PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

La crisis del dólar altera el rumbo del Gobierno y cambia el escenario político

La turbulencia cambiaria visibilizó la interna de Cambiemos, que pasó los peores días desde que llegó al poder, mientras pierde fuerza la reelección de Macri.

Nada será igual después de la semana que pasó. La corrida del dólar, contenida por el Banco Central y el Gobierno a expensas de U$$ 5.000 millones de las reservas internacionales y de una fuerte alza de la tasa de interés tendrá consecuencias internas para la administración del presidente Mauricio Macri, pero también para el futuro de la oposición, que se debate entre los sectores más moderados y los que alientan la caída de Cambiemos sin ningún disimulo.
Se trata, en rigor, de una reacción clásica de la política argentina luego de que el Gobierno de turno emite una señal de debilidad. En medio del sacudón del mercado de divisas, que terminó en una nueva devaluación del peso, la dirigencia empezó a especular con que ya no debe darse por segura la reelección del presidente Macri en 2019, dado que su gestión está fallando en un terreno que se suponía había llegado para componer: la economía que dejó el kirchnerismo.
El razonamiento de esa dirigencia, a la que el macrismo considera inserta en el “círculo rojo” y que no es sólo política, sino también empresaria y sindical, pone de relieve que el Gobierno la pasó realmente mal en un terreno en el que parecía estar cómodo, como lo es el financiero. Para utilizar una imagen futbolera, es como si un equipo que nunca pierde de local, un día resulta desbordado por los rivales, que no sólo le llevan peligro sino que también lo llenan de dudas.
El desconcierto oficial quedó expuesto en los últimos días y agitó su propia interna: desde la decisión de Macri para que el partido lo jugara Federico Sturzenegger al comando del BCRA antes que la mesa económica de la Jefatura de Gabinete, que capitanea Mario Quintana; hasta las versiones sobre un desplazamiento del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne; pasando por el recorte de fondos de obra pública que perjudica a los ministerios de Interior y Transporte.
Pareció, en el fondo, que el Presidente decidió desandar el camino iniciado el 28 de diciembre pasado, cuando el Banco Central cedió parte de su autonomía ante la Jefatura de Gabinete, casi a modo de reconocimiento de que la receta elegida en aquel momento no había funcionado. El jefe de Estado optó ahora por una salida ortodoxa –ajuste del gasto público, suba de la tasa de interés- que mostró, en un lapso de crisis, la línea económica con la que se siente más seguro.

Gradualismo en duda
El mentado “gradualismo” se vio obligado entonces a acelerar el paso en la búsqueda de la convergencia fiscal, una señal que requería el mercado ante las dudas que se abrieron sobre el financiamiento internacional al programa económico del Gobierno, que depende centralmente del endeudamiento externo. “Los inversores sólo tienen miedo a que nosotros no ganemos y que el kirchnerismo logre boicotearnos”, fue la explicación que le encontró Elisa Carrió a la corrida.
La jefa de la Coalición Cívica estuvo en la Casa Rosada y en la quinta de Olivos durante las peores 48 horas de Cambiemos en el poder. Sintió la necesidad de ponerle el cuerpo al mal momento como nunca antes lo había hecho en la faz pública, ya que sus intervenciones suelen ser críticas para algunas políticas del Gobierno –como el aumento desproporcionado de las tarifas- y luego busca inducir al macrismo en encuentros reservados. Pero ahora se puso espalda con espalda.
Carrió balanceó así el repentino protagonismo del presidente de la UCR, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, que había ondeado la bandera de la disidencia interna cuando reclamó al Gobierno nacional que levantara el pie del acelerador con el ajuste tarifario. Pero el presidente Macri sólo aceptó modificar el plan de pagos y ahora, con el nuevo contexto económico, será más difícil aún que cambie su decisión. Ergo, la UCR y la CC se quedaron sin margen de maniobra.
Por eso, el interbloque de Cambiemos se opondrá de forma tajante al proyecto del PJ federal y el massismo para que los aumentos de tarifas vayan atados al coeficiente de variación salarial, una iniciativa que será tratada el próximo miércoles en la Cámara de Diputados.
La votación estará peleada pero en principio tiene más chances de ganarla la oposición, dado que en este asunto la unidad es prácticamente completa. Incluso el kirchnerismo se plegó, sin liderar la avanzada.
La CGT, en tanto, parece atender otro juego, o no sabe cómo solucionar sus cortocircuitos internos. En principio, en medio del clima enrarecido por la inflación, las tarifas en aumento y la corrida cambiaria, la central obrera postergó toda definición acerca de un posible paro.
Antes de quedar en vilo por la corrida del dólar, la Casa Rosada había iniciado una ronda de contactos con los gobernadores provinciales, del PJ pero también independientes, es decir no alineados con fuerzas nacionales- para que influyeran entre los diputados de sus distritos. En principio, tanto el cordobés Juan Schiaretti como el salteño Juan Manuel Urtubey dieron el visto bueno, pero luego aparecieron reparos políticos que parecen insoslayables de cara a 2019.

Reordenamiento peronista
En Córdoba, por caso, sesionará mañana el Consejo Nacional de Cambiemos. Se sabe que la provincia mediterránea es considerada un bastión del oficialismo y que el año próximo intentará hacerse de la Gobernación, en detrimento del PJ local en el que reporta Schiaretti.
En Salta, en tanto, hay un condimento extra: el gobernador Juan Manuel Urtubey es mencionado como un probable candidato presidencial del peronismo moderado, el que intenta dejar atrás al kirchnerismo.
Urtubey, al igual que Sergio Massa (promotor del proyecto de ley para gravar la renta financiera) y por afuera del PJ pero cada vez mirándolo más de cerca, es un exponente de lo que podría denominarse como el peronismo pro-mercado, con el que Macri debería sentir más amenazada su permanencia en el poder dado el nuevo escenario político que se abre con las turbulencias cambiarias y financieras.
El comportamiento de Urtubey no es lineal: mientras se muestra conciliador con Cambiemos, sus alfiles legislativos endurecen las críticas. Tanto es así, que el diputado Pablo Kosiner –en renovada sintonía con la massista Graciela Camaño- calificó de “lamentable” que el ministro Dujovne haya “agraviado” a la oposición durante la conferencia en la que anunció la nueva meta de ajuste fiscal. Con Agustín Rossi como figura más relevante y la asistencia técnica de Axel Kicillof, el kirchnerismo hace por su parte un planteo más dramático, similar al de la izquierda, que preanuncia la irrupción de una crisis como la de 2001.
Asoma, de ese modo, un nuevo ordenador de la interna peronista. Con el kirchnerismo jugando las fichas a la crisis terminal, el peronismo moderado tendrá más chances de encarnar un nuevo liderazgo si la economía no colapsa pero, al mismo tiempo, le impide a Macri transmitir certidumbre sobre el rumbo emprendido. Las consecuencias que tendrá la devaluación sobre los sectores de ingresos fijos –trabajadores, jubilados- se inscriben en esa línea de razonamiento.
Para el Gobierno, en tanto, la mirada estratégica se ve ahora acuciada por las urgencias del corto plazo. Las dos más inmediatas son el posible -y previsible- traslado a precios del aumento del dólar y el próximo vencimiento de las Lebacs, que será otra prueba para el andamiaje financiero que montó el Banco Central.
El presidente Mauricio Macri viene de ratificar al equipo económico en su momento más delicado, pero en la Argentina los cambios suele imponerlos la realidad.

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