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TRASTIENDA POLÍTICA

Como nunca antes, Vidal le imprimió su sello a las listas seccionales del oficialismo

Más allá de los nombres, el dato más significativo del cierre de las listas bonaerenses de Cambiemos es el sello indisimulable y hegemónico de María Eugenia Vidal en las grillas de todas las secciones electorales de la Provincia, algunas de las cuales eligen diputados y otras senadores. O lo que es igual: la oferta del oficialismo provincial en octubre será casi íntegramente vidalista.
El dato cobra relevancia porque eso no había pasado en los dos últimos desafíos electorales que tuvieron a la gobernadora como protagonista. En 2015, cuando le ganó al PJ, Vidal apenas si pudo colar un par de nombres de su estrecha confianza en las listas. El bolivarense Manuel Mosca, que luego sería titular de la Cámara de Diputados hasta su obligada licencia por un escándalo sexual, y Santiago López Medrano, que enseguida se mudó al gabinete provincial. No mucho más.
En las legislativas de 2017, Vidal -en ascenso franco dentro de Cambiemos- debió negociar con los otros sectores internos del macrismo la confección de las listas, con más cantidad de referentes propios. Lo que sucedió el último sábado a la medianoche, con el desplazamiento de sectores internos enfrentados a la gobernadora, pareció buscar la impronta propia en las nóminas, con nombres de llegada directa a ella o a sus hombres de confianza en materia política, como el jefe de Gabinete, Federico Salvai, o el ministro de Gobierno, Joaquín de la Torre.

Hubo cierta tensión en el cierre de listas entre Vidal y la Casa Rosada, acaso porque allí preferían algo menos traumático para Monzó.

Vidal acordó ciertos lugares en las listas, lo mínimo, con Jorge Macri, el intendente de Vicente López y hombre con mucho peso en el PRO, con Elisa Carrió, una aliada clave del presidente Mauricio Macri y con los radicales. Y se deglutió a un viejo rival interno: el titular de la Cámara baja nacional, Emilio Monzó. No le dejó ni un sólo casillero en ninguna de las ocho secciones electorales. Monzó sabía que en la negociación con Vidal iba a tener que sacrificar a alguno de los legisladores que le responden y que debían renovar. Pero no se llevó nada.
El viernes último a la tarde, la gobernadora y el diputado se reunieron para cerrar el tema. Monzó llegó con la promesa de que algunos de su tropa serían contenidos: antes, la gobernadora había tomado un café con el diputado nacional Nicolás Massot, jefe del bloque amarillo en el Congreso y alter ego del titular de la Cámara. Se leyó como una buena señal. Pero en el cara a cara, Vidal sólo terminó ofreciendo el tercer senador por la Octava Sección Electoral (La Plata). Esa banca hoy es del hermano de Monzó, Gabriel. Pero la gobernadora también hubiera aceptado al actual diputado Marcelo Daletto. Como sea, Monzó rechazó la limosna de un lugar poco expectante para octubre.
Hay una vieja inquina entre ellos, que se remonta a 2015, cuando Monzó intentó que el candidato a gobernador de Cambiemos sea Sergio Massa y no Vidal. En el vidalismo dicen, además, que Monzó nunca se supeditó al liderazgo de la gobernadora -revalidado en los comicios de medio término- y que siempre la menospreció políticamente. Vidal sueña que en un eventual segundo gobierno de Macri, el lugar de Monzó lo ocupe su ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, que encabezará la boleta de diputados nacionales del oficialismo en Buenos Aires.
Conviene volver a las negociaciones por las listas. Espantada con la idea de “peronizar” su espacio, como sugirió pícaramente Miguel Pichetto, Vidal le aceptó al candidato a vicepresidente la inclusión de la actriz Claudia Rucci como postulante por la Tercera Sección Electoral. Pero se quedaron con las ganas históricos dirigentes del duhaldismo que venían trabajando, como supuestos referentes pichettistas, para que los tuvieran en cuenta.
Hacia adentro de Cambiemos, Vidal ha mandado señales a futuro. Son las que dicen que, si logra reelegir, la cuestión legislativa quedará en manos de la camada de nombres nuevos que le responden incondicionalmente, encabezados por el actual funcionario y ahora candidato a diputado Alex Campbell, y a quienes los heridos del cierre de listas bautizaron como “Backstreet Boys”. El joven subsecretario suena como eventual nuevo titular de la Cámara baja provincial.
Hubo cierta tensión en el cierre de listas entre Vidal y la Casa Rosada, acaso porque allí preferían algo menos traumático para Monzó, que ha sido un soldado leal a Macri en lo legislativo y que tampoco fue contenido en la lista de diputados nacionales de la Provincia. Sólo su amigo Sebastián García de Luca, viceministro del Interior, figura en la grilla que encabeza Ritondo. Dicen que por esos tironeos los nombres del oficialismo se terminaron conociendo casi sobre la hora límite.
Los que quedaron enojados con Vidal hacen, obviamente, una lectura crítica de aquella voracidad de la mandataria para definir los nombres que irán a la Legislatura. Explican que puede ser un síntoma de que en La Plata se evalúa como un escenario posible la derrota en octubre en tierra bonaerense. De Macri y por ende de Vidal, lo que para ella sería la salida de la gobernación ya que no existe la segunda vuelta como sí sucede a nivel nacional. Los análisis que se escuchan en esas oficinas dicen que la gobernadora busca fortificar su músculo legislativo para resguardar a los fieles en la desgracia y mejorar su propia posición negociadora frente a una eventual nueva administración peronista. Las Primarias de agosto acaso confirmen o refuten ese razonamiento.

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