro plan es desarrollar un sentido marcario coherente que en el mediano plazo contruya fidelidad y como consecuencia produzca ventas.  
El “me gusta” como parámetro no es más que la ausencia de criterio fundamentado, un mal comercial endémico. Lo verdaderamente importante es la vinculación, el click hacia la compra, la consulta por privado o mejor aún, el silencio comprometido que permanece como valor residual en la memoria de la gente, es ahí donde se libra la batalla por la decisión. 
El compromiso es con tu marca, ser coherentes con lo que ella predica, seguir los objetivos, que sea simple, relevante y por sobre todas las cosas distinta a tu competencia, el resto es un cuento para niños, como “Pulgarcito”.

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