BÁSQUETBOL

A 50 años del primer título nacional

Un ramillete de basquetbolistas juninenses enrolados en la AJB, pero representando a distintas escuelas, lograron la hazaña de destronar a Capital Federal.

La IX Competencia Nacional Intercolegial de Básquetbol había finalizado. Una muchedumbre nunca vista en el gimnasio de Los Indios, exteriorizaba su alegría por el triunfo alcanzado por el equipo local. Y mientras los flamantes campeones eran pasados en andas por el escenario de la lucha, los ocasionalmente derrotados jugadores de Capital Federal quedaban en el banco llorando amargamente por la repetición de un título que no llegó y sin encontrar el consuelo que sus técnicos, delegados y compañeros más resignados querían acercarles.
La iniciación del campeonato no fue tan auspiciosa como sus organizadores lo merecían.
Una fuerte tormenta y luego una lluvia torrencial, impidió la realización del desfile de las delegaciones por las calles céntricas de la ciudad. Coincidentemente un apagón, consecuencia de la precipitación pluvial y del viento, dejaba totalmente a oscuras a todo Junín. En Los Indios el nerviosismo era muy grande entre quienes tenían la responsabilidad del cumplimiento del programa establecido. A las 20.30 todavía reinaban las velas, alumbrando circunstanciales partidas de truco con las que se matizaba la espera.
Cambiar el programa sobre la marcha, sin alterar la fecha de su finalización, era difícil. Había equipos que tendrían que jugar tres partidos en el día. Y esto no era lo más aconsejable.
Además postergar todo para el día siguiente, terminando así el viernes 14 –en lugar del jueves- era prácticamente imposible, ya que para esa fecha las delegaciones se habían comprometido a abandonar los hoteles, que iban a ser ocupados por los automovilistas que intervendrían en la nueva edición de la Vuelta de Junín. Competencia ésta que, dicho en honor de la verdad, quedó bastante relegada en el interés público, que vio absorbida su atención por la competencia de básquetbol, acrecentada por la excelente actuación del equipo juninense.
Pero el inconveniente se subsanó. Se pudieron disputar todos los partidos programados para la primera anoche y de allí en más el éxito fue total. El Intercolegial encontró verdadero calor popular, retribuyendo el trabajo ímprobo realizado por el profesor Edgard Calvo, inspector de la Región Bonaerense, acompañado de todos los profesores de Educación Física de la ciudad quienes trabajaron antes y durante el torneo, hasta 20 horas diarias para que nada quedara librado a lo imprevisible. Y la organización fue perfecta.
El costo de la misma se calculó en medio millón de pesos, cantidad que se obtuvo mediante la colaboración del comercio y la industria de Junín.
El único aporte oficial consistió en la provisión de pasajes para el traslado de cuenta que se trasladaron más de cien personas, desde lugares tan distantes como Neuquén, Salta, Mendoza o Corrientes.

Atrayente final
Capital Federal presentó sin lugar a dudas el equipo mejor fundamentado de la competencia. Probablemente le faltó altura, pero la suplieron sin inconvenientes con la magnífica calidad de tres de sus integrantes: Mosquera, Runge y Fernando López Rica.
Cuando llegaron al partido final los entendidos vaticinaban que no podían perder, o por lo menos que eran los candidatos más firmes. Pero, a pesar de la mayor experiencia de estos jóvenes, estuvieron desubicados por su actitud deportiva. No queremos decir que con esto fueron ellos quienes provocaron en algún momento esa reacción tan repudiable de algunos grupos (insultos, salivazos, intentos de agresión), que no tuvieron razón de ser. Los jóvenes jugadores de Capital se comportaron en su faz extra deportiva con toda corrección. Fueron verdaderos caballeros.
Pero deportivamente fallaron. No supieron llevar el peso de esa gritería infernal, acompañada por el estallar de decenas de petardos –esto muy desagradable y peligroso-. Posiblemente traido ese temor por la eterna rivalidad entre Capital y el interior, que lamentablemente es real. Casi siempre provocada por la gente que no sabe crear un clima de ecuanimidad. Y el periodismo es, precisamente, quien debe hacerlo, quien debe preparar el ambiente adecuado. Debe ser conductor educacional y dejar el pasionismo de lado. Lamentablemente no siempre lo hace.
Pero dejando de lado estos hechos, lo escencial del torneo se cumplió tal como lo manifestó a la revista Expresión el profesor Canavesi: “realizar una obra de promoción en la práctica deportiva juvenil”.
Este torneo, lo afirmamos sin dudas, quedará en el historial deportivo de Junín. No solo por el título obtenido, sino por la empeñosa labor realizada por los jugadores y la adhesión popular que despertara.


(*) Redactor de la revista Expresión en el año 1966.

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