ABRIÓ SUS PUERTAS EN 1918

La bandera blanca, un comercio emblemático de Chacabuco con cien años de historia

El negocio cumplió un siglo de existencia el último septiembre y Héctor Francisco Dimattía, dueño actual y nieto del fundador, contó a Democracia cómo fue mutando el negocio y cómo se actualizaron para adaptarse a los tiempos que corren.

El 16 de septiembre de 1918, José Dimattía Betta abrió las puertas de La bandera blanca por primera vez. El negocio estaba ubicado en Pueyrredón 200, la misma esquina en la que se encuentra hoy. Por esos días, el lugar -de 700 metros cubiertos- funcionaba como tienda, talabartería y casa de empeño o montepio, es decir, allí prestaban dinero a cambio de objetos de valor, por eso también tenían sector de armería, herrería y carpintería para reparar lo que se empeñaba. Con los años, La bandera blanca pasó a ser tienda y talabartería únicamente y en la actualidad, Héctor Francisco Dimattía (68), nieto del fundador del comercio, continúa al frente del negocio, uno de los tres más antiguos de Chacabuco.
No hay vecino de la ciudad que pueda asegurar haber visto otra morada o comercio en ese lugar: hace un siglo que la tienda funciona en la misma locación. Actualmente el negocio conserva el aspecto de época, con ventanales amplios y toldos de chapa que cubren parte de la vereda en la ochava. Por dentro, el lugar tiene las típicas características de las antiguas casas donde podía comprarse ropa para toda la familia, camisetas, calzado, guardapolvos y blanquería. En el local hay pequeños pasillos separados por mostradores vidriados, con numerosas pilas de toallas de colores sobre la superficie y cajitas de cartón con ropa interior en los cajones. En las paredes, estanterías repletas de sábanas y colchas de distintas marcas, tiradores para el hombre, blusas para la mujer y almohadas de diferente tipo y calidad.

“Durante los primeros treinta años, en este lugar funcionó la casa de empeño, la tienda, armería y talabartería donde se confeccionaban piezas para los carruajes; también había un sótano donde funcionaba un polígono de tiro, ahí probaban las armas que arreglaban”, cuenta a Democracia el dueño del comercio Héctor Francisco Dimattía, y agrega “en 1948, se hizo una construcción nueva aquí mismo pero se conservó una parte de 1918, es donde antes estaba el taller de talabartería, hoy ya inactivo”. Muchos vecinos de Chacabuco, y el mismo Dimattía, aseguran que “La bandera blanca es como un museo”, porque en ese sector de construcción de 1918 hoy hay objetos antiguos de todo tipo que, a menudo, la gente entra para mirar; hay una sembradora de maíz para arado mancera, un sifón antiguo que se patentó en Inglaterra en 1800, botellas, radios, latas, entre otros objetos de tiempos pasados.
Héctor Francisco Dimattía forma parte de la tercera generación de dueños del local y este mes de diciembre se cumplen 50 años que atiende en el lugar. “Mi padre estuvo conmigo atendiendo el negocio hasta el 1999, previamente, hasta 1987, estaba también mi tío, y yo entré en 1968 a trabajar acá”. Hoy, a Héctor lo acompaña una empleada y uno de sus cinco hijos; “no sé hasta cuándo va a estar abierta la tienda, a mí me gustaría que mi hijo siga la tradición”, cuenta. En estos cien años de historia, donde los vínculos comercial y familiar se encontraron en un mismo camino, las estrategias de venta fueron cambiando y buscaron la forma de aggiornarse a los tiempos que corren sin perder la esencia que distingue al lugar. “Se venden cosas como en las tiendas de antes pero, por ejemplo, mientras que en otra época vendíamos más calzoncillos largos y camisetas para el señor, hoy vendemos buzos finitos de media estación, esa prenda reemplaza a las que se vendían antes”, cuenta Dimattía y agrega “acá tenemos clientes de toda la vida y muchos que van llegando nuevos, lo que más compran es blanquería, bombachas de campo, botas de trabajo y ropa en general”.

De 9 a 12 y de 16 a 20.30 -con una pausa obligada a la hora de la siesta- las puertas de La bandera blanca están abiertas para que la gente busque lo que le hace falta para el trabajo o el hogar. Dimattía asegura que, si bien bajaron las ventas, mantienen un caudal de clientes que se ubica en el parámetro normal. “La peor época fue durante los 90, con Menem, se vendía muy poco, casi nada, después vinieron los patacones y demás, de a poco se empezó a reactivar”, cuenta y agrega antes de terminar: “de todos modos, en cien años de historia, acá lo hemos vivido todo”.

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