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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Reverdecer de los enojo

Cuestiones de gobierno y políticas, varias de ellas entremezcladas como suele ocurrir, parecen haber reabierto una temporada de enojos entre varios y diversos actores. En términos institucionales, las "broncas" más serias de los últimos días son las que reaparecieron entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, en la medida que refieren a una de las problemáticas más agudas que afronta la mega área metropolitana que conforman la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense, la del destino final de los residuos domiciliarios.
Esa región, en la que viven 14 millones de personas, produce unas 21 mil toneladas diarias de basura que se entierran en el único predio que sigue abierto: una "punta" de Campo de Mayo, en el distrito de San Martín, que antes de que promedie el 2013 también estará colapsado según los especialistas. (La excepción es La Matanza, que dispone sus residuos en un relleno de González Catán, ya desbordado y con orden de cierre de la Justicia).
El problema se parece peligrosamente a un callejón sin salida: cada vez se produce más basura, nadie recicla ni reduce lo que debe enterrarse y ningún distrito acepta que se abran rellenos en sus territorios.

Scioli vs. Macri y viceversa.

En ese marco, Scioli intimó ahora por escrito a Macri a cumplir con el compromiso de reducción de la cantidad de basura a enterrar asumido hace tiempo y amenazó con no permitirle seguir con el vuelco en territorio provincial.
El porteño respondió con evidente enojo, recordándole a Scioli que los distritos del Conurbano también están obligados a reducir la cantidad de basura que se entierra y tampoco han dado un solo paso en ese sentido.
Lo que no detalló Macri en su respuesta pública pero sí en privado, es que de las 21 mil toneladas diarias de basura que produce el área, "sólo" 6 mil son porteñas, de modo que el inminente agotamiento del relleno de San Martín no se evitaría prohibiéndole a la capital federal seguir con los vuelcos. Y dice también que si esa prohibición se concretara, su gobierno también instrumentaría "prohibiciones" y los distritos del sur del Conurbano la pasarían mal: utilizan como centros de transferencia los de la capital federal y tienen que cruzar ese distrito para llegar a San Martín.

¿Una bomba de tiempo?

Pero Scioli también dice cosas en privado y coincide en parte con Macri. Advierte que los municipios bonaerenses no pueden dilatar más el reciclado y la reducción de residuos y cree que, nucleados por regiones, tendrán que abrir sus propios rellenos.
Y Macri masculla algunas cosas más. Por ejemplo, que hasta que cada distrito se ponga las pilas para hacer lo que tiene que hacer -que es carísimo, razón de la inmovilidad de muchos municipios-, se podría ampliar el relleno de San Martín con un predio contiguo de Campo de Mayo. Y que la negativa de la Presidenta a cederlo es una "decisión política" y "no técnico-ambiental". Como considera también "política" esta "crisis" de reproches con Scioli, a quien adjudica una búsqueda de "quedar bien con Cristina" saliendo a intimarlo a él.
El Gobernador, por su lado, cree que cuando colapse el relleno de San Martín, estallará un problema que estará inevitablemente condimentado por factores políticos, pero que será, por sobre todo, una crisis de gestión de una gravedad inusitada: la imaginable si no hay dónde poner la basura que producen 14 millones de personas. Y es probable que eso pase en el medio de un año electoral.

Broncas cruzadas

Pero también hubo otros enojos en estos días. Como el que mostró públicamente la Casa Rosada frente a la idea del gobierno de Scioli -y de varios municipios gobernados por el peronismo- de cobrar un nuevo impuesto, sobre las compras de combustibles, para afrontar obras de reparación de las rutas.
Llamó la atención la extrema dureza -y el enojo, se diría- con que varios voceros de la Rosada salieron a defenestrar la iniciativa. Tanta que Scioli tardó minutos en ordenar que se informara que se "congelaba" la idea.
Pero en su gabinete también abundó el malestar. "Si no quieren que tomemos una medida propia de financiamiento, que nos proporcionen ellos los fondos para arreglar las rutas, que no pueden seguir así. Que nos aumenten, por ejemplo, el porcentaje de participación en el Fondo Sojero, ya que son los camiones `de la producción` los mayores responsables del deterioro de los caminos", rumiaron puertas adentro.
Mientras tanto, y tras dos semanas en las que el sciolismo se ocupó de mantener una eventual candidatura presidencial de su jefe en el centro del escenario político, la Casa Rosada mostró cuánto le molestaba la movida. Primero, el vicegobernador Mariotto tildó de "capricho" de hombres cercanos a Scioli eso de andar meneando esa postulación. Y fue claro al transmitir la consigna K en la materia. Al próximo candidato presidencial lo elegirá Cristina, dijo.
Luego, el ministro Randazzo fue más lejos. Definió como "una falta de respeto a la gente" hablar de candidaturas del 2015.Scioli, que protagonizó algunas de esas movidas por su postulación, coincidió con sus críticos en otras. Se molestó, por ejemplo, con uno de sus ministros que salió a decir que el Gobernador iba a ser el próximo presidente. Pero no por eso se piensa quedar quieto. Con argumento de acto institucional, piensa cerrar el año con una movida de varios miles de asistentes y al estilo Scioli: al ritmo de Cacho Castaña y Karina, la princesita de la bailanta.
Pero las mayores tensiones en el oficialismo anidan por estos días en torno del PJ bonaerense. Que un grupo K haya empezado a organizar la renovación de autoridades partidarias prescindiendo de los consejeros, ya motivó una reunión de los "excluidos" encabezada por referentes del sciolismo y allegados al intendente de Tigre, Sergio Massa, para "trabajar juntos en las cuestiones del partido".

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