Juan y Elena dieron los primeros pasos con Renacer en el año 1995 y se brindaron para recibir y brindar apoyo a otros.
Juan y Elena dieron los primeros pasos con Renacer en el año 1995 y se brindaron para recibir y brindar apoyo a otros.
TRANSFORMAR EL DOLOR EN AMOR

El camino de recuperación para afrontar la pérdida más dolorosa

En 1995, tras la muerte de su hijo, Juan y Elena se unieron a la agrupación Renacer, dándole un espacio en Junín que duró alrededor de tres años. Actualmente, desde hace un año y con la misma misión de “ayuda mutua”, abrió sus puertas en Chacabuco y es la única en la Región.

Cuando la vida golpea con el dolor más duro, como es la pérdida de un hijo, uno puede pensar que no hay nada que pueda mitigar la pena causada por esa ausencia irreversible que cambia la vida de una familia entera y golpea especialmente a un padre.
Tras vivir en carne propia la muerte de su hijo, en el año 1992, Juan y Elena Dall’Occhio se volcaron a la tarea de la agrupación Renacer, que comenzaron en 1995, durante tres años en los que coordinaron las actividades en Junín y en la que pudieron transitar el dolor junto a otros padres que vivían la misma situación.
Si bien la agrupación ya no funciona en la ciudad, sí lo hace en Chacabuco, donde Mónica Córdoba, una vecina de dicha localidad, luego de la partida temprana de sus dos hijos en el lapso de un año y medio, se convirtió en la impulsora del Grupo Renacer Chacabuco, donde hoy se reúnen entre quince y veinte madres y padres para enfrentar la muerte de sus hijos, apoyándose mutuamente.
“Le pedí a Lucas, mi psicólogo, que me acompañara, y él, siendo que no está en una situación como la nuestra, nos acompaña en muchos encuentros, me ayudó a leer el material, la esencia y los objetivos de Renacer”, comenta Mónica Córdoba a Democracia.
Por su parte Juan reivindica la tarea que en su momento la agrupación logró en Junín.
“Generalmente uno no puede hablar de la muerte de un hijo. Aunque a veces quiere hacerlo, pero no puede. Es demasiado fuerte”, advierte, pero destaca que "reunir un grupo de gente que haya atravesado el mismo dolor y que pueda soltarse y hablar, contar sus experiencias, cómo ha ido haciendo su duelo, si ha podido hacerlo, es una ayuda muy grande”. Una ayuda necesaria para encontrar la forma de seguir adelante.
“Quien pierde a su pareja es viudo, el que pierde a sus padres es huérfano pero quien pierde un hijo no tiene identidad”.

Un sostén en la palabra
Mónica cuenta que pese a la contención con la que ella contaba por parte de sus familiares, amigos, psicólogo y psiquiatra, sentía que había algo que le faltaba, algo que necesitaba, no lograba palpar qué era, hasta que lo supo: personas que transiten la vida con su mismo dolor. A partir de esa revelación, fue en busca de personas en situaciones similares de Chacabuco y comenzaron las reuniones, incluso con padres de distritos de vecinos. “Es bueno compartir porque no hace falta que uno explique lo que siente, ellos ya lo saben”, cuenta Mónica y agrega “entre todos intentamos encontrar el sentido a la fatalidad para poder seguir, y saber que somos ayuda para el otro, para el que se suma, nos gratifica”.
Poder hablar de la pérdida es tal vez un punto de inflexión en el camino hacia la recuperación.
Es por ello que la tarea de la agrupación Renacer, según Juan, constituye “un apoyo mutuo, de ida y vuelta, sobre cómo salir de ese círculo. Todo es parte de la logoterapia, una terapia a partir de poder hablar del tema”.
Los objetivos de Renacer, según las metas establecidas por Alicia Schneider y Gustavo Berti, el matrimonio fundador de la agrupación, buscan lograr enfrentar el dolor, la realidad dolorosa; aprender de esa realidad que toca vivir; otorgar al sufrimiento un sentido, y en ese proceso dar un nuevo significado a la vida. De esta manera, se deja amplia libertad a cada padre para que transite su propio aprendizaje en busca de la paz interior, profunda y perdurable. Desde Renacer realizan la selección del término ayuda mutua por sobre autoayuda.
“No se dan consejos”, aclara Juan, “cada uno cuenta su historia y uno se va nutriendo de esas historias y el hecho de poder hablarlo permite que uno vaya encontrando salidas”.

“Quien se separa es viudo, el que pierde a sus padres es huérfano pero quien pierde un hijo no tiene identidad. Hablar de la muerte de un hijo es demasiado fuerte".

Dar espacio a otros
Luego de contactarse con el matrimonio Berti, Juan y Elena Dall’ Occhio comenzaron el grupo y lo mantuvieron durante tres años.
“Se generó un lindo espacio y trabajamos como tres años, pero luego se genera una carga y se hace necesario dar un espacio a una renovación, desprenderse”, cuenta Juan. “Para la propia sanación de uno es necesario hacerse a un lado”.
Sin dudas, el grupo pretende ser un mensaje de esperanza, para un dolor y una ausencia que no se supera, pero con Las que se aprende a convivir.
“Uno cree que lo que le pasó a uno es único. Es un hijo, por lo que se llega a la aceptación, al duelo. A entender que el hijo no murió, el hijo partió”.

Ayuda mutua
La agrupación nació en Córdoba en 1988, de la mano de Alicia Schneider y Gustavo Berti -un matrimonio de Río Cuarto, Córdoba- quienes sufrieron la muerte de Nicolás, su hijo mayor, tras accidentarse cuando volvía a casa en su moto, luego de festejar el cumpleaños de un amigo. Tenía 18 años.
Seis meses después de la tragedia, el matrimonio creó el grupo de ayuda mutua Renacer, integrado por padres que atravesaban su misma ausencia, su mismo dolor. Hoy, estos grupos ya funcionan en distintas ciudades de la Argentina y en el mundo de manera horizontal, sin presidentes ni personería jurídica.
Desde Renacer realizan la selección del término ayuda mutua por sobre autoayuda “respetando el concepto frankleano de la felicidad como resultado y no como meta, y consideramos que la ayuda a uno mismo es el resultado de una tarea adecuadamente cumplida que consiste en apoyar a un hermano que sufre y, en ese proceso de ayudar a otro, me ayudo a mí mismo en una tarea de ayuda mutua”.
Estos parámetros, entre otros, son respetados por las distintas agrupaciones en Argentina y el mundo.

En Chacabuco
En la ciudad de Chacabuco se encuentra el único Renacer de la región, siempre en busca del objetivo final: encontrarle un sentido a la pérdida para la transformación interior del dolor.
Las anécdotas, las preguntas, el intercambio de experiencias y herramientas, forman parte de los encuentros quincenales.
Ellos aseguran que no es un grupo de duelo, sino de alternativa al duelo, para entender el porqué de la fatalidad y, como su nombre lo indica, lograr renacer.
Para conocer más acerca de la agrupación, se puede acceder a gruporenacer.wordpress.com o Gruporenacer Chacabuco en la red social Facebook.

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