TRIBUNA DEL LECTOR

Decadencia moral

El filósofo y escritor Tomás Abraham, refiriéndose al problema de la corrupción, que compromete directa o indirectamente al Gobierno nacional, lo sintetiza notablemente con esta frase: “…la corrupción dejó de ser un problema moral, para transformarse en un problema político”.
Paralelamente, trascendieron los resultados de una encuesta efectuada sobre el tema, en la que aproximadamente el 50% de la población consultada manifestó que no le preocupa la corrupción.
Muchos de los que así opinaron, seguramente partidarios o votantes del kirchnerismo, se justificaron con aquello de: “roban, pero hacen”.
Esto es realmente alarmante y nos debería llamar a la reflexión, porque evidencia que un segmento muy importante de nuestra sociedad está dejando de lado una escala de valores tradicionales y normas legales que hacen a la esencia de la convivencia democrática, las que en modo alguno han caído en desuso.
A mí, personalmente, me ha servido para encontrar una explicación a la actitud asumida por personas de mi conocimiento, a las que considero culturalmente preparadas e informadas, que defienden a ultranza el “relato” oficial. Así lo llamo, porque no puede hablarse de proyecto, porque éste todavía no existe. En un momento atribuí esta conducta al renovado impulso dado a los juicios por las violaciones a los derechos humanos, que impactaron fuertemente en la población, pero de allí a justificar todos los actos del régimen populista autodenominado progresista, hay un largo trecho.
Volviendo a las denuncias que se formulan al Gobierno, me parece absolutamente improcedente su desestimación por tratarse de una “operación destituyente y golpista de las corporaciones mediáticas y empresariales” opositoras. Y reflexiono, por aquello del “que calla, otorga”, que no he escuchado ninguna réplica a los cargos de parte de los imputados, manifestando que esta estancia no me pertenece, o este inmueble, o esta sociedad o que es inexacto que la familia Kirchner adquirió a precio irrisorio cerca de 30.000 metros de terrenos en El Calafate, etc.
Ahora, para neutralizar las consecuencias legales de los actos de corrupción, es imprescindible contar con impunidad y ésta se logra, ya sea perpetuándose “in eternum” en el poder o con la complicidad de jueces funcionales. Como se logra la adhesión incondicional de algunos magistrados, teniendo el control del órgano que interviene en la designación y/o destitución de los mismos, esto es el Consejo de la Magistratura, que constituye quizá el principal objetivo de la actual Reforma Judicial.
Para finalizar, creo que la frase más feliz pronunciada en estos últimos años, fue aquella ¡Que se vayan todos!, ahora le agregaría: ¡Los que lo merezcan, a la cárcel!

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