Con un emotivo y brillante recital,  Argentango presentó su nuevo disco
UN TRIBUTO AL CORAZÓN DE LOS TANGUEROS

Con un emotivo y brillante recital, Argentango presentó su nuevo disco

El domingo último fue un día especial para el dos por cuatro juninense, ya que uno de los pocos conjuntos que a duras penas logra sobrevivir dentro del camino desolado por el que transita el género, festejó sus quince años de trayectoria. Se trata de Argentango, quien también adosó otro ingrediente al brillante espectáculo brindado en El Salón de la Sociedad Italiana, bajo los auspicios de la Sociedad Española: la presentación de su CD “Juntos”, editado en colaboración con la FM Tango (104.9), emisora regenteada por Carlos Giacobini.
La agrupación, conducida desde el bandoneón por Lalo Rasia y acompañado en los teclados por Hilda Isaac, contó con las voces de Andrés Pastorino, María Ángela Picchi y Osmar Pagano. La presentación estuvo a cargo de Agustín Prezioso, siempre justo y sobrio, como es una moneda tradicional en él.
Ya en la apertura del concierto quedaron esbozados los rasgos del conjunto, con “Melancólico”, el bellísimo tango instrumental de Julián Plaza. Como en aquel paradigma del “Gordo” Troilo, lo rítmico y lo melódico se dan la mano en esta música tan emblemática. Pero enseguida sobreviene otro sesgo, otro perfil de Argentango, con tres canciones muy emotivas, generadas por quienes le dan matices vocales a la orquesta: “Tal vez será su voz” (Osmar Pagano), “Barrio de tango” (Andrés Pastorino) y “Soñemos” (María Ángela Picchi).
Hubo reelaboraciones de temas antológicos, como “Corralera” y “Pe-ca-chi” (de José Basso, que dedicó a sus hijos Pepito, Cachito y Chichita) y deliciosos momentos con “El abrojito” (Pastorino), “Malena” (Picchi) y “Secreto” (Pagano). Todos ellos enriquecidos por imaginativos arreglos de Rasia e Isaac y rescatando, como si fuese poco, el trazo canyengue y el costado nostálgico.
Entre emociones, aplausos y resabios añejos de nuestra música tanguera, se sucedieron hallazgos invalorables, tales como “Pichuqueando” (monumental versión de Domingo Mattio), “Sin lágrimas” (Picchi), “Bandoneón arrabalero” (Pastorino), “En esta tarde gris” (Pagano), “Nocturna”, “Danzarín”, “Rosas de otoño” (Pagano), “Pasional” (Picchi), “Barrio pobre” (Pastorino) y “Taruchito”. Como cierre, el siempre vigente “Desde el alma”, que transformó aquellas resonancias antiguas del hermoso vals, en nuevas y modernas líneas melódicas.

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