CULTURA E HISTORIA LOCAL

Los orígenes de la literatura de Junín: compromiso, amores y mujeres pioneras

Publicados en un comienzo en diarios y revistas de la época, los inicios de la literatura local ofrecen textos de distintos géneros y temas: poemas, cartas de amor, anécdotas, rumores, opiniones sobre políticos, interpretaciones de hechos históricos. Pasen y lean.

Los inicios de la literatura de Junín están vinculados a las primeras publicaciones de la prensa escrita. De hecho, es en los periódicos y revistas de nuestra ciudad donde se pueden rastrear las voces inaugurales de la literatura local. Hacia el 1900 conviven textos de distintos géneros y temas: poemas, cartas de amor, anécdotas, rumores, opiniones sobre políticos, interpretaciones de hechos históricos, sin un canon demasiado preciso. Además, en esos textos incipientes la escritura y la ortografía atravesaban un proceso de estabilización.
Uno de los primeros periódicos es La voz de Junín, que comenzó a publicarse en 1900. Salía los días 10, 20 y 30 de cada mes y se definía como “un periódico decenal independiente, defensor de los intereses locales y en particular de la colectividad Española”. Su director y administrador fue J. Oliva y Vilar. En la tapa se puede apreciar una fotografía del presidente de la República Julio A. Roca.
En sintonía con la época, el periódico tenía un tinte político, pero dejaba abierto un espacio a la literatura. Así, aparecía la constitución del Concejo Deliberante integrado en ese entonces por “D. José Ortega, concejal; D. Ricardo Solari, Concejal; D. Juan Curuchaga, Secretario; D. Florentino Rodríguez, Vice-Pte.; D. Máximo Villaverde, concejal; D. Justo Larrory, concejal”. También opinaban sobre personalidades políticas y sus desempeños en distintos ámbitos, recomendando al pueblo a quién votar, por ejemplo, resaltaba los atributos para votar a Don Esteban Cichero. Asimismo destacaban dotes de un “palpable civismo, nobleza y sencillez, como fue Don Manuel P. López”.
Para el 12 de octubre de 1900 se publicó un texto de Gumersindo Herrera titulado “América”: “Ha dicho un filósofo, que la civilización como todas las evoluciones de la humanidad, tiene un ciclo determinado; es así como uncida en el Oriente, de allí pasa a Grecia, de Grecia a Roma, en expansión siempre hacia Occidente, atraviesa los ignotos mares con Colon y llega a este continente virgen y exuberante, abierto desde entonces a todas las razas del mundo como la tierra prometida después de la peregrinación por el desierto. Y esta es la América, y aquí florece el progreso humano sus más hermosas flores; y la raza latina al Sud y la anglo-sajona al Norte, elevan su culto al Dios Omnipotente, al cumplir la sentencia bíblica: ‘creced y multiplicaos’. ¿No se realizará la predicción del filósofo, cerrándose en anillo en el archipiélago de Filipinas?”.


Tres años más tarde –el 8 de agosto de 1903– apareció el primer número de la revista semanal El Eco de las Niñas, publicada por la imprenta El Mentor. Estaba dedicada al bello sexo y los temas que trataban era sobre literatura, sociedad y actualidad. Se propone “guiarnos el deseo de aprender y de ilustrarnos; fomentar el desarrollo de la cultura social y del compañerismo; propender a que la juventud de esta floreciente localidad se inicie en el periodismo y en el cultivo de las bellas letras, y, en una palabra, contribuir con nuestro pequeño grano de arena a toda aquella obra que sintetice un adelanto para la educación moral del individuo”.
En esta revista escribe un poema Gregorio de María:
Dos comedias
(A…..)
De aquella noche grata de mi vida
Tiene un leve recuerdo la memoria..
¡Ha de quedar esa ilusión perdida
En los momentos vanos de mi gloria!

I
Estaba el coliseo deslumbrante:
Mujeres, clasicismos y colores,
Mil destellos de oro y de diamante,
Bellísimos arpegios y fulgores.

Surgió del cuadro aquel, todo armonía,
Una de mis quimeras, la más loca,
Al cruzar tu mirada con la mía
Y una sonrisa dibujar tu boca:

Inspirabas mi amor! Sencillo y puro,
Por ti nacía mi pasión más santa;
Y te miraba mía, en el futuro
Que a todas esperanzas se levanta.

Subió, bajó el telón, volvió a subir:
Ajeno al escenario me encontraba.
Como el que en vano intenta reprimir
De un deseo el impulso, te miraba.

Ya no abrigaba dudas en el alma;
Nuestro mudo lenguaje era elocuente:
¡Al fin tenía de tu amor la palma!
¡Era mía la idea de tu mente!

II
Un general murmullo por la estancia:
Bajó el telón por la postrera vez,
Y dejando una estela de fragancia,
Sin rival, adorable en tu altivez;

Así te vi alejar, entre la onda
De tus bello cendales de neblina;
Como rayo de luz de entre la fronda,
Allá en la tarde, cuando el sol declina.

II
Pocos días después, con honda pena,
Llegué a saber “lo de las dos comedias:”
La que el público vio sobre la escena
Y la que tú representaste “a medias”.

Tu habilidad al fin he celebrado
Porque estuve engañado algunos días,
¡Qué bien decían que era yo tu amado
Esas dulces miradas que tenías!

IV
De aquella noche grata de mi vida
Tiene un leve recuerdo la memoria…
¡Ha de quedar esa ilusión perdida
En los momentos vanos de mi gloria!

No tiene el invernáculo que cuido,
Donde viven mis lirios y violetas,
El espinoso abrojo que han tenido
Las historias de amor de los poetas!

Negreti, “El poeta de los humildes”
En 1910, Luis B Negreti publicó trabajos en prosa con el seudónimo “Rocambole”. “Las cartas a Celina” lo hicieron popular y lo consagraron como un buen prosista. Además, fue maestro rural en la zona de Morse, ejerció el periodismo en Lincoln y publicó en el semanario “Letras y Sport” de esa ciudad. Su sustento económico lo obtenía de realizar trabajos como pintor de brocha gorda y obtenía su bebida escribiendo cartas de amor por encargue.
Muchos de sus poemas fueron publicados por diarios y periódicos de la época. Su primer libro fue “Mi ventana que da sobre la vida”, publicado en 1929 por la Editorial de la Agrupación Bases, de La Plata. Esta fue presidida por el hijo del fundador de la capital de Buenos Aires, Dr. Justo Rocha, y trabajaba “por contribución de sus asociados, de acuerdo al concepto de todos para uno, y uno para todos”.
En sus versos supo interpretar los sentimientos humanos, la desesperanza y las preocupaciones de la época. También le cantó a la belleza de la mujer y dulcificó el dolor en estrofas sublimes. “Yo nunca estaré solo, aunque me dejes,/ aunque muy lejos de mi lado partas;/ ni te he de suplicar, cuando te alejes,/ la piadosa limosna de tus cartas.”
En el poema titulado “El ómnibus pasa” expresa: “Pero mi esperanza de volver a verla,/ se va deshojando como mis rosales,/ ¡Acaso ya nunca soñaré más versos/ bajo la caricia de sus ojos grandes!”.
En 1917 publica uno de sus primeros libros Félix Esteban Cichero, conocido como “Fray Linterna” o “Juan de la Calle” o “un Juan del Campo Cualquiera”, titulado “Almafuerte”, impreso en los talleres de El Mentor. El título hace referencia al reconocido poeta argentino Pedro Bonifacio Palacios, quien falleció en el mismo año de la publicación de Cichero.
Es un ensayo biográfico que resalta en el prólogo los valores del arte y a Almafuerte como uno de los grandes maestros. Luego de la lectura, Cichero considera que las personas dejan de ser tranquilas e indiferentes a la gran misión de la humanidad. En cada uno de sus versos surge su pensamiento y en todos “grita una protesta, suena un beso, vibra una idea y se afirma su filosofía cristiana y redentora”.
El libro está dividido en seis capítulos sin nombres. En el primero, Cichero describe las características de Almafuerte: “Genio, representó en su momento inconmensurable y lapidario la tragedia que pasaron por la vida, lo mismo que Job, Juvenal o Dante, Saavedra Cervantes y Federico Nietzsche”. En el segundo, se centra en la poesía de Almafuerte y sus palabras. En el tercero y cuarto, realiza un análisis de algunos fragmentos de sus poesías. Aunque aclara que “lo grande de Almafuerte no se traduce sólo en sus versos; también su arrogancia y su profundidad ideológica ofrecen sendas páginas en prosa”.
En el quinto capítulo, describe los rasgos salientes de la vida de Almafuerte, su personalidad, su relación con artistas nóveles, quienes visitaban a menudo su casa pretensiosos de ser hombres superiores y ligados al mundo de las letras. En el último capítulo realiza un breve cierre donde reconoce que la obra de Almafuerte es muy amplia, pero que sus palabras marcarán a todos los lectores.


En el final Cichero resume y reivindica el pensamiento de Almafuerte: “Sabe, además que la existencia de los genios representa la existencia de Dios, y que la existencia de Dios se pronuncia allí donde en un corazón gravita un dolor, en un cerebro golpea una idea, en una conciencia despunta un rubor… Sabe por él, entonces, que vive”.
En 1928, Delio Destéfani publica su libro de poesía “Horas buenas”, que fue impreso en los Talleres Gráficos del Diario Junín, situado en Rivadavia y Francia. En el prólogo explica que en esas “horas buenas” es donde se produce la poesía, donde “nada nos parece malo, ni ingrato, ni amargo… buenas horas en que nos olvidamos de que somos hombres, para creernos todavía niños”. Está dividido en dos partes, caracterizadas por versos “dulces, suaves, ingenuos, sencillos…”, pero que revisten una complejidad. Los temas son el amor, los cinco sentidos que permiten contemplar y exaltar la belleza de la mujer.
También, en la segunda parte, le escribe a figuras como Francisco de Pinedo, a Bartolomé Mitre, retrata la vida cotidiana a través de descripciones de las cartas, los autos, los agentes metiéndose en los deberes, hechos, valores, pensamientos y acciones que involucran al hombre desde su existencia.
En cada una de sus poesías se puede observar a un hombre sensible, comprometido con los valores y las problemáticas de su época. “Tú eras golpeado y sientes el exceso/ del hambre que la entraña te destroza;/ pero encontrando en algún lado un hueso/ pierde poder la fiera que te acosa”.
Otra revista señera de la época fue Pétalos, que se publicó por primera vez el 15 de diciembre de 1932 y su directora fue Lucía J. M. de Menghini. Está destinada a la mujer para alentarla y estimularla, al hogar y al niño. “Si hemos de hacer agradable la vida de los hombres, si hemos de ayudarlos en la lucha por la vida, debemos embellecer su existencia y endulzar sus sinsabores alcanzando su nivel intelectual y esforzándonos por seguir el ritmo de los tiempos”. Para esta revista se necesitaba el apoyo de las mujeres, quienes aparecen ubicadas –desde una mirada actual– en un nivel de inferioridad en relación al hombre, al que debían “alcanzar” intelectualmente.
En el primer número escribe Herminia C. Brumana, “Palabras de la novia”:
NO HAS VENIDO
Esta noche no te he visto llegar y por eso no he sentido esa luz, esa frescura, esa fragancia con que se llena mi corazón cuando vienes.
NO VINISTE: “No era noche de venir”.
La dulce tiranía de los que han dejado lejos la juventud protestaría si nuestra dicha fuera todos los días. De esta dicha blanca, de manos estrechadas y de besos en los ojos y en la boca.
En esta revista se publicaban cuentos de Emilia Pardo Bazán, cantares de Ramón de Campoamor, entre otros autores foráneos. También ofrecía a sus lectores recetas de cocina y consejos útiles para la casa, anécdotas, fotos de egresados, cartas de enamorados que se contestaban a través de la revista y autores juninenses como Cristina O. Ranni, que publicó el siguiente poema:
“Palidez”
Con cariño para “Pétalos”

Tengo vergüenza de mi cara pálida,
de mis ojos tristes, de mis manos quietas…
Aquellos rubores que ostentó mi cara
fueron borrados por la pasión violenta.

Incorpórea de fiebre, ardida de roja
yo te miraba con mortífero asombro,
vanos antojos mi vergüenza provoca
porque estás en mí y ni siquiera te nombro.

Quisiera ser más roja que una amapola
que jamás osaran de su infantil candor;
pero hay secretos que en mi boca se inmola
presintiendo del vértigo el vano pudor.

Vime pálida cual translúcida cera
que luce en la noche de mi vibración;
Quiero ser roja matizando mi pena
aunque me abrase acendrada de amor.

También escribe un poema el juninense Rodolfo Cristobo:

“Mariposas invisibles”
Especial para “Pétalos”

Mariposas invisibles, son las notas de tu piano
que me brindan la armonía de esos mundos superiores;
es plegaria melodiosa, es mensaje de lo arcano
donde sólo el alma llega con sus éxtasis mejores.

Es la gloria que sonríe, cuando vibran soberanos
en la música divina los recónditos amores,
y es la vida que se inclina, cuando va gimiendo el piano
el pasaje formidable del cantor de sus dolores.

Muchas veces cuando, a solas, yo me asomo a mi ventana
y me llega desde lejos el cantar de la fontana,
también vuelan de tu piano mariposas de emoción.

Mariposas invisibles hechas lírica armonía,
y florecen mis rosales y se enciende mi alegría
y un profundo sentimiento me domina el corazón.

Fryda Schultz, reconocida en el país
Una de las mujeres juninenses que se destacó en el plano de la literatura fue Fryda Schultz Cazeneuve. Cursó sus estudios primarios en la Escuela N° 1. Su primer libro fue “Versos a un gran amor”; en 1934 publicó “Los títeres de Maese Pedro”; y en 1935, “Marioneta”. En 1949 escribió “El árbol guarda-voces”. Su madre, Elisa Cazeneuve de Schultz fue la directora fundadora de la Escuela Normal de Junín y su padre, dueño de la conocida jabonería juninense Schultz.
El libro “Versos a un gran amor” está vinculado al sentimiento: “Saber gritar de dolor y llorar de pena es ciencia o es arte de muy pocos desgraciadamente”. Al respecto, el periódico Orientación sostiene que con una sola obra no se puede “medir” a ningún escritor y para entender los recursos intelectuales de Fryda es necesario un trabajo ligado al pensamiento. Reconocen que en la literatura el corazón es importante, y rescatan el valor de la obra por su sentido emocional, pero “por algo los literatos son intelectuales. De lo contrario debieran ser sentimentales”.

Mi corazón parece una campana
Mi corazón parece una campana
que no se cansa de voltear;
y está su bronce al rojo vivo,
de tantos golpes que le dan.
¡Hace ya tiempo que resuena!
Es su viejo tañido inmemorial,
el que torpe y cansado me repite:
“¡Ya no la tienes más!”.

Desde sus orígenes, la literatura juninense exhibió un semblante heterogéneo, donde convivían distintos géneros y estilos, pero que estaban unidos por un fuerte compromiso social, donde se ponían en juego tanto la política, como los dramas cotidianos y los sentimientos. La mujer comenzaba a tener un rol en la vida social a través de revistas dedicadas exclusivamente a ellas, aparecían en los textos poéticos y se empezaban a publicar sus obras.

(*) Autora del libro “Historia de la literatura de Junín”. Magíster en Análisis del Discurso (UBA).

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