Por el confinamiento, aseguran que crecen los casos de obesidad infantil
OTRA DE LAS CONSECUENCIAS DE LA PANDEMIA

Por el confinamiento, aseguran que crecen los casos de obesidad infantil

Distintos especialistas coinciden en que el aislamiento y las condiciones de la vida sedentaria impuestas por la cuarentena agravan el problema entre los chicos.

Ni la única ni tal vez la más grave, pero una de las consecuencias del confinamiento que preocupan por estos días es sin duda el incremento que experimentan los casos de obesidad entre chicos y adolescentes, un problema que ya inquietaba a los expertos antes de la pandemia y que ahora, con la realidad limitada y los dispositivos tecnológicos como principales herramientas para relacionarse con el mundo, enciende todas las luces de alarma.

Peor alimentación, más horas de pantalla y menos actividad física son el cóctel propicio para agravar el creciente drama de la obesidad infantil, que hasta el año pasado afectaba en el país al 20,4% de la población de entre 5 y 17 años, de acuerdo a los datos oficiales. En los últimos días, distintos trabajos de aquí y del resto del mundo vienen advirtiendo sobre el impacto que aislamiento tendrá en el peso de los menores.

“El problema ya existía antes del coronavirus -apunta la especialista en nutrición Luciana Romero-, pero está claro que con las salidas limitadas y la actividad física reducida este problema se agravó aún más”. Los últimos datos sobre el tema, apunta la experta, “indicaban que el 20,7% de los niños tiene sobrepeso y el 20,4 %, obesidad. Si bien en el país no se realizaron hasta el momento estudios para conocer el impacto que el aislamiento social preventivo obligatorio tiene en el peso de nuestros chicos, todos los indicadores y todas las investigaciones coinciden en que la problemática se acentuó”.

En sintonía con esta preocupación, en los últimos días un informe de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FIC) alertó sobre las “las agresivas campañas de marketing de productos alimenticios no saludables y la falta de información clara y sencilla en los envases de estos productos”, generalmente destinado a los más chicos.

Según la FIC, “el bombardeo de publicidad, que se da por múltiples canales (redes sociales, envases, televisión, entre otros), influye en las preferencias de consumo de niños, niñas y adolescentes e impacta en el desarrollo de la obesidad. La acción e intervención del Estado es clave e irremplazable para evitar esta exposición constante al marketing de productos alimenticios no saludables. En este sentido, el primer paso es avanzar con un etiquetado frontal de advertencias que identifique a los productos que contienen nutrientes críticos (sodio, azúcar, grasas, etc.) en exceso para, a partir de ahí, establecer una restricción del marketing de dichos productos”.

El etiquetado frontal de advertencias, coinciden quienes trabajan en la problemática, es una política de salud clave para mejorar los entornos alimentarios. A nivel nacional, un estudio de demuestra que el sistema de advertencias con formato de octógono es el más adecuado a ser implementado en Argentina. “Sólo resta que el Estado Argentino avance con la sanción del etiquetado de advertencias para regular de manera efectiva la información que deben contener los envases -dice Leila Guarnieri, investigadora del área de políticas de alimentación saludable de FIC Argentina- Esta política, además, garantiza el derecho a la información de las y los consumidores y le pone un límite a las empresas que actualmente incorporan mensajes confusos y agresivas técnicas de marketing para atraer a la población al consumo de productos no saludables”.

Este diario, hay que decir, hace tiempo que viene siguiendo el avance de este fenómeno con numerosas publicaciones, en las que especialistas abordaron la problemática e hicieron foco en el contexto en que se produce. Sucede que ahora, a la luz del confinamiento, todo parecería volverse aún más peligroso.

“La responsabilidad de atenuar este problema es exclusivamente de los adultos -asegura Romero-. Somos nosotros quienes tenemos que trazar las coordenadas de una alimentación saludable. Y si los indicadores demuestran que el sobrepeso aumenta en los chicos, se debe básicamente porque los grandes estamos haciendo las cosas mal. Desde el momento en que no son los chicos quienes hacen las compras y deciden que poner arriba de la mesa, la obesidad infantil está directamente relacionada con las decisiones que los grandes tomamos a la hora de comprar alimentos y cocinar”.

COMENTARIOS