Diego Flores, con el premio al subcampeón de América.
Diego Flores, con el premio al subcampeón de América.
AJEDREZ

El gran maestro juninense que también se dará el gusto de jugar un Mundial en Rusia

Como subcampeón de América, Diego Flores se ganó una plaza para disputar en 2019, en Siberia, su sexta Copa del Mundo. "Necesito ganar un cruce, porque aunque me gane Kasparov, cuando pierdo me quiero volver enseguida a mi casa", señaló de cara a la competencia.

El clima mundialista contagia hasta a los que no le prestan demasiada atención al fútbol. Cada argentino se imagina qué haría si pudiera estar en Rusia en este momento, a poco del debut.
Pues bien, el juninense Diego Flores se dará el gusto de jugar un Mundial en Rusia, con la salvedad de que será su sexta Copa del Mundo, en Siberia y en 2019. Porque este gran maestro no juega al fútbol sino sobre un tablero de ajedrez.
Al consagrarse subcampeón de América en el Continental realizado en Montevideo, Flores se ganó ese derecho y pudo continuar con una racha positiva que lleva más de un año.
Es que viene de consagrarse en el Magistral Jorge Szmetan en abril de 2017, en la Copa Clarín y el Campeonato Argentino de octubre, y en el Abierto de Dubai de abril pasado.
“Las rachas existen realmente. Eso no quiere decir que uno no esté con confianza y que por momentos sienta que no te pueda pasar nada. Cuando te pasa eso, te sentís con un plus. Pero hay momentos en los que uno está muy lejos de sentir eso, tiene la confianza baja, está inseguro y sufre las partidas”, comentó ya en Buenos Aires.
Cada viajecito que hizo a Rusia el nacido en Las Palmas de Gran Canaria y criado en Junín fue a la ciudad de Khanty-Mantiysk, en plena Siberia, a 2.500 kilómetros al este de Moscú.
“No es el mejor lugar para ir a conocer, je. Exótico es seguro, porque está vestido de blanco por la nieve y no hay nada. Pero es inhóspito por el frío tremendo que hace”, agrega sobre el lugar.
A esa región de la Rusia profunda irá el año que viene Flores con un único objetivo: salir de perdedor. “En las cinco Copas del Mundo que jugué pude sumar sólo un punto en diez partidas (en el debut, perdió tres duelos por 2-0 y dos por 1-5-0,5). Hago agua. Y eso es como que juega internamente en mí e influye en mi rendimiento. Necesito ganar un cruce, porque aunque me gane Kasparov, cuando pierdo me quiero volver enseguida a mi casa. Nada de hacer turismo”, se abre Flores a pura exageración en la charla.

La última experiencia en Montevideo
El viaje de regreso desde Montevideo fue en auto, con el gran maestro uruguayo Andrés Rodríguez al volante. Paradójicamente, uno de sus vencidos en el Continental. No pudo subirse Sandro Mareco, porque jugó hasta tarde el desempate por las otras plazas para el Mundial, pero no pudo clasificarse.
“Ganar hubiera sido muy lindo por ser el Continental, pero igual quedé muy satisfecho porque pude luchar en todas las partidas. Y fue muy linda la sensación de jugar la última ronda sabiendo que con tablas me clasificaba al Mundial”. Así resumió Diego Flores su subcampeonato americano, con 8,5 puntos luego de 11 rondas.
Se repuso de la derrota ante el estadounidense Samuel Shankland, ganador con 9, y enhebró victorias contra el uruguayo Rodríguez, el peruano Jorge Cori y el paraguayo Neuris Delgado para llegar a los 2.625 puntos de ELO.
Julián y Juan Martín ya tienen otro premio más para admirar en manos de su padre, que durante las vacaciones de invierno buscará ganar su séptimo Campeonato Argentino, para luego ir a la Olimpíada de Batumi, Georgia.
“Será el torneo del año. Ese que todos los argentinos esperamos y donde deseamos que nos vaya bien porque jugamos en equipo. Ojalá que esta buena racha por lo menos llegue a la Olimpíada”, concluye Diego Flores. Ojalá.

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