Woody se confiesa: “Nunca le puse un dedo encima a Dylan”
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Woody se confiesa: “Nunca le puse un dedo encima a Dylan”

Woody Allen no le avisó a nadie y días atrás publicó “A propósito de nada”, su autobiografía, con otra editorial, Arcade Publishing, luego de que Hachette cancelara su publicación debido al escándalo que generó el anuncio. Es que, claro, en el libro, además de hablar de cine y de su vida, se refiere al hecho que ha marcado su vida, las acusaciones de su hija Dylan de que abusó de ella cuando ella era solo una menor de edad. Un hecho que fue desestimado dos veces por los investigadores, que señalan a Mia Farrow como la titiritera detrás de las acusaciones, ya que Woody Allen tuvo un romance y se terminó casando con la hija de ella, Soon-Yi. Ya la dedicatoria del libro es llamativa: “Para Soon-Yi, la mejor. La tuve comiendo de mi mano y entonces noté que me faltaba un brazo”, lanza Allen en la primera página de su obra, dejando en claro que su mujer (hija adoptiva de Farrow y André Previn y que ha acusado a su madre de abuso físico), con quien empezó a salir cuando tenía poco más de veinte años, no es ninguna víctima. Esta saga, claro, es casi como una telenovela, de la que Allen habla de forma cándida en su libro por primera vez: en las páginas de “A propósito de nada” habla de su primera cita con Mia Farrow, que “resultó ser brillante, hermosa, podía actuar, podía dibujar, tenía buen oído musical, y tenía siete hijos”, escribe. “Me pareció divertido vivir de hecho una especie de telecomedia, ya que me estaba metiendo en una relación con una mujer con siete hijos, pero a esas alturas no era más que otro hecho sobre ella”. Una de esas hijas era Soon-Yi, con quien Allen insiste desde siempre que no mantuvo una relación paternal. De quién sí se transformó en padre adoptivo es de Dylan Farrow: “Rápidamente encontré a esta bebita adorable y me hallé a mí mismo cada vez cargándola más, jugando con ella, y completamente enamorado de ella, encantado de ser su padre. Después de un año o dos me preocupaba en exceso por ella y Mia me dijo, ‘dios, realmente estabas listo para la paternidad’”, cuenta el cineasta en el libro. Allen pasa entonces a contar su versión de lo que todos quieren saber: qué pasó aquel día en que, según las acusaciones, fue descubierto con su cabeza en el regazo de Dylan. “Mientras Mia había salido de compras, tras explicarle a todo el mundo que yo debía ser cuidadosamente vigilado, todos los niños y las niñeras estaban en la sala de estar viendo TV, un cuarto lleno de gente. No había asiento para mí, así que me senté en el piso y quizás recosté mi cabeza hacia atrás en el sofá sobre el regazo de Dylan por un momento. Ciertamente no le hice nada inapropiado”, afirma Allen y sigue: “Nunca le puse un dedo encima a Dylan, nunca le hice nada que pudiera interpretarse erróneamente como abusar de ella; fue una fabricación total de principio a fin”. Esta versión de los hechos es la que el director de “Annie Hall” y “Crímenes y pecados” ya había contado al ser investigado, y que fue ratificada tiempo después por su hijo Moses, quien afirmó que Mia los manipulaba constantemente y que sospecha que eso ocurrió con Dylan. Como sea, tras aquel hecho, lógicamente se alejó de su hija adoptiva. “Una de las cosas más tristes de mi vida es que fui privado de los años de crianza de Dylan y sólo podía soñar con mostrarle Manhattan y los placeres de París y Roma. Hasta este día, Soon-Yi y yo recibiríamos a Dylan con los brazos abiertos si ella quisiera alguna vez acercarse a nosotros como Moses (Farrow) lo hizo, pero hasta ahora eso sigue siendo sólo un sueño”, relata. Ahora, si la versión de Allen es cierta, hay que decir que quizás razón no le faltaba a Mia para buscar venganza. Su pareja la había engañado con ¡su hija! y para colmo, la forma en que lo descubrió fue bastante violenta: encontró fotos que Woody “olvidó” sobre la mesa de su casa (siempre vivieron separados con Mia) de Soon-Yi al desnudo. “En las primeras etapas de nuestra nueva relación, cuando la lujuria impera y no podíamos dejar de tocarnos, surgió la idea de hacer unas fotos eróticas si yo podía descifrar cómo usar la maldita cámara. Resultó que ella podía usarla, y esas fueron fotos eróticas, tomas bien calculadas para llevar la sangre a doscientos doce grados Fahrenheit. De cualquier modo, ustedes probablemente leyeron el resto en los tabloides”, revela picante Woody en su libro.

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