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ANÁLISIS

El Gobierno apuesta otra vez por la confrontación

“La Presidenta no negocia”. A esas cuatro palabras se remiten los principales sindicalistas cuando se les pregunta, en confianza, por qué someterán hoy a millones de argentinos a una nueva jornada de paro nacional -la cuarta desde que Cristina Kirchner ocupa la Casa Rosada-, con todos los trastornos económicos y sociales que conlleva una medida de esta naturaleza.
La argumentación de los jerarcas sindicales va mucho más allá del “tira y afloje” por el impuesto a las Ganancias. O del peso de las deudas que el sistema de seguridad social tiene con las obras sociales de los gremios.
Se trata de una cuestión de fondo que hace el estilo de liderazgo que impone la Presidenta. Y que sirve para entender a pleno la lógica de confrontación cristinista. Sin ir más lejos, esta misma tarde la mandataria aterrizará en La Matanza para encabezar en el distrito más populoso del conurbano bonaerense una serie de anuncios en materia sanitaria y de infraestructura, aunque en realidad su objetivo será disputar con los gremios díscolos la atención de la agenda mediática y política, a la hora de analizar los alcances de la huelga.
Y lo hará luego de haber enviado al ministro Axel Kicillof a romper todos los canales de diálogo con los sindicalistas. De otra forma no puede entenderse que el titular de la cartera de Hacienda haya salido a decir públicamente que el impuesto a las Ganancias “lo puso Perón”, una afirmación temeraria en el mundillo justicialista y además falsa en términos históricos.
Kicillof expresó, de esa manera, la intención de fondo de la Presidenta: no tocar un ápice la escala del gravamen, que actualmente afecta a unos dos millones de empleados con sueldos medios y altos. La justificación ideológica de la negativa calza justo en el ideario oficial de la redistribución de ingresos, aunque implique sacarle a trabajadores para darle a desempleados.
Así, cuando el Gobierno acusa a los gremios de llevar adelante un “paro político” –dada la cercanía de los sindicalistas con algunos líderes de la oposición-, lo que no dice es que la propia  administración kirchnerista apuesta al éxito de diversos planes de reactivación del consumo –con una fuerte inyección de fondos públicos- para mejorar sus chances en el año electoral.
Por eso la Presidenta no está dispuesta a negociar con los gremios una modificación de la escala de Ganancias. La última vez que lo hizo, en plena campaña electoral de 2013, no le sirvió para torcer el rumbo de la derrota en las urnas. Aquella vez, el kirchnerismo cayó en la provincia de Buenos Aires, donde la inflación hacía estragos en sectores medios y bajos.
Ahora, el proceso inflacionario sigue presente pero algo más atenuado, mientras la economía no logra superar los efectos de la recesión: el propio INDEC acaba de informar que entre el último  trimestre de 2013 y de 2014 se destruyeron más de 80.000 puestos de trabajo sólo en el Gran Buenos Aires, un territorio clave para el destino político de cualquier gobierno.
La cerrazón presidencial a la negociación política también se expresa en la relación del Gobierno con las fuerzas de oposición, que nunca fueron convocadas al diálogo durante el segundo mandato de Cristina.
El último antecedente al respecto fue la reforma electoral previa a los comicios de 2011, cuando se instauraron las PASO y el oficialismo arrasó en las urnas. Tampoco negocia la Presidenta al interior de su propia fuerza política y se da por hecho que las listas legislativas de este año se armarán en la quinta de Olivos. Y ninguno de los precandidatos oficialistas a sucederla tiene certeza aún sobre la actitud que adoptará la mandataria de cara a las primarias.
Esto es, si apoyará a alguno de los postulantes o si se mantendrá prescindente. En este punto, surge un dato curioso: en la mesa chica del cristinismo están siguiendo con mucha atención la interna del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, donde el jefe partidario Mauricio Macri se acaba de pronunciar abiertamente en favor de Horacio Rodríguez Larreta en detrimento de Gabriela Michetti. Es decir, por un candidato “puro” sobre otro “rebelde”.
Un segundo elemento es de sumo interés para los estrategas gubernamentales: Macri apoyó al postulante que no está arriba en las encuestas porteñas, pese a que en Bolívar se esfuerzan por desparramar la idea de que Larreta derrotará a Michetti. Las coincidencias con la interna kirchnerista saltan a la vista, pero todavía resta por verse el resultado del laboratorio amarillo.
En cualquier caso, la Presidenta difícilmente negociará, como ya lo saben los sindicalistas que hoy paran de nuevo al país porque no les tienden puentes de diálogo efectivo y se sienten obligados a redoblar la apuesta. En ese terreno, Cristina Kirchner se mueve como un pez en el agua. Y no va a cambiar ahora que le quedan tan pocos meses para dejar la Casa Rosada.

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