Migrantes venezolanos caminan hacia la frontera con Perú.
Migrantes venezolanos caminan hacia la frontera con Perú.
EL ÉXODO SIN FIN

Cerca de seis millones de venezolanos emigraron en 2019

En su mayoría son jóvenes que huyen de la crisis, en busca de un futuro mejor para los suyos. Desde el exterior, envían remesas a sus familias para que puedan subsistir.

“Prefiero despedirte en el aeropuerto que en el cementerio”. Esa es la última frase que muchos jóvenes venezolanos han escuchado antes de volar, abandonar su país y lanzarse a buscar un futuro mejor para ellos y sus familias. Sus parientes que han quedado atrás, en un país en crisis, dependen de las remesas en una nación empobrecida y vaciada a la que le falta el 20 por ciento de sus ciudadanos.
Y quienes escucharon la frase son los afortunados. Las lágrimas en los aeropuertos de Venezuela son solo para quienes pueden pagar un pasaje. El 2016 sorprendió a todo el continente americano con una oleada de ciudadanos del país petrolero que desde entonces han recorrido sus rutas a pie en busca de un futuro mejor. Migrar también es una cuestión de clases.
Como si apelaran a la mística de Simón Bolívar, edulcorada hasta la extenuación desde la escuela en los últimos dos siglos, recorrieron los mismos caminos que atraviesan Colombia, el principal receptor del éxodo venezolano. Cruzaron los mismos páramos en que sus soldados dejaron las marcas de sus pisadas y algunos de ellos murieron en las mismas alturas en las que fallecieron de hipotermia los guerreros que se enfrentaron al imperio español.
“Venezuela no está en guerra. La guerra de Siria ha provocado más o menos 500.000 muertos en una confrontación bélica (...) Venezuela, que aparentemente no está en guerra, tiene un número próximo a los 400.000 homicidios en 20 años”, explica el sociólogo Tomás Páez, coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana.
Por si fuera poco, Páez detalla que en este momento “el 90 por ciento de la población está en situación de escasez de todo”. Ese todo abarca medicamentos, alimentos, trabajo y esperanzas de mejora. Por eso concluye: “No estás en guerra pero hay dos fases letales que recogimos en el estudio” con los venezolanos de la diáspora.
La primera es la que escuchan los jóvenes en el aeropuerto antes de partir, la segunda es todavía más gráfica: “En Venezuela la única nevera (heladera) llena es la de la morgue”.
“Nadie despide a sus hijos con agrado pero frente al hecho de que es posible que se muera por cualquier bala perdida prefieren ver a sus hijos fuera del país (...) Eso es un acto de vida, no hay que verlo desde el acto negativo”, considera Páez. Todo esto genera unas condiciones que impulsan a los venezolanos al exterior, una situación que no ha cambiado y que continuará en 2020.

Cifras inciertas
Los datos de la ONU cifran en casi 5 millones los venezolanos que han salido del país. Sin embargo, el Observatorio de la Diáspora lo eleva hasta 5,7 millones de personas. Desde 1999 hasta 2015 salían del país 120.000 personas por año. Pero a partir de 2016 se produjo el gran estallido y, frente al derrumbe de una economía de la que hoy apenas quedan rescoldos, el número se multiplicó.
Es difícil siquiera concebir un dato solo asimilable al de Siria y que ha mostrado al mundo imágenes que recuerdan a las de los españoles cruzando los Pirineos camino al exilio. Nadie se lanza a recorrer los caminos de América latina, expuesto a la hipotermia o la insolación, si eso no fuera mejor que lo que dejan atrás.
Los augurios no son mejores para el año entrante. El economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, prevé que en 2020, Venezuela va a vivir su séptimo año de contracción económica. Estima que 2019 cerrará con una caída de la economía que ronda el 39 por ciento, aunque la Cepal calcula que será del 25,5 por ciento.
Para 2020, Oliveros augura que el descenso será del 10 por ciento, un ritmo aminorado pero que muestra que Venezuela no ha tocado fondo. Por si fuera poco, se calcula que la inflación cerrará este año en el 15.000 por ciento y que el próximo será de cerca del 3.000 por ciento.
Poca esperanza para quienes aún “le echan pichón”, la expresión que más se escucha en las calles de Venezuela y que se puede traducir como trabajar a destajo para labrar un futuro. Mucho pichón para poco resultado. El flujo migratorio continuará y seguirá inundando las calles y rutas de Iberoamérica.

Las remesas
Los jóvenes dejan atrás a sus familias con sueldos que ligeramente superan los 4 dólares en la mayoría de los casos. Del dinero que envían a sus casas viven sus parientes y son conscientes de ello. Solo este año, según datos de Ecoanalítica, han enviado 3.500 millones de dólares en remesas. Un alivio para quienes quedaron atrás.
Para el año próximo y en previsión de que el éxodo aumente, calculan que la cantidad se incrementará hasta los 4.000 millones de dólares lo que, según explica Oliveros, supone algo menos de cinco puntos del PBI, un dato bajo pero que implica “un crecimiento muy importante”.

Una nueva vida
Quienes se irán en 2020 ya han comenzado a preparar su viaje. Son aquellos que han aguantado todo lo posible pero ya no se imaginan un futuro, ni tan siquiera un presente, en su país. Son personas como Abraham Barrios, de 29 años.
Él, que tiene la posibilidad de hacerlo, se marchará a España donde espera comenzar a construir una nueva vida. Allí aspira a “tener una vida normal”, una quimera en su Caracas natal. Intentó subsistir de distintas maneras, a través de varios trabajos, pero no funcionó. En España, planea empezar una nueva vida que implica quemar las naves en su sentido más literal. Se sumará a los casi seis millones de compatriotas que casi han olvidado la posibilidad del regreso.

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