Joaquín Sabina piensa continuar
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Joaquín Sabina piensa continuar

El cantante quiere continuar cuando su salud se lo permita. En el hospital tiene papel y pluma y está escribiendo canciones

Se preparaba para entonar su último gran himno: Lo niego todo. Pero se adelantó unos metros más de lo debido, quizás cegado por los focos. Los músicos desde atrás lo vieron precipitarse, con los brazos abiertos en cruz, en un absurdo vacío. Joaquín Sabina caía ante 15.000 personas en el WiZink Center de Madrid el pasado 12 de febrero. Ninguno de los presentes pudo negar, eso sí, lo que estaban viendo. Dudas, asombro, desconcierto, carreras, un tiempo muerto que se hizo eterno. Lo que debía haber acabado en fiesta y noche de gloria, terminó en el hospital.

Una camilla lo trasladó hacia adentro. Se había desplomado entre artilugios, justo en ese espacio intermedio que se establece entre la seguridad y las primeras filas. Cayó unos dos metros hacia el suelo pero lo hizo sobre un altavoz de graves que amortiguó en cierto sentido el golpe. En medio de su mal fario tuvo hasta un pellizco de buena suerte. Paradojas marca Joaquín Sabina. Paradojas para el rey de los contrasentidos, para el príncipe de los reversos. La fortuna que muy probablemente emana del influjo que le aportan sus siete gatos, como las siete vidas que lleva encima. El problema es que no sabemos ya cuántas ha gastado.

Pero aún le quedan. Para empezar, se ha tirado esta semana entera en el Ruber Internacional. Allí aterrizó después del golpe y de haber tranquilizado algo a la peña cuando apareció antes de suspender definitivamente el concierto, empujado por Joan Manuel Serrat. “Queridos amigos, estas cosas, solo me pasan en Madrid, lo siento muchísimo. Con todo dolor de mi corazón me tengo que ir al hospital porque el hombro lo tengo muy, muy, muy dolorido”.

Al parecer, quiso continuar. Pero los del Samur le dijeron que ni loco. Salió y se disculpó. Anunció que regresaría en mayo. Luego se anunció que lo haría el 22 de ese mes. Pero la fecha aún queda en el aire. En el Ruber, tras los exámenes pertinentes, se diagnosticó que presentaba un traumatismo de hombro izquierdo, torácico y craneoencefálico. Pero también —y eso fue lo que sobresaltó a su familia y amigos— un pequeño coágulo del que fue intervenido sin complicaciones a la mañana siguiente. Se tiró 48 horas en la UCI y salió a planta el pasado martes. Su historial clínico así lo recomendaba por los diversos problemas coronarios que ha sufrido desde que en 2001 padeciera un derrame cerebral del que se salvó entonces.

Pero en los últimos meses estaba bien. Muy bien. Las tres actuaciones precedentes en Madrid —habían llenado Serrat y él ese recinto para cuatro noches— espantaron los malos presagios y arrinconaron su miedo escénico. La duda es ahora si volverá a recuperar la confianza. Él así se lo ha dejado claro a sus amigos: va a continuar.

El programa de los próximos meses queda en el aire aún, alterado y a expensas de cómo se encuentre tras su salida del hospital. De la gira conjunta con Serrat estaban llegando al final, aunque pensaban cerrar algunas fechas no confirmadas por España después de haber rodado meses por América.

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