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LA CELEBRACIÓN DEL MIEDO

Cuando el terror es algo divertido

El 31 de octubre último se celebró la Noche de Brujas y la tradición de ver chicos disfrazados y festejando se vuelve cada año más habitual. Brujas, fantasmas, monstruos, zombies. En esta nota, un repaso por una costumbre llegada de afuera y la opinión de especialistas en niñez sobre la atracción que despierta el miedo. Claves para ayudar a los más pequeños a superar el temor que generan todos estos personajes terroríficos.

Aunque hace algunos años hubiese parecido difícil y medio impostado, los argentinos estamos cada año un poco más fanáticos de Halloween. O para decirlo al modo latinoamericano: de la Noche de Brujas. Si bien es una de las celebraciones más importantes de los Estados Unidos, cada noche del 31 de octubre tiene más seguidores en el país. Para esta fecha, los negocios de cotillón y disfraces de nuestra ciudad no alcanzan a cubrir la demanda de vestidos de Drácula, brujas y asesinos, y el festejo ya es un clásico en boliches y bares.
Incluso algunos jardines de infantes invitan a los más pequeños a ir vestidos de personajes de terror. El festejo de Halloween es de origen celta y aunque la celebración se extendió a todo el mundo es en Estados Unidos donde se popularizó. No es extraño ver a los presidentes –Obama lo hizo el año pasado– disfrazarse para celebrar la noche de brujas. Allí, los niños salen a recorrer el barrio para pedir golosinas. “Trick or treat” –dulce o truco– es la consigna, y el que no tenga preparado algo recibe agua o espuma en la cara. Para los celtas, poco tenía que ver eso con un festejo. Para ellos, el 31 de octubre los espíritus de los muertos dejaban sus tumbas para apoderarse del cuerpo de los vivos. La celebración es muy característica como se dijo de países anglosajones como Canadá, Estados Unidos, Irlanda o Reino Unido, y, en menor medida, en Argentina, Chile, Colombia, España, México, Perú o el conjunto de Centroamérica. Sus raíces están vinculadas con la conmemoración celta del Samhain y la festividad cristiana del Día de Todos los Santos, celebrada por los católicos el 1 de noviembre. Se trata en gran parte de un festejo secular, aunque algunos consideran que posee un trasfondo religioso. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición a América del Norte durante la Gran hambruna irlandesa. El día se asocia a menudo con los colores naranja, negro y morado y está fuertemente ligado a símbolos como la jack-o’-lantern. Las actividades típicas de Halloween son el famoso truco o trato y las fiestas de disfraces, además de las hogueras, la visita de casas encantadas, las bromas, la lectura de historias de miedo y el visionado de películas de terror.

Los chicos y el miedo

El miedo y el susto, que paradójicamente estremecen y se disfrutan a la vez, son unos de los grandes protagonistas de Halloween. Consultada sobre las situaciones que pueden hacer que un miedo que permanecía controlado o latente en una persona se descontrole, la psicóloga Alicia López de Fez señala que una de ellas es “el factor sorpresa, es decir, no esperar en absoluto que acontezca el suceso que provoca el miedo. Esto aumenta la sensación de desorientación y, por ende, el descontrol total en la reacción. El miedo se transforma en pavor”. En su práctica clínica, López de Fez ha tratado personas ‘adictas al miedo’ que desean profundamente dejar de serlo. Sienten miedos “a no estar a la altura, a perder el trabajo, a la violencia doméstica, a la inseguridad, a la vida, a la muerte, a la enfermedad, al abandono, e incluso “miedo al miedo””, explica. “Todas estas sensaciones no hacen a las personas sentirse vivas, sino que el miedo las paraliza y solicitan ayuda profesional porque desean dejar de sentirlo. Otra cuestión es que el miedo sea, inconscientemente, un mecanismo de defensa. Mientras sentimos miedo tenemos la excusa perfecta para no pasar a la acción”, indica esta profesional. Brujas, casas encantadas, fantasmas, monstruos, muertos vivientes... Aunque algunos niños y adolescentes les temen, a la mayor parte, curiosamente, le genera atracción. “Me encuentro muchos adolescentes que acuden al cine a ver una película de terror o suspenso, no porque se sientan atraídos por ellas, sino para no pasar la vergüenza de decir que no disfrutan. Esto les haría perder popularidad e integración en el grupo de amigos, tan importante en esta etapa de la vida”, explica López de Fez.
Por otro lado, según esta experta, “en las fiestas de disfraces de Halloween el miedo es casi inexistente. Se trata más bien de compartir y disfrutar con la elección de disfraz, salir en pandilla, etc. Todos saben que no es real, que detrás de la careta se encuentra el amigo de toda la vida. Son los niños más pequeños los que pasan más miedo y esto es debido a que todavía no tienen claros los límites entre la realidad y la ficción”. Para la psicóloga Alicia Carrera Saravini, por otra parte, son muchos los adultos que ya no tienen la fantasía desbordada de los niños y adolescentes pero aún así “siguen sintiéndose atraídos por las películas de terror y disfrutan del escalofrío, porque el cerebro de estas personas se acostumbra a generar estados de emociones excitantes, incluso placenteros, a través del cine y la literatura de terror, aunque son muy conscientes de que se trata de algo irreal. Es esta fascinación por el miedo la que de alguna manera también permite explicar el crecimiento que puede tener una celebración como Halloween entre nosotros. Tal vez cuando nosotros éramos chicos esto era imposible de pensar, pero para los nenes de hoy es muy común disfrazarse de bruja o monstruo e ir al jardín con ese disfraz. Con los años, está a la vista, esta celebración será cada vez más habitual y popular, y ya no la veremos como algo de origen extranjero como ocurre hoy día”. Respecto de los tipos de miedos que puede hacer aflorar, exacerbar o incluso generar Halloween con toda su parafernalia macabra, López de Fez indica que “en los niños más pequeños pueden ser miedos a la hora de irse a dormir y/o al despertarse a medianoche pensando que hay monstruos en la habitación”. Como siempre, se impone el sentido común en el consejo a los padres: estar atentos al lenguaje verbal y no verbal de los hijos y, si vemos que la fiesta de Halloween no les agrada demasiado a los niños, aunque se lo expliquemos despacito, esta experta aconseja “cortar cuanto antes, porque no hay necesidad de hacérselo pasar mal innecesariamente”. “En cualquier caso –explica- esta fiesta se encuentra cada vez más incorporada en nuestra cultura, entre otras razones porque se celebra ya en muchos colegios. Esto hace que cada vez sea percibida con mayor naturalidad por parte de niños y jóvenes. Algo así como un carnaval el último día de octubre”. Respecto de si los padres pueden aprovechar Halloween para explorar los temores de sus hijos y fomentar en ellos una actitud más valiente ante la vida, esta experta responde: “La exposición a los temores de los hijos ha de hacerse siempre de forma gradual, predicando con el ejemplo (“¿ves cómo lo hago yo?”) y transmitiendo mensajes de confianza: “vos podés”. Y después reforzar con una expresión que puede resultar mágica: ¡Muy Bien!. Dado que a los niños les cuesta más diferenciar la fantasía de la realidad, los padres pueden ayudarles a que disfruten del Halloween explicándoles “muy claramente que se trata de una fantasía y siempre sin forzar”. López de Fez añade categórica: “Conviene recordar que los niños tienen también sus propios gustos. Puede que Halloween no sea santo de su devoción y prefieran otras fiestas, otras formas de divertirse y fomentar la creatividad. En ese caso hay que escucharlos y estar atentos a lo que ellos quieran”.

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