Antonio Pujía escultura
MUSEO MUNICIPAL “ÁNGEL MARÍA DE ROSA”

Antonio Pujía asume con emoción los temas que lo conmueven

También en las Escuelas de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón “ y “Ernesto de la Cárcova”. Ejerció la docencia en estas mismas escuelas, teniendo a su cargo las cátedras de Escultura.  Dedicándose también a la enseñanza privada. A su vez, durante los años 1956 a 1970 fue escultor/escenógrafo del Teatro Colón. Realizó varios viajes de estudio y perfeccionamiento a Italia, Francia y España. Sus obras han sido expuestas en casi toda la Argentina, en Australia, Francia, Venezuela, Hungría y Brasil. 
Nos interesa destacar que algunas de sus obras se encuentran en exhibición permanente en distintos lugares públicos de Buenos Aires, entre las cuales podemos nombrar la Columna de Vida, en Floresta, y un busto de Hugo del Carril en la Estación de Subterráneo San Pedrito, en Flores. Así mismo, gran cantidad de Museos de todo el país ven enriquecidas sus colecciones con obras de este gran maestro. 
Pujía asume con emoción temas que lo conmueven: como el hambre, la injusticia, el silente horror desatado en el país a partir de 1976. Es así que el universo de formas que utiliza este artista, es característico e inconfundible, ya sea de manera clásica o mediante el expresionismo; siempre logró poner en énfasis sus sentimientos y pensamientos. Trabajando el yeso como si fuera piedra, o el bronce como si fuera arcilla; ya sea que conformara las figuras con intención realista o las deformara y desconyuntura de modo tan sabio, exacto y meticuloso que sus poses se convirtieran en precisos diagramas del movimiento del cuerpo captado en su gesto más contundente. Sus obras unen la tortura y la revulsión, con la paz de la proporción y el equilibrio. 
La escultura que les acercamos hoy, se encuentra al cuidado de nuestro museo, la misma es pequeña y concentra nuestra percepción en todos los detalles que están repletos de expresividad. Podemos ver entonces, una figura humana de extremidades finas y desproporcionadas en relación con el rostro, situada en el centro de lo que parece un paño en una playa al sol, este dato también nos lo aporta su título “Bañista al sol”. Este cuerpo fundido en metal, sigue una tradición escultórica tradicional. La dinámica, el movimiento, se perciben rápidamente, dejando ver el excelente manejo de la técnica y la materia que posee su autor. La morbidez, como un material inerte, está trabajado por la mano experta que nos hace creer y ver piel, lona, sudor, laxitud. 

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