La actriz francesa Noemie Lenoir, durante el desfile de Jean Paul Gaultier, este miércoles.
La actriz francesa Noemie Lenoir, durante el desfile de Jean Paul Gaultier, este miércoles.
MODA

Alta costura, religión y cabaret

El 'show' de despedida de Jean Paul Gaultier acaparó la atención de la Semana de la Alta Costura de París que estuvo protagonizada por la sostenibilidad

La alta costura responde a otros intereses además de vestir a los 4.000 clientes que se le supone. Ayuda a reforzar la imagen de lujo y ensueño que rodea a las marcas y las hace deseables, y es un símbolo de prestigio: solo 33 firmas de todo el mundo son invitadas a desfilar en la Semana de la Moda parisiense que se clausuró el pasado jueves. Además, permite experimentar y desarrollar tejidos y técnicas; y proponer y testar nuevas tendencias que luego se desarrollarán en el prê-à-porter. El estado del sector puede pulsarse en las claves que arroja esta pasarela:

Saber irse. Es una de las cosas más difíciles en la vida y en la moda. Y, como en otros aspectos, Jean Paul Gaultier ha demostrado ser un maestro también en este arte. El miércoles por la noche se despidió de las pasarelas tras 50 años de carrera con un desfile-espectáculo de más de una hora: Boy George cantó Back to Black de Amy Winehouse y el diseñador reunió sobre el escenario del teatro Chatelet a sus musas y amigas: desde una inconmensurable Rossy de Palma, hasta las hermanas Gigi y Bella Hadid, pasando por Amanda Lear, Dita Von Teese o Paris Jackson.


‘Upcycling’. Este término hace referencia al suprareciclaje o utilización creativa de residuos para fabricar productos más elevados o de mejor calidad que los originales. Y aunque parezca increíble tratándose de una industria basada en la artesanía y el lujo más exquisitos, este fue uno de los conceptos más repetidos en París. John Galliano, director creativo de Maison Margiela, y Gaultier coincidieron en denunciar que “ya hay demasiada ropa en el mundo”. El primero lo hizo en el podcast de la firma que capitanea desde hace seis años y el segundo, en una entrevista concedida a El País Semanal. En su colección para la próxima temporada, Galliano refleja el ascenso de la burguesía y el capitalismo después de la Revolución Industrial con prendas compuestas, en su mayor parte, por materiales y ropa de segunda mano: diseccionados, ensamblados a otros o deconstruidos. “Un upcycling de los valores”, como definía esta colorista y poderosa propuesta en su nota de prensa. Un trabajo que puede resultar revolucionario dentro del sector, pero no de la firma: la reutilización ha sido uno de los pilares históricos del legado de su fundador, Martin Margiela. Gaultier, por su parte, buceó en los mercados de pulgas, en sus propios armarios, archivos y atelier para componer la colección en la que rediseña y recrea algunas de sus prendas más icónicas. También los experimentales Viktor & Rolf, pioneros del upclycling en alta costura, volvieron a emplear esta técnica en una propuesta que giraba en torno al patchwork y la idea de la vuelta a la vida en el campo.
Vestir el hábito. La religión y su iconografía también estuvieron muy presentes. Maria Grazia Chiuri apeló en su colección para Dior a las deidades griegas y convirtió a sus modelos en sofisticadas versiones de Atenea: sacerdotisas que oficiaban en una instalación con forma de útero de la artista Judy Chicago, famosa por obras sobre el concepto de nacimiento y creación. Por el internado católico en el que Virginie Viard se inspiró para Chanel, desfilaron austeras novicias ataviadas con sencillos vestidos negros de inmaculados cuellos blancos. Y en el claustro del palacio de Sissinghurst que Claire Waight Keller reprodujo para Givenchy se vieron inmensas pamelas que evocaban la cornette, la cofia almidonada que utilizaban las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. Pero si hay un diseñador que ha convertido la estética monacal en una de sus señas de identidad, ese es Pierpaolo Piccioli, que, aunque en su último trabajo para Valentino dice inspirarse en el inconsciente colectivo de Jung, no renuncia a sus ya icónicos vestidos y abrigos túnica. Hasta Armani hace un guiño a la indumentaria de los sacerdotes japoneses en sus americanas.

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