Mauricio Macri comienza a delinear la estrategia electoral en busca de su reelección, mientras descansa en Villa La Angostura.
Mauricio Macri comienza a delinear la estrategia electoral en busca de su reelección, mientras descansa en Villa La Angostura.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Fin de año con medidas polémicas y menor costo político para el Gobierno

Con Macri de vacaciones y Peña al mando, activó otro tarifazo para 2019, despachó a Iguacel de Energía y se financió con la ANSES.

Entró caminando presuroso a la Casa Rosada, bien cerquita de otro funcionario. Lo seguía como un marcador de punta al más temible de los delanteros, pero en realidad no parecía que lo estuviera marcando. En rigor, se estaba adaptando al nuevo esquema del Gabinete tras el cimbronazo que le provocó al Gobierno la mega-devaluación de 2018. Gustavo Lopetegui no le perdía pisada a Nicolás Dujovne, quien venía de ser empoderado como coordinador de toda el área económica.
Casi que parecía un valijero, un secretario privado, comentaron son sorna en la sala de periodistas de la Casa Rosada. El otrora poderoso miembro del tridente que el presidente Mauricio Macri había consagrado como sus “ojos e inteligencia”, no hacía más que acomodarse a la nueva situación. En el escenario post debacle del gradualismo –que estuvo a un tris de hacer zozobrar a la administración de Cambiemos-, el nuevo hombre fuerte era el ministro de Hacienda y Finanzas.
Lopetegui, que es uno de los ceos del macrismo pero que, aun bajo ese perfil técnico tiene olfato político, comprendió rápidamente que en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario, Dujovne era el que pasaba a tener la lapicera de confianza para la directora gerente Christine Lagarde. No tuvo la misma claridad Mario Quintana, quien también formaba parte de ese triángulo de poder junto a Marcos Peña. Y cuya salida fue prácticamente una ofrenda a la hoguera de los mercados.
Hasta el jefe de Gabinete sufrió las consecuencias de aquellas semanas aciagas, que hicieron temblar a la alianza gubernamental. De hecho, no volvió a ser el vocero del Gobierno y se recluyó en los prolegómenos del operativo reelección de Macri en 2019. Pero en estos días finales del peor año de Cambiemos, tanto Peña como Lopetegui tuvieron su recompensa.
El primero siguió acumulando poder, mientras que el segundo fue designado como nuevo secretario de Energía. El antecesor en el cargo, Javier Iguacel, fue un héroe del macrismo punitivo: desde la Dirección Nacional de Vialidad proveyó la información que permitió el encarcelamiento de personajes vinculados al aparato de corrupción kirchnerista, como Lázaro Báez. Con esa cucarda en la solapa, fue ascendido como ministro de Energía cuando cayó en desgracia Juan José Aranguren, el 21 de junio pasado. Pero al parecer, los éxitos precedentes se esfumaron en un escaso medio año.

Ni adentro ni afuera
Iguacel no se entendía con Dujovne dentro del Gobierno, ni tampoco con las empresas del sector energético. Las quejas al Presidente habrían llegado de boca de Nicky Caputo, un confidente al que Macri convoca en los momentos de mayor incertidumbre y de fluida relación con los operadores energético. Entre las petroleras, en tanto, sigue teniendo predicamento Aranguren.
Así las cosas, Iguacel se vio literalmente rodeado. El empujón se lo terminó dando la orden de Peña para anunciar los tarifazos esta última semana del año, bajo la idea de que las malas noticias había que darlas todas juntas, para despejar el horizonte electoral y en momentos en que la gran mayoría de los argentinos está pensando en otras cosas, entre la Navidad y el Año Nuevo. Los magros cacerolazos de protesta del viernes confirmaron que a esa teoría no le falta razón.
Pero eso no quiere decir que los consumidores no hayan acumulado broncas este año. Ni que a muchas familias no les haya costado horrores llegar a fin de mes. El impacto de los constantes aumentos tarifarios, sumados a la notoria caída de los salarios reales frente a la inflación, menguó el poder adquisitivo y de consumo, al tiempo que impactó negativamente sobre el nivel de actividad de la economía. Para colmo, la devaluación licuó el desmalezado de subsidios en el sector energético.
El salto del dólar de $20 a $40 fue desastroso en ese sentido. Aunque el tipo de cambio llegó a un nivel mucho más realista, la proa del programa económico de Cambiemos no parece estar puesta en la competitividad sino en el “déficit cero” comprometido con el FMI. El organismo acaba de desembolsar otros 7.600 millones de dólares para sostener ese rumbo, pese a que sus técnicos advierten que la economía argentina volverá a caer el año que viene al menos 1,6% del PBI.
El financiamiento del Estado sigue siendo, sin embargo, un problema complejo: el Tesoro nacional acaba de tomar $86.000 millones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, para cerrar su programa 2018, en tanto que el Gobierno bonaerense ensayó una maniobra similar por 28.000 millones de pesos. Las demás provincias, a excepción de Santa Cruz, llegan a 2019 con las cuentas en superávit, lo que le permite a los gobernadores colocar sus fichas en el tablero electoral.

Mapa en construcción
Macri en particular y Cambiemos en general tienen allí un problema: creyeron que podían contar con varios gobernadores del PJ y de fuerzas provinciales como aliados electorales, pero en las últimas semanas cayeron en la cuenta de que se está gestando una suerte de alianza federal contra lo que en el interior del país denominan históricamente como centralismo porteño. Por eso en la Rosada empiezan a desparramar nombres de candidatos de peso, como Rogelio Frigerio.
El ministro del Interior podría ser candidato a gobernador de Entre Ríos, afirman en la sede gubernamental, para enfrentar al peronista Gustavo Bordet, quien se sumó a las filas de Alternativa Federal –el espacio que fundaron Sergio Massa, Miguel Pichetto, Juan Urtubey y su tocayo Schiaretti-; mientras que en Córdoba ya se largó la interna de Cambiemos con el lanzamiento de la precandidatura a gobernador del diputado nacional Mario Negri (UCR).
El propio Macri hará un gesto el próximo jueves para intentar atraer al gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, y sacarlo del radar de los federales, a los que estuvo a punto de sumarse por una gestión de Pichetto. El Presidente abandonará por un par de horas su descanso en villa La Angostura para viajar a Bariloche –del otro lado del lago Nahuel Huapi- y aparecer en la foto junto a Weretilneck, quien irá por la reelección y tendrá como principal rival al kirchnerista Martín Soria.
Pero la definición más importante no estará situada en el interior el país, sino en la provincia de Buenos Aires. Aquí, la gobernadora Vidal debe decidir si la elección bonaerense será desdoblada o si se mantendrá unificada con el cronograma nacional. Se trata, hoy por hoy, de la duda que más incertidumbre genera en todo el arco político, cuya resolución incidiría directamente en el futuro político-electoral de Cristina Kirchner. Y por ende, del propio Macri, que la necesita en la grilla.
La propia ex presidenta lo entiende de esa manera. Por eso publicó una serie de tuits en los que denunció que la diligencia ordenada por el juez Claudio Bonadío en su departamento de Recoleta –de donde mandó a retirar más de 30 obras de arte- fue parte de un supuesto operativo para distraer la atención de la sociedad frente al tarifazo que acababa de anunciar el Gobierno. Aún así, Cristina Kirchner viene dando señales de que está dispuesta a competir contra Macri en 2019.
El Gobierno, por su parte, llegó a fin de año sin lamentar incidentes ni violencia callejera, lo que no es poco considerando la situación económica y la historia reciente; aun cuando haya utilizado el trecho entre Navidad y Año Nuevo para activar medidas polémicas y minimizar el costo político.

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