Cinco décadas de rock nacional que coparon los escenarios juninenses
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Cinco décadas de rock nacional que coparon los escenarios juninenses

Desde los comienzos de este género con Los Gatos, nuestra ciudad se vio invadida por el sonido de guitarras y pianos de bandas que fueron pioneras y muy destacadas dentro de esta movida. Democracia realizó una recorrida por todos los shows que hubo en distintos escenarios locales.

Con la llegada de The Beatles, Zeppelin, David Bowie, Stevie Wonder, Pink Floyd y The Rolling Stones a los escenarios de rock, comenzaba a gestarse un punto de giro en la historia de la música argentina y mundial a finales de la década de 1960 que el propio Sting la llamó “La Belle Epoque”.
En Buenos Aires arribaba algo nuevo, moderno y novedoso que influía en los músicos nacionales, en una época en la que el tango y el folclore sonaban fuerte en las emisoras de radios.
De la mano de Tanguito y Lito Nebbia se creó, según dicen, la primera canción del rock nacional argentino llamada La Balsa que fue interpretada y grabada por Los Gatos en 1967 en un vinilo doble en cuyo lado b se encuentra “Ayer nomás”.
Según contó Nebbia en algunas entrevistas, la letra original escrita en el baño del mítico bar La Perla de Once decía: “Estoy muy solo y triste acá en este mundo de mierda”. Se trataba de una versión más fuerte que Tanguito tenía en mente.
En ese mismo año, el rock progresivo se hacía fuerte con Almendra, un conjunto musical liderado por Luis Alberto Spinetta cuya canción "Muchacha ojos de papel" fue elegida como la segunda mejor canción de todos los tiempos.

1970
En Junín, la propagación de este estilo musical fue de manera inmediata, ya que comenzaban a arribar bandas a los escenarios locales con un público tímido que con el paso del tiempo se fue soltando y liberando a la nueva ola.
A principio de la década de 1970 llegaban Los Gatos a Junín al Club Rivadavia. En esa época aparecía desde Rosario Litto Nebbia con La Balsa. Detrás de él siguieron Rubén Goldín, Silvina Garré, Juan Carlos Baglieto y Fito Páez con grandes niveles musicales.
Roque Narvaja, un artista muy ligado a Junín, vino con La Joven guardia al Rivadavia en 1971 presentando el hit “El extraño de pelo largo”, una canción que en la dictadura era sinónimo de subversivo. Luego, “Menta y Limón” fue un disco que grabó en España en los 80.
En la época del 70 al 75, en el Rivadavia, se bailaba The Beatles, Creedence, entre otros y las bandas en vivo eran las encargadas de interpretar esa música. “Luego venía una banda principal como Sandro, Alma y vida, Los Iracundos que cerraban la noche”, recordó Horacio Gambarte en diálogo con Democracia.
En 1973 el conjunto Arco Iris llegaba al escenario del Club Rivadavia. En 1975, Polifemo, liderada por David Lebón hacía su presentación en Lancelot y la banda Invisible dio un show en la confitería Gente.
Sui Generis prácticamente no hizo gira, ya que eran jóvenes recién salidos de la Escuela Nacional y sus shows rondaban en el ambiente porteño cuyo recital de despedida se hizo en un Luna Park en un contexto fuertemente custodiado por uniformados en 1975.

El golpe
“Cuando fue el golpe de estado, se pudrió todo y no andaba nadie. Se exiliaron, se fueron todos y acá quedaron muy rezagados León, Charly y el Flaco”, expresó Gambarte.
Fue una época oscura también para la música en la cual el rock nacional estaba censurado y los artistas eran perseguidos. En esa etapa, los británicos y la música en inglés sonaban fuerte en los parlantes de las radios hasta después de la guerra de Malvinas con el regreso de la democracia.
“Por otro lado tanto la distribución del sonido como la discográfica se hacían dificultosas. Había radios que se dedicaban mucho al tango y folclore, ya que en la época de la dictadura militar estaba prohibido pasar música de rock nacional, por lo que descubríamos muchas canciones en inglés”, explicó Claudio Charne quien en aquella época fue el encargado de traer a artistas como Piero, Lerner, Facundo Cabral, Marilina Ross y Pedro y Pablo.
Continuando con el recorrido histórico, en 1977, la segunda banda de Charly García, “La Máquina de Hacer Pájaros” arribó también al Club Rivadavia. “Recuerdo sillas de chapa”, expresó el cantante de Junín. Y remarcó: “Yo estuve ahí y todavía tengo el sonido en la cabeza, fue impresionante”.
La banda “El Reloj” de rock primitivo copó los escenarios juninenses de esa época. “Con una banda que yo tenía terminamos tocando la guitarra en la vereda con ellos”, subrayó.
En esa misma década, en el Teatro La Antorcha se presentó una formación llamada “El Acusticazo” integrada por Litto Nebbia, Raúl Porchetto, Roque Narvaja y León Gieco quienes con solo una guitarra interpretaban sus temas.
Años más tarde, en 1979, León Gieco arribaba a la confitería del Newbery presentando su cuarto álbum de estudio “IV LP”. Fue lanzado en el año 1978 e incluye "Sólo le pido a Dios", la cual es, posiblemente, la más famosa y célebre canción de Gieco, además de contener otro éxito como "Cachito, campeón de Corrientes" y tres temas que habían quedado fuera de su álbum anterior “El fantasma de Canterville”. Luego de grabar ese disco, se mudó a Los Ángeles por un año, debido a la situación política de Argentina, pero al regresar decidió finalmente editarlo.
En 1980 “Seru Giran” trajo su rock progresivo al Cine Italiano presentando su segundo material discográfico “Bicicleta” en un contexto de 60 personas, muy poca gente teniendo en cuenta que era la banda más importante y popular de la Argentina que llenaba varios Obras. Diez años más tarde, era el primer conjunto de rock nacional en hacer un estadio River Plate y como agotaron entradas agregaron otra función.
Un año más tarde Luis Alberto Spinetta llegaba a Junín con “Spinetta Jade” que presentaba el disco “Alma de diamante” en 1981. En 1984 volvía con la misma formación al Rivadavia.

“Los dinosaurios van a desaparecer”
Tras “La marcha de la bronca” y “El extraño de pelo largo”, en 1982, durante el último año de la dictadura militar y luego de la guerra de Malvinas, Charly García editaba su primer disco solista llamado “Yendo de la cama al living” en el cual pedía que “No bombardeen Buenos Aires”. En 1983, con “Clics Modernos”, García afirmaba que “los dinosaurios van a desaparecer”.
Con la vuelta de la democracia en 1983, Argentina comenzaba a respirar nuevos aires y los músicos regresaban del exilio y el rock nacional ya no era sinónimo de censura.
“Estaban los militares y había una oscuridad absoluta y no había nada de nada. Con la vuelta de la democracia comenzaron a aparecer todos”, resaltó Gambarte.
“Luego de la guerra de Malvinas y con la llegada de la democracia comenzaba a sonar la música nacional contestataria y testimonial”, explicó Charne. Y agregó “El casete casi no existía, teníamos que viajar a Buenos Aires para ir a buscar los afiches que los salíamos a pegar con engrudo por las paredes juninenses”.
“Comenzaron a venir muchos artistas que tuvieron que irse durante el proceso tanto en el ambiente del tango, folclore, rock y la cultura general. Ni hablar de los escritores”, concluyó.
En 1983, “Los abuelos de la nada” copaban el Club Ciclista. “Fue el primer show que fui a ver y fue inolvidable”, expresó el músico juninense David Panizza. Y continuó: “Tenía 13 años y fui con Abelo Galdeano quien me llevó porque era más grande que yo”.
Cabe destacar que el show se hizo en un escenario montado sobre la cancha de básquet y el público estaba posado en la tribuna. La banda estaba en la gira del segundo disco “Vasos y besos” “que al día de hoy sigue siendo uno de mis favoritos”, aseguró.
En ese momento el conjunto estaba integrado por Miguel Abuelo, Andrés Calamaro, Cachorro López, Gustavo Bazterrica, Daniel Melingo y Polo Corbella. Era la Selección de Músicos del momento.
En ese mismo año, Alejandro Lerner tocó en el Club Los Indios y había mucha gente. Hay que aclarar que su primer disco “Lerner y la magia” es de género rock, y ya en el segundo se comenzó a volver a la balada.
“En un momento se enojó porque estaba tratando de cantar una canción que hablaba del proceso que había que hacer silencio para escucharla, pero la gente no dejaba de gritar cosas contra los militares”, exclamó Panizza.
“Cuando Lerner intentaba volver a cantar ese tema, uno del público gritaba en contra de Galtieri y nos pegó una buena retada para proseguir con el show”, recordó.
Durante esos años, el Dúo Fantasía tuvo un paso fugaz por los escenarios locales.

“New wave”
Un año más tarde, entrando en el “New wave”, ZAS llegaba al Ciclista donde dio un gran show en el marco de la gira del segundo disco llamado “Huevos” que “es un discazo y comenzaban a lanzar el tercero que se llamó ‘Tengo que parar’”, remarcó.
“Todo fue en el momento previo a Rockas Vivas que poco tiempo después se convirtió en el disco más vendido de la historia del rock argentino hasta que “El amor después del amor” lo superó en la década de 1990”, continuó.
También en ese mismo año, Silvina Garré dio un gran show en Los Indios y en 1985 Virus se presentaba en el Club Ciclista en la gira “Locura”, disco que incluye los temas “Una luna de miel en la mano”, “Sin disfraz y “Pronta entrega”.
En ese año León Gieco regresó a Junín en el marco de la gira “De Usuahia a La Quiaca” que se presentó en el Club Rivadavia.
En el año del Mundial de México, Suéter rockeó en Long Time, un lugar mítico de Junín donde siempre iban a tocar y cuando se vendían pocas entradas se tocaba dentro del boliche en la parte de arriba donde había un lindo escenario.
Cuando se vendía más de lo esperado, se abrían las puertas del gimnasio de la cancha de Newbery.
“Fue un show buenísimo y la banda estaba presentando el tercer disco que se llamó Mente cara bonitas’. En ese momento formaba con Miguel Zabaleta en voz y teclado, un talento que admiro muchísimo, en el bajo Gustavo Dones y Pato Loza en batería”, explicó el músico juninense.
Y continuó: “En ese momento el guitarrista de Suéter era un muchacho de Venado Tuerto llamado José Luis Asaresi a quien todos conocemos como “Sartén” por lo rompe. Si bien era de la localidad vecina, en su momento pasó por Junín y formó una muy buena banda con Horacio Gambarte llamada Espectros que era una de la más importantes de la historia de nuestra ciudad”.
“Además tocó con infinidad de artistas y tuve la suerte de verlo con Luis Alberto Spinetta en un show que dio en el Teatro Gran Rex donde Sartén subió como invitado del Flaco mientras se le caían las babas”, exclamó. Y agregó: “Spinetta tenía por esos años una de las mejores bandas y el baterista era Jota Morelli, es un muchacho que también viene de Venado Tuerto”.
Prosiguiendo la misma época, Panizza recordó un show de “Las Viudas” en el gimnasio del Aviador. “Siempre recuerdo la guitarra Fénder Stratocaster de María Gabriela Epumer pintada de todos colores que en realidad era de Ulises Butrón quien era su pareja”, dijo.
“Fui alumno de guitarra de Ulises y cada vez que iba a la casa, María Gabriela me hacía pasar, donde estaba esa guitarra que era una maravilla”, informó.
En el mismo lugar, Sumo llegaba a Junín. “Recuerdo que me impactó ver a Luca enojándose con el público que lo escupía. Como estaba muy enojado, en un momento paró el recital e increpó a la gente y les dijo: ‘Loco a mí no me gusta que me escupan; si yo veo a quien me escupe, yo salto’. Hubo un silencio aterrador no tengas duda que nadie más volvió a hacerlo”.
En 1987 vino Fito Páez presentando el disco “Ciudad de pobres corazones”. “Estaba a pleno, me acuerdo que subía el volumen y tenía un sonido muy rabioso. Ese fue el mejor Fito de todos con un piano Yamaha de cola”, recordó Horacio Gambarte.

Soda, Los Redondos, Los Ratones y Riff
El 30 de diciembre de 1988 durante la gira Doble Vida, Soda Stereo realizó un recital en el Estadio de Sarmiento. “Recuerdo haber entrado en los últimos temas. Era impecable la banda, una maravilla en una de las mejores épocas de las mejores bandas de nuestra historia argentina”, aseguró David Panizza.
En ese mismo tiempo vinieron Los Fabulosos Cadillacs que cancelaron el show porque no se vendieron muchas entradas, cosa curiosa, ya que unos años después se volvieron grandes vendedores de tickets en Latinoamérica.
En el Club Ambos Mundos, Riff, banda liderada por Pappo Napolitano traía el hard rock a nuestra ciudad.
En 1989 cuando Alfonsín terminaba su mandato, llegaban las elecciones con los candidatos Menem y Angeloz quien con los radicales organizaron varios recitales de rock que presentaban en la cúpula de la Sociedad Rural de Junín donde tocaron Los Ratones Paranoicos que “fue uno de los mejores shows que vi en mi vida. La banda liderada por Juanse estaba en su tercer disco llamado “Furtivo” que junto a “Los chicos quieren rock” son dos discazos”, exclamó el músico.
“Juanse estaba muy metido en su personaje muy creíble y bien parado en el escenario. En la canción Enlace se sacó la remera y empezó a correr como un loco por el escenario, se sacó la guitarra y se la tiró a un plomo a cinco metros de distancia. Empezó a bailar como si estuviera poseído por la locura hasta que llegó a un sector donde estaba el público y se tiró de espaldas hacia los espectadores quienes lo atajaron”, informó.
Algo muy importante a destacar es que la banda soporte de los Ratones fue Sapestrese. Estaba integrada por Eduardo Minervino, Sebastián Clavera, Villano Villafañe, Antonio Chiacchietta y Leandro Itoiz quienes tenían entre 16 y 17 años.
En el gimnasio del Newbery tocó Miguel Abuelo luego de la separación de Los Abuelos con una nueva formación que también tocaban los temas clásicos.
“El nuevo guitarrista era Cubero Díaz a quien en el medio del show se le cortó una cuerda y, mientras la cambiaban, Abuelo explicaba al público enojado que en todos los shows le pasaba lo mismo, ya que no tenía guitarra de reemplazo”, expresó.
En 1990 con la “Gira Animal”, que presentaba el disco “Canción Animal” considerado por los fans la obra más importante de la carrera del grupo, Soda Stereo hizo vibrar la cúpula de la Sociedad Rural donde hubo espectadores de toda la Región.
Por aquellos años tocaron los chicos de Juana la loca en un bar que se llamaba El Divino.
En 1991 los Redondos rockearon a Los Indios. “Me quedó en mi memoria un momento en que estábamos ensayando con unos amigos donde era La Deportiva en la esquina de la iglesia, en calles Belgrano y Arias. En ese momento Skay y Poli entraron a ver el ensayo y cruzamos un par de palabras con ellos”, subrayó el guitarrista juninense.

“El amor después del amor”
Con ese disco de Rodolfo Páez, el más vendido de la historia, en 1992 musicalmente le daba un fin a la década de 1980, con un gran show en el Cine San Carlos y entradas agotadas.
El rock alternativo era un nuevo género que comenzaba a copar los escenarios locales y los pianos y sintetizadores quedaban muy por detrás del sonido crudo de las guitarras eléctricas de bandas como La Renga que se hizo fuerte.
Entre 1993 y 1994 Spinetta pisaba Junín por tercera vez con “Los socios del desierto”.
El rock local, con bandas como Martillo de Plata eran la gran atracción de esa década en la cual el sonido de Los Redonditos de Ricota también influía en la escena musical.
El rock barrial también fue un género de canciones de protesta y reclamos sociales que de la mano de Viejas Locas sus letras llegaban a miles de jóvenes.
En 1996 Juan Carlos Baglietto hizo su presentación en la explanada de la Escuela Nacional.
En 1998, Los Piojos, una banda muy popular del momento llegó a Junín presentando su cuarto trabajo discográfico llamado Azul. El Club Newbery se vio repleto con gente local y la Región, pero también con un público que por primera vez arribaba de los barrios porteños y del Gran Buenos Aires.
Un año más tarde, Charly García dio un show de tres horas en el Cine San Carlos.
Además no se puede pasar por alto la imagen del Bocha Sokol junto a su hijo en el escenario de Urbano donde sonaban canciones de Sumo y Las Pelotas.

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