El rescate de la escritura manual como motor de creatividad
RESURGIMIENTO

El rescate de la escritura manual como motor de creatividad

En Estados Unidos, Francia y Alemania hay cada vez más interés por hacer resurgir a las viejas técnicas, sobre la base de la escritura manual que, entre otras ventajas, favorece la imaginación y el desarrollo creativo.

La celebración a fines de enero del día mundial de la escritura a mano, es decir de la caligrafía, pasó casi desapercibida en un planeta totalmente digitalizado, pero ocurre que en países muy avanzados –como Estados Unidos, Francia y Alemania - hay cada vez más interés por hacer resurgir las viejas técnicas, sobre la base de la escritura manual que, entre otras ventajas que ofrece, favorece la creatividad. Se trata de una avanzada impulsada, inclusive, por científicos que lideran los polos tecnológicos de excelencia.

“Aunque parezca demasiado retrospectivo, debiéramos rescatar la inmensa tarea educativa de las antiguas maestras, por ejemplo las de la reforma de la escuela pública en nuestro país y lo cierto es que ahora se está experimentando, de a poco, claro, una vuelta de la escritura a mano. Se está detectando que ella desarrolla mejor que nada la llamada motricidad fina de los chicos”, dice una educadora. 
La motricidad fina alude a la coordinación de músculos, nervios y huesos para producir movimientos pequeños y precisos. Los chicos con motricidad fina adiestrada podrán ejercer como mayores, con mucha más facilidad, profesiones delicadas –como la de un cirujano, por ejemplo- y lo cierto es que el nivel de motricidad fina de los niños sirve también para determinar cuál es su grado de desarrollo intelectual.
La caligrafía está definida como el arte de escribir las letras de manera bella y correcta. La palabra proviene del griego y se descompone en “kallos”, que significa hermoso y en “gràfein”, que significa escritura.
Los expertos recuerdan que hacer buena letra, aprender esa artesanía y corregir formas, sirve también para ir anulando malos hábitos, tal como lo marca la grafología. El que escribe a mano y no dibuja el palito de la letra “t” es un potencial haragán, aseguran. Así que al chico hay que hacerle poner el palito a la “t”, algo que los maestros dejaron de hacer.
Está claro, y esto ocurre también en los países que están regresando a la letra manual y al uso de los “dictados” –en este último caso están haciendo furor en Francia, como se verá más adelante- es que también la mayoría de los docentes contemporáneos fueron perdiendo la antigua destreza caligráfica.
Pero el fenómeno existe y se presenta asimismo en Alemania, en donde cada día son más las personas que participan de talleres y seminarios en los que se promueve la escritura manual: “La mayoría de la gente quiere aprender a expresarse y hacer que sus pensamientos o sentimientos sean visibles con una hermosa escritura” dijo la experta calígrafa Kerstin Carbow, que enseña en una academia de arte en Hamburgo. La enseñanza caligráfica va más allá, según los expertos, ya que se ve beneficiado no sólo el desarrollo cognitivo sino la comprensión de textos.

La “voz interior” de la escritura
El educador y pedagogo argentino Jaim Etcheverry, en un artículo titulado “La escritura responde a una voz interior” sostuvo que “en Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros”.
Sigue diciendo que “aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar”.
No sería apropiado dejar de lado otros párrafos de Etcheverry. Por ejemplo estos: “Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros”. Sobre este último punto se sabe que existe una obstinada propensión para que nadie se diferencie de nadie.
Destaca el educador: “Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. Los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo”-
Para Etcheverry, sin embargo, la perspectiva no es alentadora: “Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo”. Un artículo reciente en la revista Time, titulado: “Duelo por la muerte de la escritura a mano”, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, “nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia. La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer”.

Tecnología y escritura manual
En Sillicon Valley, que es una suerte de plataforma de la avanzada tecnológica en el mundo, que concentra a las más poderosas empresas y especialistas de computación, los científicos que allí trabajan decidieron que sus hijos sólo tomen contacto con las PC una media hora por día, pero que en las escuelas se vuelva al pizarrón, la tiza y los cuadernos.
Muchos que aparecen como retrógrados por propiciar un “regreso al pasado”, se defienden de ese ataque poniendo como ejemplo la decisión adoptada recientemente por quienes integran el top del desarrollo tecnológico.
El dilema en realidad, y acaso por ahora, sólo le podría llegar a quitar el sueño a quienes nacieron en la llamada Galaxia Gutemberg, de la palabra escrita y escrita con la mano. Pero en realidad pierde todo sentido frente a los jóvenes nacidos en la era de los ordenadores, que picotean teclados y, sobre todo ahora, las pequeñísimas letras de los celulares, acompañadas por una muchedumbre de emoticones.

Los astronautas y el dictado
En una reciente edición de La Nación, la periodista Guadalupe Treibel escribió un artículo titulado “Saquen una hoja: el placer de escribir a mano”, en el que describe el gran éxito que tiene en Francia una iniciativa destinada a revivir el clásico “dictado”.
Lo notable, cuenta, es que al escritor Rachid Santaki se le ocurrió tomar contacto con un astronauta. Tomas Pesquet, de la Estación Espacial Internacional y desde la cabina sin gravedad en la que orbitaba, a pedido del intelectual dictó un fragmento de “Un disque contra el Pacífico”, de Marguerite Duras, mientras abajo medio millar de franceses copiaba afanosamente en forma manual el dictado de Pesquet.
La iniciativa, conocida en Francia como “La Dictée Géante” tuvo un respaldo espectacular y se propagó a talleres, estadios, cárceles y otros ámbitos. Desde 2017 el dictado es diario y obligatorio en las escuelas francesas.
Al ser interrogado sobre cómo veía el futuro de la escritura manual y del dictado, el escritor Santaki respondió: “Monumental: rompiendo marcas mundiales, llegando a lugares atípicos…El buen dominio del lenguaje es lo que permite, por ejemplo, aprender a argumentar y no recurrir a la violencia, integrarnos y desarrollarnos profesionalmente, acceder a todos los universos e imaginarios que nos propone la literatura”.
La nota concluye señalando que esta tendencia no ha llegado aún a la Argentina, salvo la vigencia que empezó a cobrar en algunos pocos colegios privados. La periodista concluye que “quienes, como Santaki, defienden el dictado aseguran que reporta otros beneficios, como optimizar la puntuación y la gramática, combatir la sordera acentual; también trabajar la comprensión lectora y oral, la pronunciación y la caligrafía”.
El poeta español Pedro Salinas dijo alguna vez que “cada cual tiene su letra, la suya, cuando escribe a mano; en la mecanografía ninguno la tiene, todas son de prestado”. Y recordó que en el idioma español, a la letra también se la llamaba “carácter”, desde mucho antes de que existieran los ordenadores.
Al reseñar esos datos, el periodista del diario El País, Javier Rodríguez Marcos, dijo que Salinas anticipó un dilema, que permanece irresuelto: “¿Será el siglo XX la palestra histórica donde se ventile decisivamente la lid entre la pluma y la máquina?”. Rodríguez Marcos concluye que la respuesta a ese interrogante está esperando en el siglo XXI.

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