Algunos poemas de Café Homero

Junín

La vida en Junín sabe a naranjas las mañanas de julio
a salitre que llega del arroyo
o a pan recién horneado en las esquinas
sabe a tilo las tardes de noviembre por las plazas del centro
sabe a música en todos los rincones
y a sellos y a café y a artesanías
y al perfume que exhalan las mujeres más hermosas que he visto
Junín que en una edad fuera epicentro de fervor ferroviario
y mantiene orgulloso testimonio de aquella antigua estirpe
sabe a tinta y a hornos de ladrillo
y a sudor compartido en los suburbios de nutridas barriadas
y a polvillo de harina y a empedrado
y a gol y a pejerrey
Este país tan ancho y tan extenso que he conocido todo
tiene muchas ciudades que cautivan y tientan al viajero
maravillas que atraen portentosas
y pueblos que seducen y conquistan retienen y alimentan
pero después de un largo recorrido yo me quedo en Junín
en estas veredas que me vieron jugar a la pelota
padecer con el asma y con la escuela
caminar con mis libros
resistir con mis hijos la andanada de injustas privaciones
habitar varias casas diferentes
y dejar un latido en cada una parecido al amor
Junín es algo más que este trazado de calles al oeste
es trocha y es fuente y es molino
y no hay nada que pueda parecérsele
a esta patria de uno

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(In memoriam)

Sé que ahora no estás en ningún lado que no sea memoria / después de aquel mediodía insípido /
sin embargo me gustaría que existiera un lugar / porque pasado un tiempo / encontrarte sería la manera de intentar otro diálogo /
alguna razón que nos explique / más allá de la chata y de los juegos / de una infancia demasiado breve /
qué cosas buscabas que no hallaste / qué cosas esperé que no ocurrieron / y qué perdón nos cabe a cada uno

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(Los amarilis, mamá)

Allí están / de nuevo como entonces / abiertos rojos como te gustaban / alegrándome un patio ya cansado / recobrando los ecos de otros días / reclamándome el agua que les privo / por puro olvido como ocurre siempre / por pura vanidad / Ellos que sufren / la ausencia de tu mano la caricia / la fresca novedad de un terrón joven / o el sencillo agasajo de otro espacio / igual florecen con las estaciones / como si todavía los mimaras / como si fueras vos quien los habita / quien les habla los rota los protege / quien les prepara el nicho de alimento / o el colchón de humedad o la luz justa / Y aunque no estés y aunque les tardes tanto / se niegan a dejarme el patio solo / se niegan a morir los amarilis

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1

El cielo tenía esta mañana su color habitual
pero me pareció desteñido
después me parecieron desteñidas las cubiertas de los libros en la biblioteca
curioso porque siempre me atrajeron
y hasta las hojas del potus que acompañan mi silencio armonizándolo
después entré en el baño encendí la luz busqué el espejo forcé una mueca
comprendí

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2

El boliche miraba hacia el oeste
quedaba como último exponente de un pasado que fue de pulperías
y adentro la madera y el estaño y las copas ordenadas y los fiambres que colgaban en gancheras
y afuera la llanura y el palenque y algún pingo mascando las argollas y el charque en la vereda con las moscas pegadas al tejido

y el radiador hirviendo de la chata reposando a la sombra

y vos adentro hablando con paisanos que te preguntaban por la escuela

y la caña quemada recortada con tres cuartos de agua de la bomba

porque qué era eso de que pidieras naranjada en medio de la pampa o bidú que es bebida de mujeres

y vos tan hombre con la honda al cuello y el facón de madera en la cintura que te lijara el viejo.

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