Pantallas en nenes y la gran pregunta: ¿cuánto tiempo deberían usarlas?
COSTUMBRES COTIDIANAS 3.0

Pantallas en nenes y la gran pregunta: ¿cuánto tiempo deberían usarlas?

Mientras algunos hablan de los aspectos nocivos de tablets y celulares en los más chicos, otros destacan los beneficios educativos y de desarrollo que estos dispositivos pueden generar en los tiempos actuales.

En primer grado y a punto de cumplir los seis años, Lola repite sus berrinches después de cenar casi siempre por el mismo motivo: la tablet. “Quiere mirar los videos de Pepa Pig todas las noches”, cuenta su madre, quien, cansada de tantos llantos, retos y pucheros, consultó con una psicopedagoga amiga y obtuvo una respuesta que acaso no esperaba: “Me dijo que las pantallitas tenían muy mala fama pero que estaba pésimo limitarles algo que es parte de la vida cotidiana. Coincidimos en poner límites y fijar horarios, pero me aseguró que no se puede ir en contra de los tiempos y privar a los chicos de una herramienta que los ayudará en su futuro”.
Razonable aunque no ajeno al debate, la mirada de la profesional consultada por esta madre entra en sintonía con una renovada mirada de especialistas que, subidos a los resultados de flamantes informes, destacan los beneficios educativos y de desarrollo que los diferentes dispositivos tecnológicos pueden ofrecer a los más chicos. De todos modos, los mismos expertos aseguran que cada chico es un mundo y en ese mundo se deben establecer pautas y límites precisos. Entonces surgen las preguntas de siempre: ¿a qué edad conviene que un nene empiece a interactuar con una pantalla? ¿Cuánto tiempo es recomendable que las usen?

Si bien no se conocen estudios que prueben las secuelas emocionales en niños que hayan sido privados del acceso a Internet, no son pocos los entendidos en la materia que infieren que pueden aparecer efectos negativos a largo plazo que obstaculicen el desarrollo socio-cultural de un joven que quedó fuera del circuito. “Los adultos deberían dejar ir la idea de que el pasado fue mejor -sentencia la psicoanalista Sonia Almada: los juegos de antaño, las formas de lectura y los tiempos de espera. El mundo ha cambiado y nos encontramos frente a nuevas formas de conocernos, informarnos, educarnos y vincularnos”.
Opiniones al margen, lo cierto es que las pantallas táctiles son parte fundamental en la cotidianeidad de los nativos digitales. Los padres los dejan al cuidado del entretenimiento audiovisual para tener así un poco de alivio y, ya sea en casa, mientras esperan un turno en el médico o cuando viajan en auto, dejan que ellos, los pequeños, vayan de pantalla en pantalla con los ojos fijos en sus videos favoritos.
Para la psicoanalista juninense Raquel Petraglia –especialista en problemáticas de niños y adolescentes-, “hay que fijar edades, porque hay chicos que tienen Facebook y no están preparados, por eso hay que marcar límites, no para invadirlos, sino para preservarlos de cuestiones de riesgo”.
Y agregó: “Las nuevas tecnologías han provocado modificaciones en la conformación de las subjetividades. Hay un exceso de información, un exceso de presente, un sobreestímulo efímero que provoca –y esto se observa en el consultorio- una carencia de razonamiento, de reflexión, de sentimientos de pertenencia a una familia, a una historia. Hay chicos que no saben a qué escuela fueron sus padres, justamente porque no hay diálogo, y porque los padres también están con el celular”.

Analítica de la cuestión y fiel observadora de la cultura juvenil, Roxana Morduchowizc -autora precisamente del libro “Los chicos y las pantallas”- toma la posta en el universo de opiniones y, sin querer precisar cantidad de tiempo en cada caso pero fijando edades para tal o cual dispositivo, plantea la famosa regla del 3-6-12, elaborada en 2008 por el psicoanalista francés Serge Tisseron y avalada por varios especialistas en el tema. La propuesta es que los chicos eviten mirar tele hasta los 3 años, que a partir de los 6 incorporen la Web y el uso de la computadora y que recién a los 12, a punto ya de terminar el colegio primario, tengan su primer celular.
Hace poco más de un año, la Academia Americana de Pediatría aseguró que no es aconsejable el uso de ningún dispositivo electrónico antes de los 18 meses, y que entre los 18 y 24 meses puede haber un uso de la tecnología sólo cuando el contenido sea el apropiado para la edad y el niño esté acompañado por un adulto. Otra de las sugerencias es que, entre los 2 y los 5 años, el tiempo máximo de exposición a las pantallas no sea más de una hora por día y en compañía de un adulto. Y a partir de los 6 años es necesario que se limite el tiempo de consumo, que el contenido sea apropiado para la edad, y que no afecte el sueño, la sociabilidad y la actividad física.
“En esto no hay mandatos sagrados y los padres deben basarse en su sentido común -opina Morduchowicz-. Lo importante es que un chico tenga su celular cuando tenga una necesidad de comunicación, es decir, cuando empiece a moverse en ámbitos al margen del control de sus padres. Es fundamental dialogar con el chico sobre lo que ve en la pantalla. Pedirle que cuente lo que vio, lo que sintió, etcétera, para de esa manera promover la alternancia entre la capacidad visual y la narrativa”.
Claro que no todos los padres están informados sobre lo que pediatras y psicólogos creen acerca de los altos niveles de exposición a pantallas. La OMS (Organización Mundial de la Salud) y estudios recientes alertan sobre las consecuencias de los altos niveles de consumo y aseguran, a la vez, que los niños y jóvenes están expuestos un promedio de 4 veces más de la recomendada a estos dispositivos, con consecuencias que amenazan su salud. En algunos casos, la media de exposición a las nuevas tecnologías es de 45 horas por semana.
Para niños de entre dos y cinco años, la SAP (Sociedad Argentina de Pediatría) recomienda menos de una hora por día de consumo de pantallas y aconseja que la actividad esté acompañada siempre por un adulto. Mientras que para los chicos mayores, el límite de exposición es de dos horas por día entre todas las pantallas, algo que, basta con una simple recorrida por cualquier hogar, casi nunca se cumple.

“Los dispositivos forman parte de la realidad, y más aún de la realidad de las nuevas generaciones -dicen desde la Asociación Psicoanalítica Argentina-. Evidentemente, pueden ser un instrumento didáctico y existen aplicaciones que tienen por objetivo el aprendizaje y práctica de determinadas funciones cognitivas”.
Pese a que la mayoría de los expertos coinciden en que las pantallas no son tan nocivas como algunos pueden creer -y que todo está relacionado en función de la cantidad de tiempo que se le dedique a ellas-, también advierten que el mundo virtual acostumbra a los más chicos a la inmediatez en las respuestas y eso, subrayan, puede resultar contraproducente y provocar intolerancia a la frustración y ciertos desajustes de la impulsividad.
Según un estudio de la Universidad de Michigan del año pasado, la cantidad de tiempo que un niño pasa frente a las pantallas no es tan importante como la dependencia. Pasar demasiado usando celulares y tablets, asegura el trabajo, se relaciona con la falta de sueño, retrasos en el habla y malas habilidades sociales. Sin embargo, la investigación descubrió que la clave está en descubrir si el uso causa problemas en otras áreas de la vida o se ha convertido en una actividad que lo consume todo. Sólo recién cuando esto sucede, se considera adicción a la pantalla.
“Lola protesta porque sabe que tiene nada más que una hora para mirar la tablet antes de cenar -cuenta la madre-, pero de a poco se acostumbra y lo acepta. Si fuera por ella podría estar horas enteras sin sacar los ojos de la pantalla. Y eso me da miedo; ves a los nenes como hipnotizados y te impresiona. Pero bueno, por eso tenemos que estar atentos y fijar bien los horarios de uso. Y como me dijo mi amiga psicopedagoga: ‘si después de todo eso sigue encaprichada y llorando, dejála que llore todo lo que quiera...’”.

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