Las historias de vida que conmovieron a Junín y la región en 2018
UN ANUARIO DE LLENO DE ESPERANZA

Las historias de vida que conmovieron a Junín y la región en 2018

Cada pueblo atesora vecinos que se destacan por su labor solidaria, por su poder de resiliencia, por su talento o por elegir la aventura como modo de vida. Democracia seleccionó algunas de esas historias que valieron la pena conocer el año pasado.

Durante 2018, en las páginas del diario no hubo solamente artículos periodísticos de análisis político, coyuntura y actualidad, sino también un espacio importante para las historias de vida de nuestra región que merecen ser contadas.
Por eso, Democracia seleccionó algunas de las que más conmovieron a los lectores y que conquistaron su corazón.

David Rivas, el sueño de ser bailarín

En febrero de este año, David Rivas se mudó junto a su mamá Marilina a Capital Federal en busca de un sueño: ser bailarín clásico. El pequeño talento linqueño de 14 años comenzó a estudiar danzas clásicas en la Fundación Julio Bocca y este mes obtuvo puntaje perfecto en el examen de ingreso al prestigioso Teatro Colón.
“A los cuatro años yo miraba dibujitos en la tele y había unos muñecos que bailaban, a mí me gustaba ver eso, entonces me disfrazaba y los imitaba frente al televisor”, contó David a Democracia y agregó “mi mamá me llevó a una escuela de danzas árabes, yo le dije que no me gustaba y entonces me llevó a clases de reggaetón pero yo no sabía cómo explicarle que a mí me gustaba la danza clásica”. En Lincoln estudió danzas con Mariela Sanin y cuando conoció el Teatro Colón le dijo a Marilina: “Acá quiero estar yo, mamá”. Con el incondicional apoyo de su familia, el año próximo David Rivas será alumno regular del imponente Teatro Colón.

Bicicletero solidario

Darío Casas es un vecino de Chacabuco que ocupa su tiempo libre en recibir donaciones de bicicletas, repararlas y entregarlas a quienes más las necesitan. Cuando recibe el llamado de algún vecino, Darío se sube a su camioneta y va a buscar la bici para luego repararla en su casa y entregarla en óptimas condicione; a veces se trata de un nene que no tiene cómo llegar a la escuela, otras veces de alguna persona víctima de un robo o de madres y padres que precisan el medio de transporte para trasladar de un lado a otro a sus chicos.

“El fin justifica desprenderse de cosas que tenemos en casa y ya no usamos, la gente sabe a dónde van sus bicis, me ven por la calle y me dicen ‘Darío, tengo una bicicleta’ y yo voy y la busco, le saco la cámara a una, le pongo la cubierta de otra, el pedal de otra y muchas veces hay materiales que tengo que comprar o que me regalan en las bicicleterías”, contó Darío a Democracia. Su próximo objetivo es dictar un taller en zonas de quinteros y ladrilleros para que los chicos aprendan a arreglar sus bicicletas.

Labor voluntaria de pediatras

Analía Guilera y Victoria Menoyo son dos pediatras rojenses que, durante el año, viajan al norte argentino con la ONG ADeSar para atender a comunidades que viven en pueblos aislados de Salta, totalmente al margen del sistema de salud. El trabajo voluntario se lleva a cabo en Alto La Sierra, una pequeña aldea de difícil acceso ubicada a 600 kilómetros de la capital provincial; allí las familias tienen chozas como casas, pies descalzos y no gozan de servicios básicos como luz eléctrica ni agua potable. Junto a otros profesionales, las médicas se acercan de manera periódica para controlar embarazos y casos de desnutrición entre otros padecimientos.

Este mes, la Comisión de Cultura del Concejo Deliberante de Rojas las distinguió por su labor solidaria en el Chaco Salteño. Las médicas también forman parte del proyecto Triple frontera que se lleva a cabo en parajes que están en espejo con el Pilcomayo en los países de Argentina, Bolivia y Paraguay. Allí el trabajo consiste en realizar exclusivamente controles de embarazo a mujeres que viven en el medio del monte, se hacen ecografías con un generador, serología completa y laboratorio con toda la tecnología para detectar HIV, hepatitis B, chagas o sífilis.

La vuelta de Papelito y Patagonia

Los payasos que supieron conquistar los corazones de padres y abuelos de la región, hoy vuelven para hacer reír a la nueva generación. Carlos “Papelito” Brighenti (69) y Mario “Patagonia” Holmer (68) son los máximos exponentes del circo criollo en los pueblos vecinos y este año subieron al escenario juntos por primera vez para protagonizar el show del recuerdo. “Patagonia hacía veinte años que no se pintaba la cara; después de dejar el circo, nunca más se pintó. Él es pariente mío, yo estoy casado con una sobrina de él, y se me ocurrió decirle ‘dale, pintate la cara y vamos a hacer el show del recuerdo, ¿Vos sabés cómo nos quiere la gente en los pueblos? En los tuyos, en los míos, hagamos tus pueblos porque la figura sos vos, que nunca más te pintaste la cara, yo he seguido haciendo shows’”, contó Papelito a Democracia.

Papelito levanta el tubo del teléfono fijo y llama a los clubes e instituciones de la región para programar fechas. En los pueblos reúnen a cerca de 300 personas en cada función y ellos, como el público, pintados sobre el escenario, vuelven a sonreír.

El jardín de los abuelos

Coca y Néstor conforman un matrimonio de abuelos que habita en Zavalía, partido de General Viamonte. Tienen 74 y 81 años pero la edad no les impide mantener el jardín que rodea a las letras inmensas de la entrada del pueblo. Ellos plantan, riegan, cortan el pasto, los yuyos, tiran veneno para las hormigas y mantienen el más colorido jardín a la vera de Ruta 65.

“Queremos ver lindo al pueblo, hoy esto lo hacemos con esfuerzo y ad honorem porque nos gusta, cuando ya no podamos hacerlo, seguramente lo harán otros vecinos; los choferes de la empresa de colectivos que pasa a diario por la ruta nos dicen que no han visto otro jardín de acceso tan hermoso en la zona, los vecinos también nos felicitan e incluso recibimos comentarios de gente que ya no vive en el pueblo y que vieron las fotos del acceso por Internet”, contó Coca con orgullo a Democracia y agregó “estamos a pocas cuadras, nos vamos a pie con todas las herramientas, en verano salimos a la tardecita a regar y nos quedamos como hasta las nueve y media de la noche”.

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