Raquel Petraglia, psicóloga.
Raquel Petraglia, psicóloga.
SIN PREJUICIOS

Jóvenes trans, gays y lesbianas viven su sexualidad cada vez con más naturalidad

La psicóloga Raquel Petraglia y el secretario de Cultura de la Federación Argentina LGBT, Andrés Ruffini, dialogaron con Democracia sobre la forma en que los adolescentes experimentan y expresan el género, favoreciendo el respeto y la no discriminación.

En el 2012 se sancionó la Ley de Identidad de Género (26743) que permite que las personas sean inscriptas en sus documentos con el nombre y género que elijan, sin que deba ser parte de ello la Justicia. Si bien fue un hito que muchos consideran pionero para Latinoamérica, lo cierto es que también entienden que fue una lucha de años y que aún hoy queda bastante por hacer en cuanto al logro de derechos para gays, lesbianas, transexuales y travestis.
Pero la ley es en parte la concreción o la confirmación en la que descansa un proceso mucho más personal que recorre un individuo desde su infancia hacia su adolescencia, incluso hasta su adultez.
Desde ese plano puede decirse que el despertar en la identidad de género se da en esa primera infancia. Ahí es donde -aseguran los expertos- comienza a formarse la experiencia individual del género, es decir cómo la persona lo siente y lo vive en su ser.
Más adelante, en la adolescencia, con sus transformaciones -que se dan tanto en el cuerpo como en la mente- es cuando pesa fuerte el inmenso mundo exterior que decide e impone en su costumbre y en sus patrones, quién es niño y quién es niña, hombre o mujer.
Aún cuando por años en la mayoría de los casos había vergüenza y necesidad de reprimir por temor a aquello que se sentía desde la sexualidad, hoy la mayoría de los jóvenes lo vive con mayor naturalidad y lo expresa sin tapujos en sus grupos de pertenencia, su familia y su entorno.
Democracia dialogó con la psicóloga Raquel Petraglia y el secretario de Cultura de la Federación Argentina LGBT, Andrés Ruffini, quienes desde sus ámbitos ampliaron aspectos de este fenómeno en los adolescentes, que sin dudas favorece el respeto y la no discriminación por la elección sexual del otro.

Derribar prejuicios y estereotipos
Si bien, en general, la persona comienza a resolver cuestiones de su identidad en la etapa de la adolescencia o la juventud, incluso en la adultez, según la psicóloga Petraglia: “En general se da por cuenta propia y como una decisión personal, pero los cuestionamientos sobre la identidad, sobre quién soy y qué ven los demás de mí, suelen aparecer más tempranamente, en la infancia”.
La elección de género, según la reconocida profesional juninense, “no tiene nada que ver con lo que indica lo biológico. El género es otra historia. Es una construcción social y cultural sobre qué es lo que se espera de una persona”.
Cuando un chico nace, “esas expectativas se basan en lo que le indica lo biológico pero en realidad el género pasa por otra cuestión, es decir por lo que elige esa persona, cómo se siente y si está en concordancia o no con los aspectos biológicos. Puede ser el caso de un nene que nazca con todas las características sexuales masculinas pero sin embargo se siente y quiere ser una nena”.
Por su parte, Ruffini hace hincapié en la importancia de derribar prejuicios: “La sexualidad es una construcción social y cultural, y constituye un devenir que debe desarrollarse en un entorno libre de prejuicios y de culpa. Por eso la importancia de que se implemente correctamente la ley de Educación Sexual Integral”.
En el mismo sentido, entiende que la identidad de género “no hace referencia a la sexualidad sino a la autopercepción del género y no debe confundirse orientación sexual con identidad de género, algo que suele suceder y es importante resaltar”.

“Más naturalizado”
La forma en la que los adolescentes llevan adelante su sexualidad y sus elecciones hoy, así como el modo de expresarlas, permite que rompan prejuicios o que ni siquiera piensen en ellos como tales.
Según Petraglia, la cuestión tiene mucho que ver con el momento en que vivimos: “Es una época donde está más permitido, más naturalizado, fundamentalmente por los chicos de su misma edad. A los adultos les cuesta bastante más”.
La tendencia en esta época, como explica la profesional “es despatologizar, no verlo como una enfermedad sino como una elección y por otro lado despenalizarlo, porque antes lo era socialmente o a través de las leyes. La ley fue una lucha muy ardua de mucha gente y costó muchísimo y garantiza el derecho y el respeto hacia la elección de la identidad que cada uno haga”.
Ruffini considera que “los adolescentes de hoy han crecido en una sociedad con menos prejuicios y con un marco legal referente a los derechos sexuales que se plasma institucionalmente en lo cultural y lo social. La ley de matrimonio igualitario creo que fue la piedra fundamental para el cambio cultural que hoy habilita en cierto modo a que los jóvenes se permitan sentir y desear con mayor libertad”.
En ese sentido, influyen y favorecen “los entornos de los chicos, sus grupos primarios y redes de contención que tienden a configurarse de otra manera. Hay un terreno más fértil para que se puedan compartir las vivencias vinculadas a la sexualidad y el género, se habla del tema, cosa que antes no sucedía”.

Hacia la diversidad
Más allá de cierta toma de conciencia respecto de la diversidad, en los últimos años no hubo avances significativos en torno a la discriminación, según aseguró Andrés Ruffini.
“La avanzada conservadora que se da en Latinoamérica impactó fuerte en Argentina y crecieron bastante los hechos de violencia y odio. No solo en materia de acoso, sino también en violencia física e incluso crímenes de odio. La comunidad trans es la más afectada en este punto”. Aún así, destacó que “es claro que la sociedad hace una lectura diferente de la sexualidad que la que hacía hace 20 años. Ese avance o apertura se debe fundamentalmente a la conquista de las leyes de la igualdad y al trabajo que se lleva adelante desde las organizaciones de activismo”.
Términos como “mariquitas” y “machonas” eran moneda corriente algunos años atrás, en los que se estigmatizaban comportamientos en niños y jóvenes que afortunadamente hoy se piensan un poco más antes de ser dichos. Aunque no en todos los casos.
Aún así, Petraglia entiende que “actualmente se puede pensar que se sufre menos porque está más aceptado, no obstante, a veces hay que enfrentarse a grupo de amigos, familia y entorno cuando lo deciden en la adolescencia. Si la decisión se da de chiquitos, lo dicen libremente y no les surgen conflictos, salvo que los padres lo rechacen. Porque cuando no se acepta se produce un conflicto entre la identidad que elige esa persona y la identidad por mandato biológico o cultural, por una sociedad represora”.

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