Gabriela Fioritti y Marcos Rosa.
Gabriela Fioritti y Marcos Rosa.
POR LA DIFÍCIL SITUACIÓN QUE ATRAVIESAN LAS FAMILIAS

Aseguran que los comedores y merenderos "son hoy una necesidad imperiosa"

Referentes locales destacaron la creciente demanda y la problemática de la alimentación de los chicos, incluso de los padres. Un informe de la Defensoría reflejó la complicada situación en el Conurbano.

La Defensoría del Pueblo bonaerense realizó recientemente un relevamiento para conocer las percepciones de los referentes comunitarios y los funcionarios locales, respecto de la situación alimentaria que atraviesan las familias del Conurbano, especialmente las que concurren a las áreas sociales, comedores o merenderos, así como las distintas estrategias que se llevan adelante para resolver esta problemática.
En nuestra ciudad, Democracia consultó a Marcos Rosa, Grabriela Fioritti y Pablo Rodríguez, tres referentes locales que llevan adelante un denodado trabajo solidario en los barrios de la ciudad.
“Ya no es uno por barrio”, aseguran sobre la proliferación de merenderos y comedores, que en Junín ya superan los 30, y si bien no todos funcionan todos los días, en su mayoría, cuentan con un promedio de entre 30 y 40 chicos.
La realidad palpable
Las visitas y recorridos cotidianos a los distintos merenderos y comedores de la ciudad desde hace muchos años, le permiten a Marcos Rosa conocer de memoria una realidad que en los últimos años empeoró.
“Los comedores son hoy por hoy una necesidad imperiosa de muchas familias, porque ahí tienen no solo la alimentación sino también una contención que no llegan a tener en sus hogares”, aseguró.
“Vemos muchas necesidades, y a la vez mucha gente con ganas de colaborar. Pero evidentemente cada vez hay más comedores, ya dejó de ser uno por barrio”.
En la misma línea que Marcos, Gabriela Fioritti, quien fue recientemente reconocida por el Concejo Deliberante gracias a su labor solidaria en distintos comedores y merenderos, aseguró que “hay muchos comedores en Junín y los más antiguos tienen 10 años”, sumados, claro, a los que se crearon en el último tiempo.
Para Gabriela, “lo ideal es que los chicos coman en sus casas con sus familias, pero muchas veces no pueden lograr la continuidad de la alimentación, es decir el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena”.
Ante esta situación, remarcó que “es muy importante la función del comedor o merendero, no solo como lugar de contención, sino especialmente como un lugar donde alimentarse”.
Asimismo aseguró que “es una lucha constante por la inclusión, la educación, la igualdad y el trabajo. Especialmente por la situación de las familias, que muchas necesitan trabajo”.
Por su parte el referente de Don Ito, Pablo Rodríguez, destacó que “hay más de 30 merenderos, se crearon muchos nuevos. También hay clubes que dan la copa de leche y hacen una gran tarea social”.
Sobre la realidad de las familias, Pablo destacó que “hay mamás solteras, en su mayoría familias desempleadas por la crisis económica que no se puede ocultar más. Las familias perdieron mucho poder adquisitivo y estos espacios ayudan en cierta forma a sostener un poco la cuestión alimenticia de los chicos. Incluso van las mamás también o les dan una vianda”.
Asimismo, “al crecer tanto el número, la ayuda está dividida y cuesta hacer la comida en los comedores. Es muy crítica la situación desde mi punto de vista”.

Sectores vulnerables
El estudio de la Defensoría se realizó a través de entrevistas en Almirante Brown, General San Martín, Moreno, Hurlingham, Lomas de Zamora y Florencio Varela, en el que el organismo que conduce Guido Lorenzino realizó un abordaje sobre cómo impacta la crisis entre los sectores más vulnerables, desde el punto de vista de los encargados de dar una primera contención en el territorio.
En una primera aproximación, surge el dato de que familias que nunca habían pedido comida hoy sí lo hacen.
Según el informe, la crisis y los problemas alimenticios se agravan en el caso de los niños: los centros de salud están registrando menores con bajo peso, y se ha incrementado el nivel de ausentismo escolar, ya que los padres no mandan a sus hijos a la escuela por carecer de zapatillas, ropa, útiles escolares, entre otros elementos indispensables.
Este escenario generó que las familias modifiquen su alimentación. El consumo de carne, por ejemplo, bajó significativamente. En los barrios, además, bajó de forma preocupante el consumo de leche, mientras aumentó muchísimo el consumo de la harina. Este combo produce obesidad en niños por el exceso de consumo de harina, o por falta de una dieta equilibrada. A su vez, las proteínas fueron sustituidas por arroz o fideos. A esta situación se suma que las madres dejan de comer para priorizar el alimento de sus hijos.

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