LUIS SOLARI

El dolor del adiós a un luchador

Luis Solari, murió pocos días atrás, después de sufrir un accidente cerebro vascular del que no pudo reponerse. A lo largo de su vida fue psicólogo, casi arquitecto, músico, pintor, literato, periodista y hasta se animó a incursionar en cine, pero la militancia social y su lucha por todas las causas nobles sintetizaron su rica personalidad.

Hay hombres que pasan por este mundo y dejan una huella indeleble; hay hombres que nacen líderes y aunque suelen parecerse mucho a la gente común, marcan enormes diferencias con los demás, porque tienen la enorme virtud de vivir del mismo modo que piensan, sin apartarse de principios, valores, convicciones.
Pocos días atrás murió Luis Solari, una de esas personas que son capaces de trazar el camino, de abrirlo, de mostrarlo a los demás y de transitarlo con determinación en busca de la justicia social, de la igualdad de oportunidades, de una equitativa distribución de la riqueza y de todas las utopías posibles.
Luis, quien nació el 9 de noviembre de 1942, fue un luchador inclaudicable, con enorme capacidad de trabajo y dueño de una prodigiosa inteligencia que puso siempre al servicio de todas las causas nobles. Invariablemente asumió como propios los dolores y dramas de los demás y trató de mitigarlos; enfrentó con firmeza a los más poderosos y despiadados demonios sin medir las consecuencias. Y aunque también lo habitaron temores, tan propios de la naturaleza humana, supo transformar esos miedos en fortaleza para no sucumbir nunca, para sostener sus ideales, aun en las peores circunstancias.
 Hijo de una familia acomodada del Barrio de Palermo, que poco tiempo después se  trasladó a Belgrano, Luis se convirtió desde adolescente en militante social, no por sus propias necesidades, sino por sus profundas convicciones. Estudió en el Colegio “Manuel Belgrano” de los hermanos Maristas, del que siempre se sintió orgulloso, a pesar que recordaba haber recibido una educación elitista y “gorila”, como él mismo la definía, pero de fuerte basamento cultural.
Completó su formación multifacética con muchos otros estudios, en diversas disciplinas, especialmente artísticas, las que dominó casi en su totalidad: era músico eximio, pintor, literato, y hasta incursionó en el cine. Supo afirmar que se hizo peronista cuando su padre lo llevó a Plaza de Mayo a ver el desastre del bombardeo de la “Libertadora”.
Desde su ingreso a la Facultad de Arquitectura -su primera carrera universitaria- fue dirigente estudiantil. También se sumó al FURN, conducido por Carlos Kunkel, a través de quien conoció a Néstor Kirchner. Esa carrera se vio interrumpida por una feroz represalia durante el mandato de Onganía, en La Noche de los Bastones Largos. Pero como era un virtuoso y había aprendido lo suficiente, esa formación le sirvió para trabajar como dibujante técnico y distintas tareas ligadas al ámbito de construcción en la ciudad de Vedia, donde se refugió cuando debió huir de Buenos Aires, colaborando además con renombrados estudios de arquitectura.
Se inició en la militancia social junto al padre Carlos Mugica, de allí la foto con la remera que lleva su imagen, al que siempre lo unió una profunda admiración y respeto. Fue militante de la Resistencia Peronista, y reorganizador de la vuelta de Juan Domingo Perón. Reorganizó el PJ en el vecino distrito de Leandro N. Alem, y fue el primer secretario de Obras Públicas allí, en la restitución democrática de 1973, bajo la presidencia de Héctor Cámpora.
Sin embargo, con el derrocamiento de Isabel Martínez de Perón fue perseguido y sufrió represalias por parte de la dictadura genocida de 1976. En esas circunstancias, sumido en el obligado ostracismo, incursionó en el periodismo juninense con las limitaciones que imponía el régimen, pero con la capacidad natural de quien conocía profundamente el oficio, por haber compartido redacciones con Rodolfo Walsh, y Raimundo Ongaro.
Durante la etapa del exilio interno, hizo trabajos sub-calificados para su amplia formación, pero mientras tanto, cursó brillantemente la carrera de Psicología, que se transformó en su última profesión, en la que se destacó y dio cursos, seminarios, hizo publicaciones y supervisiones, sobre todo dentro de la Escuela de Formación Lacaniana, en la que se nutrió con los mejores maestros del mundo.
En ese tiempo y en torno a las tareas de apoyo al Juicio de la Memoria de esta zona operativa, donde se presentó espontáneamente como testigo, conoció y estrechó una fuerte amistad con la juninense Susana Bogey, con quien finalmente terminó consolidando la que fue su pareja y compañera hasta su último día.
Además, con la recuperación de la democracia y fiel a su perseverancia, continuó militando y generando actividades y ámbitos de reunión. La primera de ellas, fue la Agrupación Kaminantes, que reunió a un grupo activo y plural de sus “compañeros” y tuvo fuerte participación en apoyo a la Ley de Medios y en la reivindicación de los derechos de los trabajadores de prensa.
Aunque se vinculó con distintas organizaciones políticas, sociales y sindicales de Junín, en los últimos tiempos se hallaba abocado a la organización de la Corriente Nacional de la Militancia que dirige a nivel nacional el ministro de Defensa Agustín Rossi.
Su prolífera producción intelectual se pudo ver cada día en su muro de Facebook, donde expresó como siempre su pensamiento de manera apasionada, sin especulaciones, sin guardarse nada, fervor con los que generó también controversias y disputas, al abordar cuestiones sobre política, psicoanálisis y por supuesto, arte.
La cantidad de amigos y seguidores que cosechó fue infinita y hoy pueden leerse en su muro, y en el de su compañera de la vida, Susana Bogey, expresiones de condolencias y muestras de pesar que llegan desde cada rincón del país y desde distintos lugares del mundo por este inesperado adiós.
La muerte de este luchador podría sintetizarse en los versos de Hamlet Lima Quintana, cuando en su poema “Gente”, admite que “uno se va de novio con la vida / desterrando una muerte solitaria,  pues sabe, que a la vuelta de la esquina, hay gente que es así, tan necesaria”. Como Luis Solari. 

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